¡Europa SÍ!

Los de El Pardo no vienen esta vez a contarnos la realidad. Esta vez nos pegan un par de bofetadas a toda esa izquierda cínica y del postureo, socialdemocracia lo llaman algunos, para abrirnos los ojos: en el fondo sois (somos) igual que ellos.

En esta nueva entrega, ¡Europa SÍ!, El Pardo quizá dulcifica las formas en algunos cortes, pero no mancha el mensaje. La actitud sigue siendo punk aunque el disco resulte una panoplia que va desde el pop al rock pesado, que pasa por el ska y que se centra en el punk oscuro, socarrón e imaginativamente reivindicativo que los ha hecho inconfundibles.

Guitarras limpias que se repiten en rápidos movimientos, melodías insistentes, una producción elegante y la inconfundible contundencia del fraseo y el desgarro de la voz de Raúl Querido. Un proyecto que sigue siendo elocuente, lúcido y necesario.

2015

Resulta curioso que tipos tan formados estéticamente, con proyectos paralelos más accesibles para oídos finos con los que proyectarse masivamente a públicos que respondan con miles de megustas, dediquen parte de su talento a este acto de generosidad.

Y es que 2015, el nuevo disco de El Pardo, no sólo vuelve a ser un directo a la mandíbula de la verdad y una invitación a la conciencia, sino que es un acto de generosidad. Porque no hay testimonio más pegado a la realidad social. Porque nadie utiliza las herramientas de esa realidad social que describe como ellos lo hacen. No creo que sea coincidencia, por ejemplo, el lenguaje inclusivo en Terroristas o de Somos Todas.

El Pardo demuestran el sonido salvaje de la contracultura. Aporrean la puerta de la mediocridad con sus ladridos insolentes. Y mantienen como estandarte su compromiso estético.

Es urgente que la sociedad escuche Vergüenza en directo.

Es necesario que la gente se acerque a Raúl Querido, el Hombre del Renacimiento del renacimiento del underground.

Matadero es una obra que transcenderá.

Somos todas es un temazo (estamos cambiando el género).

El Corte Inglés, El Corte Inglés, El Corte Inglés.

A la Generación Beat también se le llamó la Generación Golpeada. Y El Pardo por su verosimilitud, por su gruesa ironía y por su discurso son el referente estético de nuestra contemporaneidad golpeada.

El Pardo en Moby Dick

Ahora que están de moda los festivales, yo me retiro a las salas porque es donde encuentro la verdad. Así que, el viernes 5 de Diciembre, mucha prole al límite, como Antonna (guitarra en aquella banda punk, Los Punsetes), acudimos a la llamada de la Sala Moby Dick en Madrid, donde Triángulo de Amor Bizarro daban un concierto que telonearían El Pardo. Y es que estamos de enhorabuena en el underground. Y cuando refiero la palabra undergound para intentar definir una corriente, no lo hago de forma peyorativa, al contrario, escribo uderground con todas sus connotaciones y rebelando quizá cierto elitismo. Sigue leyendo “El Pardo en Moby Dick”

El Pardo

Compromiso estético*

  Recién llegado desde La Resistencia (Discos y Conciertos). Desprecinto El Pardo, primer disco de El Pardo, que reúne en cierto modo sus dos maquetas anteriores, El Progreso (Mayo 2013) y Avance (Septiembre 2013).

  Grabado en directo y producido por Ramón Moreira en los Estudios DGR Sónica, El Pardo nos presenta siete temas que podemos calificar punk con matices y que resulta algo más que un simple puñetazo como referí hace unos meses en la reseña de El Progreso.

  No es una cuestión nimia ni insignificante la que plantean y transmiten El Pardo en sus letras con un sonido contundente y genuino, incluso salvaje, verosímil que diría Aristóteles. Se trata muy al contrario de una meditación juiciosa y profunda a cerca de una realidad social, la que nos acontece, y en la que nos invitan a tomar partido, aunque sea desde el razonamiento.

  Una idea aflora del conjunto, una reflexión muy importante, además que todo es una puta mierda. Y esa reflexión se puede incluir en: ‘cada cuatro años os votamos’ de Las clases ociosas. Y deviene un axioma fundamental: ‘A votar ¿aprenderemos?’, que dicen en El inútil de Mariano. De esa manera, no sólo relatan una verdad social o emiten un juicio a cerca de ella, sino que implican al receptor interpelándole, haciéndole partícipe. Igual que Sartre nos interpelaba: ‘cuando tomas una decisión, la tomas también para toda la humanidad’.

  No muy alejados del filósofo francés ni de la primavera del 68 andan en ¡Son los 90!, donde además de romper con los esquemas propios del punk con nueve minutos y medio de ruido y distorsión, nos entregan ese nihilista* leit motiv que ya se ha convertido en universal: ‘yo no soy de izquierdas, tampoco de derechas, yo sólo soy indie, fan de Los Planetas’.

  Cierra el disco La charla final. Una larga reflexión en forma de spoken word donde El Pardo, en la perfecta dicción de Raúl Querido (y me refiero a perfecta de nuevo como diría Aristóteles, en el sentido de la verosimilitud) describe lo que somos desde lo que hemos sido, y vuelve a requerir la atención del oyente en el mensaje, inquiriéndole y cuestionándole, para finalizar con un meridiano: ‘¡La clase obrera quiere morir… por eso te hemos votado a ti!’.

  La mediocridad en la que nos hemos sumido, o en la que nos han hundido, es denigrante. Así que veces el individuo necesita más una voz que le avise y alarme, que un grupo de coristas o palmeros. Esa voz es la de El Pardo.

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*Para quien no lo sepa. Estética: 1 f. Teoría de las condiciones de la belleza.  Calología.  Idealismo, realismo.  El arte por el arte.  (Según el diccionario de María Moliner.) También se puede Consultar El Mito de la caverna de Platón en su Libro VII de La República.

**Para quien no lo sepa. Nihilismo: 1 m. Creencia según la cual la actual organización de la sociedad es tan mala que hay que destruirla totalmente. Anarquismo. 2 Doctrina filosófica que niega cualquier creencia. 3 Actitud de rechazo de un individuo hacia los valores políticos, morales y culturales de la sociedad en que vive. (Según el diccionario de María Moliner.)

El Progreso

Puñetazo punk

  ‘El Progreso‘ es la nueva maqueta de los madrileños El Pardo. Con dos temas ‘La hoguera de San Jerónimo‘ y ‘Las clases ociosas‘.

  Con ellos regresamos a la densidad y la reacción. Al hipnotismo melódico. A la ruptura con el stablishment. Y, aunque como ellos bien dicen, ‘no soy de izquierdas, tampoco de derechas, yo solo soy indie, fan de Los Planetas‘ en ‘Son los 90‘, ese leitmotiv es ya una posición política que les sumerge en la verdadera raíz del punk, la contracultura, codeándose con gente como Crass, Dead Kennedys o Discharge.

  Estribillos rotundos como ‘el Congreso tiene que arder‘ de ‘La Hoguera de San Jerónimo’. O verdades sin fina ironía ni zarandajas en ‘Las clases ociosas’.

  No se cortan. Son una bofetada punk en las narices del estado del bienestar. Esperemos que esta vez le sangre la nariz.

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