Canciones de domingo 007

 

  1. Guido & Maurizio De Angelis – Orzowei
  2. Magazine – Goldfinger
  3. Los Nikis – La canción de la suciedad
  4. Puzzles y Dragones – Canciones que hacen daño
  5. Fantasmamidi – Conventos afterhours
  6. La Plata – Miedo
  7. Hazte Lapón – La vida adulta
  8. Betacam – Cospedal
  9. Alexanderplatz – Podría haberte quedado quieto
  10. Alborotador Gomasio – Errores (Ramix Raúl Querido)
  11. Ángel Stanich – Hula Hula
  12. Oh! Ayatollah – Volve a canción protesta
  13. Los Elegantes – Mangas cortas
  14. Perapertú – Cézanne
  15. Axolotes Mexicanos – Astor
  16. La Granja – El chico de la moto
  17. Copper – Ya llegó el verano

Vergüenza

EL PARTIDO

Derbi madrileño a orillas del Manzanares. Vigesimosexta jornada del campeonato nacional de Liga.

El Atlético de Madrid fue superior al Real Madrid, hasta el minuto 70. Entonces los colchoneros se acularon, como en tantas otras jornadas, probablemente debido al cansancio, pero esta vez sin suerte porque cedieron un gol postrero tras varios rechaces que la defensa no supo atajar.

Los mejores del partido fueron Diego Costa y Gabi. Este último dio sentido, seguridad y empaque al centro del campo y además consiguió empalmar un balón desde treinta metros que se convirtió en el golazo de la tarde y que puso el dos a uno en el tanteador para delirio de la grada rojiblanca.

Efímero.

Porque el pasado domingo, en el Estadio Vicente Calderón, el enfrentamiento entre dos de los candidatos al título de Liga puso punto y final a la serie de catastróficas desdichas que le han acontecido en los dos últimos meses al equipo rojiblanco, finiquitando las esperanzas de estos por hacerse con el campeonato.

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LA VERGÜENZA

Por mucho que se repita una mentira, esta no se convierte en verdad. O quizá sí. Ya lo consiguieron los nazis con sus campañas de propaganda populista orquestadas entre Hitler y Goebbles. Como lo hacen en la actualidad los partidos políticos y los gobiernos. Y si no lo creen así, les recomiendo que echen un vistazo a esa gran serie de televisión llamada House of Cards. Para que se vayan poniendo a tono.

Los comentarios disparatados, en su mayor parte de gente que no estuvo allí, sobre lo que ocurrió el pasado domingo en el Estadio Vicente Calderón no son sólo una cuestión deportiva o incluso de barra de bar, sino que son una muestra de la sociedad que hemos construido. Una sociedad servil, con miedo a pensar por sí misma, que no ve más allá de lo que le ponen en la televisión, con una falta de criterio absoluta, sin opinión propia y sin el valor de poner en tela de juicio nada de lo que le cuenten. Y si no recuerden que hace sólo una semana gran parte del público que vió el programa de Jordi Évole en La Sexta se tragó aquello de la Operación Palace. Aún retumban en mis oídos ciertos comentarios de algunos conocidos dando fe del relato. Reconozco que hace años vi aquel falso documental sobre la llegada del hombre a la Luna, Dark Side of The Moon, en el que se exponía con argumentos la peripecia política organizada por el gobierno americano y la CIA que habría rodado Stanley Kubrick. Pero entonces salía Henry Kissinger y no Joaquín Leguina. Quizá jugaba con ventaja.

Porque lo peor no fue lo que ocurrió dentro del terreno de juego, donde el colegiado Delgado Ferreiro fue cómplice de un Real Madrid ramplón, agresivo y centrado en la picaresca, equivocándose en su favor y determinando el partido. Sino lo que ya es habitual después de los encuentros. Esa pesada maquinaria, en este caso la madridista (futbolistas, entrenador, periodistas y acólitos), que se pone manos a la obra para contar la gran mentira. Una retahíla de difamaciones y comentarios engañosos que, al final, por tanto repetirlos, hoy ya son verdad absoluta.

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CONCLUSIONES

Ahora entiendo el valor intangible de aquellas Ligas ganadas por Deportivo de La Coruña o Valencia. Entiendo el alcance de la perseverancia de aquel Sevilla de mediados de la década pasada que complicó y mucho la vida a las dos empresas más poderosas e influyentes del fútbol de nuestro país.

Así que creo que es el momento de que Real Madrid y Barcelona hagan una competición de Liga aparte, donde jueguen treinta y ocho jornadas entre ellos mismos, diriman ahí sus egos y cuestiones políticas, se saquen fotos,  acumulen horas en los medios de comunicación y propaganda, y mientras tanto nos dejen en paz al resto de aficionados a otros clubs.

Luis Aragonés qué borracho es

Luis Aragonés, qué borracho es. Eso decían en los tantos campos del fútbol español.

No sé si pensáis en la muerte. O al menos tanto como lo pienso yo. Porque yo lo hago constantemente desde que tengo uso de razón. Y, al fin y al cabo, lo único que tengo claro es que somos una comunidad de animales que habita en el planeta Tierra. Así que morimos como cuando muere la polilla que nos estorba en el armario. Y que entonces se acabó todo.

Por desgracia, nuestra educación judeocristiana nos imprime un miedo irracional hacia este suceso, el de la muerte, que sólo circunstancias tales como las que se sucedieron el pasado domingo dos de Febrero de 2014 en el Estadio Vicente Calderón nos alivian la melancolía y nos hacen creer, más allá de la conjunción de los planetas, en que todo esto tiene finalmente un sentido.

Y es que el Atlético de Madrid enfrentaba en casa la tercera fecha de la segunda vuelta del campeonato nacional de Liga contra un equipo de Champions, la Real Sociedad, mientras la Parca, un día antes, se llevaba para siempre a un tal Luis Aragonés.

Y sin ese detalle, sin ese matiz, el de la muerte, el domingo habría transcurrido como tantos otros, conociendo el resultado del rival directo, el F.C. Barcelona, que había perdido en el Camp Nou contra el Valencia, un pimpampum en el Calderón. Y teniendo muy claro que los rojiblancos, en parte amedrentados por la responsabilidad, en parte por el que se viste de negro que también conoce el resultado del rival, no podrían haber hecho otra cosa que igualar a su contrincante.

Pero esta vez no fue así.

El partido es fácil de resumir. Durante los primeros ocho minutos de silencio (detalle espontáneo de los socios), ninguno de los equipos se atrevió a hacer nada aún contagiados por los elogios y homenajes a Luis Aragonés.

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Probablemente, el momento más emotivo que el que suscribe ha vivido en el Calderón.

A partir de ahí, la Real Sociedad dominó la posesión del balón para manosearlo de un lado a otro, horizontalmente, pero sin capacidad para crear ocasiones de gol importantes. Hasta que en la segunda parte, tras del 1-0 de Villa en el minuto 38 y que la Real Sociedad continuase con su guión del horizontalismo, saltara al campo un brasileño llamado Diego Ribas Da Cunha para convertir el pragmatismo del Cholo Simeone en brillo, lustre, magia y poesía. Y desde ese momento, casi cincuenta mil gargantas se unieron para determinar un encuentro a favor de los de casa a través de la emoción y de la pasión. El equipo resplandeció gracias al brasileño y la grada respondió en comunión con el conjunto y con devoción a un jugador que, como Billy el Niño, tiene en el ADN la sangre fría y la belleza. Cuatro contra cero en el tanteador. Con Diego, que debutó con gol. Y que cerró la boca a todos aquellos que consideraban equivocado su fichaje.

Como tuvo que morir Luis Aragonés para acallar el menosprecio de un país que aún está en deuda con él.

Puerta 8, Puerta Luis Aragonés
Puerta 8, Puerta Luis Aragonés

Al parecer Don Luis era un tipo huraño, esquivo y malcarado. Todos dicen que era de esos que no hablan. Pero demostraba su empatía y amor a través de sus gestos y acciones. Es como el tipo ese que tenéis por el curro. Ese que va con una camiseta raída y unas zapatillas de hace diez años, mientras todos vosotros vais en traje. Don Luis vestía de chándal mientras los demás visten de traje. Sí, no sé si os acordáis de ese tipo, ese que no se sabe muy bien cómo, pero que conoce al dedillo las vicisitudes de su negocio, aporta ideas y soluciones, y es capaz de cambiar su filosofía del contragolpe puro por el juego de la posesión. Es decir, aquel que sabe, como se dice ahora, valorar los daños, pero para aprehender (sí, con h) y tomar las apropiadas decisiones de mejora.

Llevó al Oviedo a la UEFA. A un ramplón Mallorca a la Champions League. Para luego seguir los meandros de su vida y volver al Atlético de Madrid segundón y llevarlo de nuevo a la Primera de la supuesta mejor Liga del Mundo.

Después fue seleccionador de España. Y tras el batacazo en el Mundial 2006 de Alemania ante Francia, a la postre finalista frente a la Italia campeona, y las dos siguientes derrotas en la fase de clasificación para la Eurocopa 2008 de Austria y Suiza, en la que España resultó campeona contra Alemania, además del caso Raúl, aquel 7 de España, Don Luis decidió dejar de tratar con la prensa. O con determinada prensa. Con muchos de los que hoy le alaban y bendicen y que en aquel momento le creyeron un viejo que chocheaba.

Sin embargo, convirtió en competitiva a una selección, la española, abocada al fracaso en cuartos de final de las competiciones, poniendo de relieve y dando toda la confianza y la responsabilidad a jugadores tan jóvenes como aquel Cesc Fábregas, fundamental tanto en aquella Eurocopa como en la posterior final del Mundial 2010 en Sudáfrica .

Dirán que un pícaro, un listo, un Lazarillo tan típicamente español. Sí. Pero no os confundáis, para llegar a todo eso no se le puede tachar la condición de Sabio.

Según dicen, nunca nadie habló mal de él. Me refiero a sus pupilos. Y eso que era un tipo huraño, esquivo y malcarado que, según Andoni Zubizarreta, respondía al cariño con un gruñido.

Los atléticos enfilamos el Paseo de los Melancólicos con el fino sabor de la herencia y el magisterio de Don Luis. Líderes.

Mientras Don Luis se fue en silencio. Descanse en Paz.

Un punto una derrota

Recibía el Atlético de Madrid a un Sevilla en alza, séptimo en una competición mediocre, tercer rival colchonero después de aquellos broncos enfrentamientos coperos, en el Estadio Vicente Calderón durante la vigésima jornada del campeonato nacional de Liga. Y lo hacía a las nueve de la noche del Domingo 19 de Enero, una hora ideal en invierno para agarrarse una pulmonía y llegar pronto a casa para despertar temprano a la mañana siguiente, conociendo el resultado de su competidor, el F.C. Barcelona, que había cosechado un empate a uno fuera del Camp Nou frente al Levante.

Lo diré de otra manera. Intuyendo que esa noche quizá no podría hacer nada que no fuera igualar el resultado de su oponente en el campeonato.

Y así saltó al terreno de juego el Atlético de Madrid, prácticamente desmantelado en Enero según las informaciones, con la novedad en el once inicial de Raúl García que sustituyó en el mediocampo al Jefe Tiago.

A pesar de la baja de Tiago, el equipo comenzó como acostumbra, con tensión, seriedad y electricidad en unos veinte primeros minutos que metieron al Sevilla debajo de su portería hasta que Villa, en el 18, aprovechó la mala salida de Beto en un saque de esquina al segundo palo (algo de lo que abusó el Atlético durante el enfrentamiento) para marcar el 1-0.

A partir de ahí, sin una explicación lógica que aún a estas horas me revele un axioma indubitable, el equipo rojiblanco, prominente durante esa fase, se aculó y cedió terreno a un Sevilla bisoño y falto de ideas y carisma que, através de su soterrada guerra de guerrillas, habitual ya en ellos independientemente del entrenador o los jugadores de turno, se hizo con el control de la escena, que no de la pelota ni de la ocasiones. Una única oportunidad de gol para los sevillanos en la primera parte.

Y en el segundo envite, más de lo mismo. Al parecer el descanso no sirvió de mucho y el desarrollo infructuoso de mediocampismo impreciso fue al argumento de un guión preestablecido.

Sin el Jefe Tiago, el conjunto se resintió en inteligencia y dedicó sus esfuerzos en patadones altos hacia Diego Costa, impreciso en el control de la pelota y sin ayudas, como arma para contrarestar la guerra de guerrillas sevillana. Pero ese arma que tan buenos resultados ha dado hasta ahora, se ha convertido en intenciones previsibles que los rivales conocen y saben atajar.

En cualquier caso, con las incursiones al centro del campo de Arda Turan, que tuvo que retrasar la posición para intentar llevar la voz cantante de un centro del campo gris, el Atlético gozó de ocasiones, efímeras, en los pies de Diego Costa o Raúl García para poner el 2-0 en el marcador. Sin embargo, mediada la segunda parte, frente a un balón colgado en el área de Courtois llegó la pifia de Juanfran, tipo predestinado a meter la pata cuando el equipo al que defiende menos lo necesita. El lateral agarró de la camiseta a Bacca en un balón inocuo y el colegiado Hernández-Hernández decretó penalti. Sin excusa. Error que aprovechó Rakitic para empatar el resultado del tanteo, pese a que Courtois le adivinó la intención.

Entonces todo fue un quiero y no puedo rojiblanco. Un penalti a Raúl García. Un puñetazo del Portero de noche Fazio a Diego Costa. La justa y estúpida también expulsión de Alberto Moreno. Y los cambios tardíos e inanes de Cebolla por Villa y Sosa, que resultó inadvertido, por un deslucido Koke.

Si algo bueno tuvo el partido frente al Sevilla fue el reencuentro con Filipe Luis. Certero en defensa y llegando a la línea de cal contraria e incluso rematando a portería. El brasileño comienza a recordar a aquel extremo izquierda que jugaba de lateral en el Deportivo de La Coruña. Pero imagino que, como el resto de la plantilla, se marchará en Junio.

Un punto y de vuelta a casa por el Paseo de los Melancólicos con la sensación de haber empatado contra un equipo de juveniles.

Sonrisa amarga

No siempre lo previsible, luego se hace evidente. Esto es algo que suele convertirse en un axioma cuando dos equipos, en la máxima de sus competiciones, pelean entre ellos por ser el dominante. A buen seguro, la previa del partido que enfrentó el sábado a los primeros de la clase de la Liga española fue lo mejor de la tarde. A partir de las cinco, los aledaños del Estadio Vicente Calderón se vistieron de fiesta llenándose de amigos de la familia rojiblanca. Entre ellos, un aroma que embriagaba el ambiente. Y ese no era el del alcohol cerveceril o destilado de los combinados, sino el efluvio de la posibilidad única de preponderar en la disputa doméstica tras tantos años de sufrimiento y melancolía.

Pero quizá eso aún era demasiado premio para un club hasta ahora acostumbrado a la depresión.

El partido arrancó con sorpresa, sin Messi ni Neymar, y con un encorajinado arreón de la grada rojiblanca y una propuesta histérica y furiosa de los pupilos del Cholo Simeone que duró casi veinte minutos. El Atlético de Madrid, con el jefe Tiago y un magistral Arda Turan, se hizo dueño del balón y rápidamente lo hacía transitar desde el centro del campo hasta las inmediaciones de Valdés donde esperaba Diego Costa con menos fortuna de cara a portería que en otras ocasiones. Estos veinte primeros minutos fueron claves en el desarrollo del partido porque sentaron las bases de lo que iba a ser el argumento de la lid y metieron el miedo en el cuerpo a los jugadores del F.C. Barcelona, sobrepasados por el ambiente y el rival. Tan alcanzados los jugadores barcelonistas que tuvieron que recurrir a las artimañas ya habituales en ellos (la simulación de faltas o lesiones) y a la complicidad del árbitro Mateu Lahoz para recuperar el balón con el fin de practicar su juego, ese que aburre hasta a las ovejas donde el único que pone algo de brillantez es el sensacional Cesc Fábregas, y gozar de la primera oportunidad de gol bien pasada la media hora del encuentro en un remate de cabeza desviado de Pedro.

Ya en la segunda parte, con Messi en el campo por lesión de Iniesta, el Calderón propinó al equipo un nuevo arreón de rabia y delirio y llevó en volandas a unos jugadores motivados, activos y centrados que hasta el minuto setenta se hicieron con el protagonismo. Pero otra vez el Barcelona sacó a relucir su actitud ramplona e indecente, encabezada por el perro de presa Xavi Hernández, fuera de forma, detrás de Mateu Lahoz para protestarle o advertirle en cada roce o disputa de sus compañeros con un rival. Así que el Barcelona se hizo con la posesión para jugar en horizontal, sin verticalidad, convirtiendo en obsceno y soporífero, con estrellas a medio gas, el bello juego que Pep Guardiola instauró en el club. Aun así, el mejor jugador del mundo, Messi, tuvo un mano a mano generoso para hacer el 0-1 que Courtois, quizá el mejor portero de Europa a día de hoy, desbarató. Desde ese momento, el juego siguió muriendo en un Atlético muy junto en sus líneas, contundente en defensa y rápido en la transición defensa-ataque para tener alguna media ocasión, hasta que Tiago dejó su lugar al Cebolla Rodríguez, pero que no bastaron para cambiar el resultado inicial de 0-0.

Arda Turan y Tiago fueron los mejores del partido. Si el primero es la magia, el toque y el que da sentido al ataque desde el centro del campo del equipo colchonero; el segundo es la seguridad defensiva y la clarividencia para sacer el balón desde atrás con inteligencia y coherencia. Lo malo de esto es que el primero tiene muchas novias y el segundo 32 años y sin reemplazo en un banquillo falto de centrocampistas contundentes y creativos.

La conclusión más negativa es que Villa, el imperial delantero de la Selección española en la última década, ha confirmado que, a pesar de pelear, no tiene la capacidad futbolística para jugar en un equipo con las cotas que ahora se le suponen al Atleti.

Los atléticos emprendimos el camino de vuelta a casa por el Paseo de los Melancólicos con una sonrisa amarga. Recuperamos las buenas sensaciones y las virtudes del conjunto que en las últimas fechas frente a Levante, Valencia y Málaga pusimos en entredicho y que, al fin y al cabo, es lo que destaca en el bloque de Simeone, más allá de las casualidades individuales. Pudimos ver a Diego Costa desapercibido en el gol, pero realizando un profundo y riguroso trabajo para el equipo tanto en el ataque como en la contención y las ayudas defensivas. Pero el juego colectivo y solidario del Atlético de Madrid no fue suficiente para conseguir la victoria.

Quedamos colíderes al final de la primera vuelta. Así que seguimos siendo ganadores de nada.

Amistad y Rebelión

Hoy nos protegen los mismos que nos persiguieron antes”, dicen los madrileños Accidente.

No hay otra forma de contar la realidad. Con pildorazos de verdad. Y así es como lo hacen Accidente en Amistad y Rebelión, su nuevo disco, con un latigazo de punk. Y lo ejecutan con letras incendiarias (sí, aún se pueden hacer sin caer en el tópico), con las que tratan de combatir, despertarnos de la opresión a la que hemos entregado buena parte de nuestro porvenir. Con guitarras veloces y certeras. Y con melodías en la voz de Blanca (importantes esos coros, por qué no, tan punk y tan acompañables) que consiguen que el oyente empatice con su discurso duro y repleto de utopía, pero muy pegado a la actualidad.

Bellísimo, por cierto, el corte Rejas de color donde se conjugan a la perfección la voz femenina de Blanca y la masculina de Jesús, procurando el justo dramatismo para embridar discurso en melodía, idea en poética.

Y es que si echamos un vistazo a nuestro alrededor, si levantásemos la cabeza de las pantallas, quizá nos diésemos cuenta de la cantidad de libertades a las que hemos renunciado a cambio de una vida cómoda (la apatía y la desidia hoy se clavan en la piel).

No sé vosotros, pero yo considero que al final seremos piedra sobre tierra.

Podéis descargar gratis Amistad y Rebelión aquí.

Ante el elogio determinación

Hace algún tiempo que no enfilamos pesarosos el Paseo de los Melancólicos de regreso a casa. La tristeza y las caras largas han tornado en alegría, en algunos casos, y en la tranquilidad de los tres puntos pese al sufrimiento, en otros, desde la llegada al banquillo del Atlético de Madrid del Cholo Simeone.

Tanto es así que muchos medios de comunicación españoles dan al equipo colchonero la vitola de favorito en tantas competiciones como participa. No sólo eso. Además se fijan y relatan en la primera plana de sus secciones deportivas los métodos de entreno que meticulosamente prepara el cuerpo técnico para el plantel. Al parecer, los más ricos clubes del fútbol europeo se rifan a nuestros mejores jugadores en subastas ficticias e imponderables. E incluso en las últimas semanas alguno ha dejado el comentario para la posteridad, como el que aduce que si la votación que otorga el Balón de Oro al mejor jugador de fútbol del año se hubiese dilatado un poco más en el tiempo, Diego Costa habría llegado entre los primeros de la clase.

Así que los atléticos cerramos 2013 henchidos de euforia y también de ¿favoritismo?

No nos confundamos. No nos dejemos engañar por la maquinaria oportunista que los aquejados por el miedo de las expectativas rotas hasta el momento, no en vano han gastado fortunas y horas de sopor en las pantallas como cada año, han puesto en marcha. Esto es como las grandes superficies del consumo. Todos hablamos bien de las excelencias de las tiendas de barrio, pero todos compramos nuestros productos en el centro comercial de turno. El favorito para hacer un buen negocio siempre es el grande, no el pequeño.

Para ser sincero, diré que en las dos últimas victorias del Atlético no me ha gustado el equipo. O ciertos detalles del equipo. Frente a Valencia y Levante el grupo ha aquejado de ideas y rigor en el centro del campo dando rodeos en la medular y sin contundencia para finalizar las jugadas. A pesar del buen estado de forma y de las, ya claves, constantes incorporaciones de los laterales a las zonas de peligro del área rival, la defensa ha sembrado de dudas la férrea disciplina a la que nos estábamos acostumbrando. Además, he podido ver a un Diego Costa, nuestra flagrante e inesperada estrella, aparte de fuerte y goleador, sí, difuso, fallando situaciones o penaltis, cuestiones que me hacen plantear si su maravillosa progresión quizá sea flor de un día. Tanto la defensa del Valencia, en decadencia, como la del Levante atisbaron claramente que el brasileño es un jugador de potencia y velocidad, con poca técnica, tosco, casi obsceno en su deambular por el campo, y alcanzaron los balones por alto que antes solía bajar para las rápidas transiciones de la segunda línea de ataque rojiblanca o sus eléctricas incursiones en las diagonales, convirtiendo el juego del Atletico en algo previsible.

Los elementos y el conjunto están engrasados y la táctica del Cholo funciona para un grupo que hace casi dos años estaba desahuciado con y por el tibio Gregorio Manzano.

Somos aspirantes a todo. Pero podemos ser ganadores de nadas. Porque, además, en las lides en que esta temporada nos movemos hace décadas que no tenemos experiencia.

Ante el elogio, determinación.