Dcode Fest 2012 (2)

Con el resacón aplacado gracias a un buen par de yonkilatas fresquitas y a unas cuantas horas de sueño, Blutowski y yo llegamos al Complejo Polideportivo Cantarranas con el tiempo justo para encontrarnos con @Nuri_House algo lejos del escenario mientras los granaínos de Supersubmarina deleitaban a un público joven y entregado con sus canciones…

cricrí… cricrí…cricrí…

Y es que uno no sabe aún cómo calificar el directo de estos chicos. Las calidades en vivo distan mucho de las de sus discos y esto hace que durante toda la actuación sólo te vengan a la cabeza, como una avalancha, las diferencias. Esta vez la excusa fue que no pudieron hacer prueba de sonido, además de las exigencias horarias que, como todos ya sabemos, tiene todo festival. Se me antoja este último un recurso popular de todos aquellos que no quedan satisfechos de sus directos en los festivales. Pero es que el público ya sabemos que el tiempo es reducido, que no es un concierto al uso, así que salid y dadlo todo en esos minutos. No recuerdo cuál fue la excusa de los Supersubmarina en el Arenal Sound 2012, pero aquella vez tampoco me convencieron. Hits como ‘Supersubmarina‘ (quizá uno de los mejores videoclips de los últimos años), ‘Ola de calor‘ o ‘En mis venas‘ (¿esas guitarras no os suenan muy Two Door Cinema Club?) requieren mayores pretensiones y ambición, mejor puesta en escena y quizá más meticulosidad. Desde mi punto de vista: verdes, verdes, verdes aún para las grandes empresas que se les presupone. Quizá sólo falta que se lo crean.

Dejamos The Right Ons de lado después de escuchar un par de temas, no por aversión o antipatía, sino por ser uno de los directos que más hemos presenciado durante este año, y sucumbimos a los pecados de la carne. Nos avituallamos debidamente, minis de cerve en ristre por supuesto. Hicimos nuestras necesidades más íntimas. Y todo ello con el fin de prepararnos con rigor para lo que venía después.

Y de pronto, quienes venían era The Kooks. Y la Señorita Lake, que por supuesto no podía faltar a una nueva sesión de The Kooks + The Killers.

Y es que The Kooks son nuestros! Sí, al igual que The Killers, sentimentalmente los de Brighton (¿os suena de algo?) forman parte de nuestro UNIVERSO más personal. ‘Always where I need to be‘ (ahhggg!!!), ‘Naive‘, ‘She moves in her own way‘, ‘Do you wanna‘, ‘Ooh La‘ (cómo la disfrtumos, saltamos, bailamos, vivimos!), forman parte de una banda sonora muy especial que en directo nos transforma, nos vuelve unos putos locos que creen que forman parte de algo, no sé el qué exactamente, pero de algo fetén. Y cover incluído del ‘Pumped up kicks‘ de los Foster the People! Una locura genial.

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Nos movimos con algunos temas de Capital Cities. ‘Kangaroo Court‘, ‘Safe and Sound‘ y tal. Pero en seguida, de nuevo, debido al efecto diurético de los minis de cerve (quien dice unas cerves, dice unas cañas), hicimos una pequeña escapada campo a través para realizar nuestras más íntimas necesidades fuera del recinto y zonas habilitadas para tal menester. Rápido. Muy rápido. Porque luego venían The Killers.

Y The Killers es nuestro grupo.

O al menos del que suscribe y de unos cuantos más que rondan por abajo o por arriba, como yo, la treintena (generacional que dirían algunos, menuda boutade). Un show, quizá más sobrio que en otras ocasiones (Pepeworld Festival, Palacio de los Deportes), pero efectivo. Directo. Apasionante. Y es que desde el minuto uno, el antaño pipiolo tembloroso Brandon Flowers (mirad esos videos de Glastonbury 2004, qué ricura), se hizo dueño del escenario. ‘Runaways‘ para seguir con un ‘Somebody told me‘ que terminó por encendernos. Y después, temazo tras temazo. Rotundos. Mágicos. Versión incluida del ‘Forever young‘ de Alphaville (Señorita Lake, ¿cómo andan esos vellos como escarpias?). ‘Read my mind‘, ‘Spaceman’, ‘For reasons unknown‘, ‘Bling‘, el cover del ‘Shadowplay‘ de Joy Division (uno de mis favoritos, uh uh uh), ‘Human‘. Para doblarnos con el pelotazo ‘Mr. Brightside‘. Muy on fire! Despegamos! Pequeño descanso y el bis. Terminar encabalgando ‘Jenny was a friend of mine‘ y ‘When you where young’ es una puta bestialidad.

Así que lo tocaron todo. Uno detrás de otro. Y pese a quien pese, no sólo The Killers conforma gran parte de nuestra más íntima O.S.T., sino que además son los putos amos.

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Así que terminamos pedo. Así que hacía rato que @Nuri_House se había marchado. Así que la Señorita Lake, Blutowski y yo seguimos haciendo lo que mejor se nos da: beber y disfrutar. Esta vez en una sesión cósmica a cargo de EME DJ que, además de estar fetén a los platos, fue superior en su relación con el público. Conexión. Un verdadero espectáculo.

Para cuando EME DJ finiquitó su sesión cósmica, Blutowski y yo yo llevábamos ya unos cuantos gintronics encima. Así que tocó retirada.

Como buenos caballeros (siento el matiz machista), acompañamos a la Señorita Lake a casa. Paseamos hasta la glorieta de San Bernardo y, efectivamente, desayunamos en ese referente universal del mañaneo madrileño: el Iberia. Unos buenos dobles de cerve. Unos buenos bocadillos de panceta. Unas buenas croquetazas caseras. Una buena conversación sobre lo divino y lo humano (sobre los viejos rolletes). Y un abrazo. Satisfechos. Exultantes. Dcode 2012, nosotros estuvimos allí! (Bueno, como en tantos otros… Primavera Sound, Día de la Música, Arenal Sound, Sonorama…)

¿Dcode 2013? ¿Hay huevos?

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*Todas las fotos cedidas por @Nuri_House, excepto Estancousqui y Blutowski

Dcode Fest 2012 (1)

Me tomo mi tiempo para escribir las crónicas de los lugares adonde voy. En spainerds no tratamos de ser los primeros. Ni los más originales. Tampoco de realizar un artículo del copón con el fin de destacar. Queremos acercaros unas experiencias personales y esas sensaciones especiales que devienen de ellas de la forma más veraz posible. Y eso supone un gran esfuerzo mental. Al menos para mi.

Resumir la vida en unas líneas resulta un proceso complicado en el que muchas veces uno es incapaz de transmitir esas sensaciones tal y como cree que debe hacerlo. Y es que, mientras vas en el bus al curro, las palabras salen solas con una facilidad y una fluidez asombrosas. Sin embargo, frente a la hoja en blanco, por no sé qué misterio, esas mismas palabras que en tu cabeza formaban frases bien construidas y claras se volatilizan.

Así que voy a hablar de un festival. Con lo que eso supone, claro. Porque un festival tiene millones de momentos. Unos positivos. También otros que no lo son tanto. Circunstancias que te obligan a valorar sin en realidad te mereció la pena gastarte los cuartos, una fortuna hoy día, y casi medio hígado y media vida por asistir a él. Además, con el paso de las horas, esos momentos se van trasformando en una nube de fotografías desenfocadas que convierten la experiencia en algo difícil de describir.

@Nuri_House, S. Blutowski y yo asistimos al Dcode Fest 2012 los días 14 y 15 de Septiembre. Último festival del verano, celebrado en el Complejo Polideportivo Cantarranas, en Madrid, y por el que había expectación. Primero por el cambio de fechas. Y ante todo, por la visita (única en España) de The Killers.

Así que el viernes 14, ataviados con nuestras mejores galas festivaleras y un buen fajo de euros (los precios del bebercio eran abusivos), nos plantamos frente al escenario principal a las seis de la tarde. La actuación corría a cargo de Niños Mutantes. Enésima vez que los veíamos (la última en el Arenal Sound 2012), y lo cierto es que estuvieron igual de geniales que siempre pese a la hora de la siesta y un sol que, de frente, nos freía.  Con el paso de los años, han dejado de ser ese grupo carismático que hacía covers de clásicos patrios, para conformar un grupo sólido, original e incuestionablemente reconocible. Así que disfrutamos mucho del concierto. Y así se lo hicimos saber. ‘Náufragos‘, ‘Errante‘ o ‘Te favorece tanto estar callada‘ fueron los temas que un servidor más disfrutó y, por supuesto, bailoteó.

Sin solución de continuidad, como así sería el resto del evento, pasamos al escenario Heineken para ver a Napoleón Solo. Temas frescos y divertidos, con melodías brillantes. Lo pasé tetapiruleta con ‘Antes de que ocurriera‘ o ‘Ramira‘. Actuación corta, eso sí, de un grupo fetén que, como en el Sonorama Ribera 15, demostraron ambición y unas cualidades que me hacen suponer que seguirán dando guerra. O al menos eso espero.

Y de ahí pasamos a Dorian, formación con la que tengo una tensa relación amor/odio. Durante el concierto desplegaron una pancarta contra la subida del IVA y leyeron un manifiesto en el que además reivindicaron que la cultura, evidentemente, no es un lujo. Pero para entonces los minis de cerveza iban ya haciendo su efecto. Y, despuésde un porro bien aliñado de maría, mis recuerdos se nublan hasta casi la salida a escena de Triángulo de Amor Bizarro.

Con el seso envuelto por una espesa sábana de humo flow, Kings of Convenience estuvieron deliciosos en un horario difícil. El concurso de los de Bergen (Noruega) fue un calco de su participación en el Primavera Sound 2012. Primero la pareja, Erlend Oye y Eirik Glambek, guitarras en mano repasan en acústico algunos de sus éxitos (cómo disfruté con el ‘Toxic girl‘ o con ‘Rule my world‘), para reunir a la banda en los últimos instantes del concierto y dar de esa manera unas pinceladas rock con postureo incluido.

Aun en la nube de maría y con otro mini en la mano, The Shoes y Deus fueron meras anécdotas que no recuerdo. Kimbra resultó algo que aun no acabo de entender, quizá saturado por su dueto con Gotye, que ha martilleado mi cerebro durante todo el puto verano, no supe disfrutar de ella. Y Sigur Rós me parecieron un auténtico truño. Adjetivo que me costará la descalificación intelectual de mis amigos eruditos indie. Pero siendo sincero, sólo el ‘Hoppípolla‘ consiguió levantarme un poco el ánimo, y eso que hacía falta poco para que me pusiese todo on fire tras la ingesta de grandes dosis de alcohol. Así que las casi dos horas se me hicieron días. Como cuando estás sin hacer nada en el curro durante toda la tarde y en los últimos cinco minutos miras veinte veces el reloj que sigue marcando y cincuenta y siete.

Triángulo de Amor Bizarro estuvieron soberbios. Hit tras hit, en un vendaval de suciedad y distorsión que los eleva a the masters of the universe en la categoría del punk patrio.

Y para cuando llegamos a Justice, @Nuri_House ya se había marchado y Blutowski y yo comenzamos a darle al gintronic. Aburridos, estáticos, simples. No discuto que Justice tienen temazos como el ‘D.A.N.C.E.‘ o el ‘Audio, video, disco‘, muy jaleados en los remixes por los acólitos del MDMA y sustancias similares, pero el que suscribe aun es incapaz de empatizar con ellos. Esta vez, a diferencia del Primavera Sound donde a mitad de la sesión decidí pegarme un garbeo, aguanté hasta el final. Pero sólo sirvió para que Blutowski y yo nos apretasemos un par de gintronics más y así marcharnos cocidos. Contentos por la primera parte de la tarde-noche-madrugada (Niños Mutantes, Napoleón Solo, Kings of Convenience y Triángulo de Amor Bizarro), pero con desafección por el resto donde nunca llegamos a entrar.

Parada y fonda en la Cafetería Santander para refrescarnos con unos buenos dobles de cerveza. Visita a un parque para cortar una rosa amarilla que posteriormente fue fotografiada sobre un cubo de basura (adivinen la marca) y enviada vía facebook a un viejo rollete. Y para casa a descansar. En unas horas se sucederían The Kooks y The Killers. Y eso eran palabras mayores.

*Todas las fotos cedidas por @Nuri_House, excepto Cafetería Santander y Flor

Primavera Club 2011 (2)

Y a partir del viernes comenzaba todo lo gordo. High Places, Superchunk, Fleet Foxes, Girls o Stephen Malkmus, conformaban a priori una proposición más que atractiva.

Así que nos encaminamos hacia La Riviera. Allí, Fleet Foxes, el grupo de moda, elevado a los altares por la crítica y la blogosfera, agotaban las entradas y se convertían en el plato más fuerte a digerir por los acólitos festivaleros. Pero pocas pulseras en los brazos se veían entre los parroquianos. Y es que el recital de languidez de los de Seattle, también se podía presenciar sin necesidad de tragarse las largas jornadas del Primavera.
Blutowski y yo, con ese nerviosismo en el ánimo que se inserta en el estómago como una marea y que intuye un gran acontecimiento, nos plantamos en la puerta del recinto e inmediatamente un escalofrío recorrió nuestras espaldas. No sabíamos muy bien si mostrar nuestras pulseras o despojarnos de los abrigos para que los porteros diesen fe de que nuestras camisas eran 100% leñador. Incluso después de traspasar la barrera de gorilas, aun percibíamos el miedo. Quizá algún gafapasta barbudo o una arrastrada cool podría abrir nuestros abrigos y dar a conocer que éramos unos infiltrados indecorosos. Debajo de las parcas, sólo lucíamos unas miserables sudaderas.

La primera cita era con Vetiver. Un aperitivo decente antes del estallido folk. Pero lo cierto es que a penas se prestó atención a los de San Francisco, que presentaban su disco The Errant Charm ante un aforo más interesado en lo que pudiese suceder a continuación que en las bellas y alegres melodías de los americanos.

Y por fin, puntualísimos y encabezados por Robin Pecknold, Fleet Foxes.
Para relatar lo que presencié me he pertrechado bien con Fleet Foxes y Helplessness Blues, lo dos discos de este grupo de folk psicodélico. Los he buscado entre el resto de discos que tengo por casa, los he vuelto a escuchar un par de veces y he concluido lo siguiente: hermosas armonías, melodías celestiales, la especial y vibrante voz de Robin conjugada con el resto de voces creando un juego de texturas cristalino, letras amargas y atormentadas… Sin duda, estas referencias eran las que me habían metido a los pájaros en el estómago y por las que permanecí ansioso durante los larguísimos minutos que transcurrieron desde que llegué a La Riviera hasta que dio comienzo The plains/Bitter dance.
Entonces casi pude ver cómo dos ángeles se erigían por encima de la cabeza de Robin y cubrían la sala de polvo de estrellas.
Pero…
Probablemente fui el único dentro del hormigón al que aquello no le transmitió. Mykonos, English house, Battery kinzie… Mientras yo echaba de menos la falta de carisma, la conexión, el feeling, a pesar de tener al público comiendo de su mano desde el inicio de la velada. Sí, Fleet Foxes son un buen grupo. No han inventado ni reinventado nada, pero destilan cierto magnetismo. Pese a ello, aun no he podido hacerles un hueco en mi paraíso particular. Y llegamos al momento más conmovedor, White winter hymnal, seguida de Ragged wood. Momento en que el que suscribe se vino arriba, se puso on fire y pudo emocionarse. Tras este breve destello, otra vez la batería de languidez y amargura, en melodías que parecían no acabar nunca. (¿Una pose?) Y así mi necesidad de marcharme, de tirar la toalla decepcionado.

Y de La Riviera, haciendo una parada para cenar algo y llenar el estómago una vez que los pájaros ya habían desaparecido y no habíamos podido llenar el alma, al Círculo de Bellas Artes.

Al entrar en la sala de columnas, después de echar el bofe al subir los siete pisos que nos separaban de la calle, una estética discotequera, luces de ensueño y penumbra nos saludaron. Minutos después, tras haber consumido un par de copas, un tipo sin cabeza (sólo tenía pelo) llamado Gary War, se subió al escenario con una guitarra y un sinfín de bases, ritmos y melodías electrónicas pregrabadas. No, no se le entendía y, no, la guitarra no sonaba. Sin embargo, la gente saltaba y jaleaba el deterioro sónico. Y es que, si hay alguien peor que un gafapasta enteradillo, ese es el gafapasta encocado, igual de tonto que el más tonto de los tontos del barrio más extremo de tu ciudad e igual de molesto que todos esos encocados de fin de semana en la discoteca de rigor o que aquellos de los que nos reímos en los videos del youtube mientras se graban a la salida de la macroparty.
Visto lo visto, Blutowski y yo tocamos retirada pensando que, si esto es la crema de la intelectualidad, quizá iba siendo hora de emigrar a otros espacios donde la pose, las gafas sin graduar y la intelecto-tontería no sean el pan de cada evento.

Pero aun nos quedaba el sábado y, un oasis, el rock con mayúsculas. Si Verónica Falls nos supuso la sorpresa, Girls fue la confirmación. Un grupo que no debe resultarnos indiferente, que transita desde el rock más clásico a la psicodelia más lisérgica, de los Beach Boys a Led Zeppelin, pasando por sonidos Motown. Los de Christopher Owens son un buen motivo para creer que la música no termina en las camisas de cuadros, los labios y las uñas de rojo chillón o las estéticas estridentes. Porque de nuevo volvemos a la sencillez. Es posible que digas: ‘esto ya lo escuché’, cuando escuches a Girls, y que trates de adivinar la canción en la que se han inspirado, pero es que Girls no esconde sus referencias, las enseña, las muestra, las conjuga y cocina una serie de temas tan clásicos, tan refrescantes y tan seductores.
Los de San Francisco abrieron en la sala San Miguel del Palacio de Vistalegre con la sensual y tortuosa My ma’. Y desde ese instante me metieron en su bolsillo. Guitarras portentosas, un líder carismático. Y Heartbreacker, Laura (bellísima) o Honey Bunny, fresco y arrebatador. E incendiarios también se pusieron, aunque sin perder la corrección, ante el pasmo del público y mis consiguientes botes y rebotes, cuando sonó el enérgico y musculoso Die. Pero a la vez melancólicos en Love like a river, Vomit o Hellhole ratrace. Para terminar despidiéndose del público tirándoles flores.
Girls es un grupo con un ramillete de temas poderosos, una banda perfectamente acorde que lo tiene todo para triunfar más allá de los pequeños escenarios.

Tienen dos discos: Album y el editado este año Father, Son, Holy Ghost; además de un Ep: Broken Dreams Club. Apúntenlo en sus libretas, seguro que dentro de unos años no querrán perdérselos, quizá en un espacio mayor en el que agotarán las entradas.
Blutowski y yo no tuvimos más remedio que hacer doblete y volver a verlos el domingo en la Joy Eslava, donde, de nuevo, disfrutamos como niños del repertorio de los californianos.

Primavera Club 2011 (1)

Si uno es suscriptor de una revista como Rockdelux y tiene la mala suerte de no asistir a un evento como el Primavera Club, se sentirá muy mal consigo mismo mientras lee en las páginas del magazine los adornados relatos que provocó la cita musical, como si se hubiera perdido el acontecimiento del año. Quizá eso fue posible en ediciones anteriores, pero esto trata del Primavera Club 2011 en Madrid y si debo buscar un adjetivo que lo califique sólo encuentro uno, descafeinado.

La semana comenzó con problemas para spainerds. A las vicisitudes naturales de compaginar varias actividades, se unieron unas indicaciones no muy concretas sobre el discurrir del festival y un cartel generoso, pero disperso. Aunque el Primavera es lo que tiene, la itinerancia, el vagabundeo para atravesar la ciudad en busca del recinto donde toca tu grupo favorito.

Apresurados, Blutowski y un servidor nos disponíamos a entrar con el tiempo justo en la Joy Eslava. R. Stevie Moore se dejaba caer por Madrid, y ese era un motivo suficiente para arramblar con todo lo que surgiese a nuestro paso para disfrutar del último concierto de la noche. Entonces, impertérritos nos llevamos nuestro primer ‘zas en toda la boca’. Las pulseras de rigor no se dispensaban en los garitos participantes, sino en un punto concreto de la ciudad habilitado para tal fin. Así que, bajo la atenta y cruel mirada de los gorilas de turno, decidimos hacer la gestión con sólo 15 minutos de margen con el espectáculo. Y para sorpresa de los sonrientes gorilas, acometimos la aventura con el espacio suficiente para dejar nuestros abrigos en el guardarropía, pedir las primeras copas y, por supuesto, participar de la performance de R. Stevie Moore desde el segundo uno.

R. Stevie Moore, Nashville (USA), un outsider sesentón y desconocido en España, abría la velada explotando las condiciones de la sencillez. Una batería, una guitarra y Moore al bajo eran más que suficientes para un rock de reminiscencias setenteras, con variaciones funky o power-pop, dependiendo del momento. Pero ese sólo era el Chapter #1. Tras Shackin’ in the sixties, Another day slips away o Conflict of interest, Moore se dejó a la interacción con el público. El Chapter #2 consistía en una surealista performance en la que el de Tennesse, esta vez a los mandos de la guitarra y sólo en el escenario, no se privó de beber vino, escupirse en la barba, revolcarse por el suelo, cagarse en Jack White o Pink y calentar a la concurrencia con pequeños e inconexos estallidos de guitarra. Chapter #3, de nuevo la formación habitual, y de nuevo el rock. Shape of change o I like to stay home, para cerrar, esta vez sí, con un portentoso Garbage State que deja al The view from the afternoon de los Arctic Monkeys a la altura del betún.

Vislumbrábamos entonces un Jueves 24 en el que comenzarían las grandes apuestas que desde spainerds habíamos contemplado. Un buen programa, con Still Corners, Handsome Furs y Uusi Fantasia, hacía que nos relamiésemos creyendo que, como se dice del Primavera, todo pudiera pasar. Sabes que es especial y que formas parte de ello.

Still Corners Había ganas de ver a los de Londres y comprobar la cálida voz de Tessa Murray. Como hemos dicho antes, debido a la marea de actividades, Blutowski y yo llegamos algo tarde, pero enseguida nos sumergimos en su estética naif y su sonido melancólico que, sin duda, emocionaron a los pocos que estábamos allí.

Pero el concierto duró a penas media hora, así que la programación del día se nos fue a la mierda. Por tanto, decidimos quedarnos en la Joy Eslava. Y aquí llegó una de las grandes sorpresas.

Veronica Falls Imagino que algún gafapasta enteradillo no me perdonará lo que voy a decir, pero el grupo indie londinense de Roxanne Clifford, con un solo disco de estudio en el mercado, editado en 2011, era otro auténtico desconocido para los enviados especiales de spainerds. Sobre el escenario de la Joy, ataviados con una vestimenta alternativa y original, dos guitarras, un bajo y la batería. Y entonces sucedió aquello que se presupone del Primavera, el segundo ‘zas en toda la boca’. Rock indie, potente, soberbios en los coros y armonías, de melodías hipnóticas y estribillos coreables con los que marcarse unos bailes y dejarse llevar por el ritmo sesentero, imbricado en movimientos como los de sus compatriotas Los Campesinos! o The Last Shadow Puppets. Sonaron bien, compenetrados y valientes. Sin duda, hasta ese momento, lo mejor del festival. Apuntad esta referencia en vuestras agendas porque darán de qué hablar en el futuro.

Y sin solución de continuidad, rápidamente nos encaminamos hacia el autobús de la línea 147 hasta San Bernardo (o Glorieta de Ruiz Jiménez) para asistir a uno de los platos fuertes.

Handsome Furs Los canadienses se presentaban por primera vez en Madrid en una sala reducida, la Siroco, y con un público entregado. Esto merecería un capítulo aparte, pero no diré más que lo siguiente: el pasado Jueves, en la sala Siroco de Madrid, pudo haber sucedido The Station 2. Buscadlo y podréis comprobar las condiciones en las que tuvimos que presenciar a uno de los ‘grandes’ del Primavera. Sin duda, bochornoso. Agradecidos por el recibimiento, Dan y Alex dieron todo desde el principio. Comenzaron con el energético primer corte de su nuevo disco Sound Kapital, When I get back, y nos pusieron a todos on fire, tratando de dejarnos llevar y bailar lo mejor que podíamos en ese reducidísimo espacio. Repaso de su nuevo disco, electro-post-punk de bases pregrabadas e inercia hacia el cielo, temazo tras temazo, hasta subir a la cumbre con What about us.
Lo que se preveía como un desfase electro, quedó reducido a las cenizas por una mala elección del recinto adecuado. Queríamos sudar!!!

Antes del siguiente ‘zas en toda la boca’, Blutowski y yo tuvimos la ocasión de departir unos minutos con la pareja Montreal. Alexei, de orígenes cubanos (su padre es de allí), y Dan, salieron de la sala para fumar unos cigarrillos y nos encontramos, debajo de un portal junto a la Siroco. Resultan sin duda unos tipos educados, curiosos y muy agradecidos con sus fans. Por desgracia, de toda la cola que esperaba para no-entrar en la sala, sólo Blutowski y yo los reconocimos.

Y así vino nuestro tercer ‘zas en toda la boca’. No preguntéis por qué, pero no tenemos crónica de Uusi Fantasia. Suponemos que la banda electrónica finlandesa expondrían todas sus armas para encandilar al público, pero los gorilas de turno, acertadamente esta vez (recordemos el reducido espacio de la Siroco), no nos dejaron entrar, pese a que íbamos bien pertrechados con nuestras pulseras festivaleras.