Coastal: Voyage intérieur

  El pasado mes de abril, Discos de Kirlian editaban el nuevo trabajo, Voyage intérieur, del francés Fanou (ex Skittle Alley) bajo el sobrenombre de Coastal y producido por Xavier Nadal en los estudios Binary Emotions Records. Cargado de un circuito de novación y un par de sintetizadores (Akai Mpk y Roland JU-06), el compositor de Limoge cambia de palo en el que se supone, quizá del título se infiere, su trabajo más intimista, desplegando buenas porciones de electrónica que van desde el pop electrónico hacia el synth pop.

  Coastal comienza su Voyage intérieur con S.M.E.T., quizá el tema más oscuro de los nueve que componen el disco, donde desaparecen las viejas guitarras poperas de su anterior banda y que avanza épicamente en tono Chromatics, guitarrazo naif incluido. Le sigue Intercity Lovers, en la que cuenta con la participación en las letras de su compañero en Skittle Alley Richard Earls. Aunque Fanou no los cite entre sus muchos referentes, Intercity Lovers, como algún que otro tema más, recuerdan a los OMD de Telegraph del Dazzle Ships, cuarto disco de los británicos que ya lo habían petado con los tres anteriores y su Enola Gay; un trabajo, como el de Coastal, conceptual, que se sumerge en la Guerra Fría y en la relación entre los seres humanos y la tecnología.

  En A Dream Within a Dream hay guitarrería de nuevo, mientras las líneas de sintes transportan la canción hacia el post punk y del post punk al synth pop. De Interlude destaca el jugueteo entre los sintetizadores que Fanou consigue humanizar sin que resulte oscuro ni machacón. Sometimes es como una turbina inquieta que recorre su camino en espiral hacia delante y sin recurso.

  En el séptimo tema, Cold Winter Night, vuelve a contar con Richard Earls en las letras, y resulta una de las mejores piezas, por su languidez repetitiva, por su juego de capas que se van superponiendo.

  Cierra el disco Voyage Intérieur, otra de las mejores canciones del disco, de atmósfera marina que poco a poco va percutiendo ochentero, muy al estilo de Giorgio Moroder, para desembocar en una voz robotizada que se percibe casi humana en su nostalgia.

  El nuevo proyecto de Fanou, Coastal, propone una electrónica brillante que no cae en la penumbra y en la que su voz se comporta como un susurro que sugestiona. Voyage intériur es un disco conceptual que capa a capa va aglutinando atmósferas hasta lograr que se puedan escuchar todas las canciones como si fuesen una sola canción.

Fatasmamidi

Hace años que de lo que se trata es de matar a los ochenta. Más que por imperativo de la moda, por necesidad física y ahogamiento. Tanto se ha ordeñado las ubres de la Movida, que la vaca de la leche milagrosa está ajada y resulta poco productiva en una cultura general que lleva inclinándose al remember noventero desde hace algo más de un par de temporadas. A pesar de ello, aún hay quien osa sumergirse en ese lodazal, como los murcianos Fantasmamidi que, en su primer elepé de título homónimo en Discos de Kirlian, administran la herencia contraída de los ochenta sin la necesidad de despertar una nostalgia cínica, sino anteponiendo su identidad a cualquier otro presupuesto.

El trío está formado por Carmen Espín, que fue integrante de la banda de culto de los noventa Iluminados, Pedro Bayona a los sintes y Borja Martínez que es quien compone y da voz a los diez temas de Fantasmamidi, grabado en los estudios Popgramático de Murcia.

 

Se agradece en esta compostura pop cierta liturgia de sonido amateur que cuadra más con el espíritu inicial de la Movida que el que puedan irradiar otros trabajos más arreglados, pero menos informales. Fantasmamidi va del pop más natural hacia el Casio más vívido que contrasta a su vez con la voz mortecina y chula de Borja, discordancia que, en Mortal, canción que abre el disco con: “Él va buscando droga”, nos recuerda a otra banda contemporánea con también algunos tintes ochenteros, Los Lagos de Hinault.

En De estrellas y neones surfean en las guitarras y los teclados resultan brillantones, y frente ellos el machaque de la batería electrónica y la antítesis de la voz lánguida y fofa que casi recita el estribillo. La belleza de la langosta es un pop más cotidiano con un bajo que toma protagonismo post-punk. El cirio gigante, en cambio, comienza pizpereta, muy Un Pingüino en mi ascensor, para luego desenredarse en una melodía limpia en la guitarra, mientras los sintes pierden protagonismo y todo se enlaza a través de la chulería y el casticismo vocal de la voz de Borja que ahora nos recuerda al Jaime Urrutia de los Gabinete Caligari.

En general Fantasmamidi es un elepé de contrastes, donde se pueden encontrar guitarras suaves junto a sintes que colorean las melodías de pop ochentero como en Conventos afterhours -una canción sensacional-, y también un punk de inclinación primitiva que recuerda a los Siniestro Total de Germán Coppini. Un juego, al fin y al cabo, de distintos ecos pop que se van acomodando a unas letras minimalistas y moteadas de surrealismo.

Vuelven Puzzles y Dragones

Volvieron Puzzles y Dragones en un momento en que el Nuevo Pop Madrileño, despojado de corsés, mira hacia atrás sin nostalgia y no le importa reconocer influencias tan legítimas como Los Secretos. Así suenan en Fuerzas absurdas, la canción que cierra la cara A de Vuelven Puzzles y Dragones (Discos de Kirlian, 2017), a la candidez de aquella sociedad primigenia entre los Urquijo y José Enrique Cano aka “Canito”.

Cuatro años después de Somos Puzzles y Dragones (Discos de Kirlian, 2013), el 7” con el que lograron convencer gracias a sus melodías suntuosas y sus letras fáciles de deglutir, la banda regresa embriagada de melancolía y cargada de frustración. El miedo al rechazo y su constatación se convierten en un trasunto adolescente que marca los caracteres. Están mejor producidos, el sonido es más íntegro que en 2013, menos coloreado, pero con el aplomo de una banda experimentada.

Puzzles y Dragones hacen un pop depresivo con horizontes progresivos y casi lisérgicos (Mientras dormía), flotando entre el power-pop, el pop psicodélico y más lánguido de Los Planetas (Carnavales de súplicas); y el popeo recurrente que se acerca al dúo xixonés Pauline en la Playa.

Pespuntes de guitarra que manejan entre Daniel de la Mancha y Miguel López Breñas y que llevan a Los Secretos y a Jackson Browne; y que a veces contrastan con melodías alegres, guitarras vencidas al punk empastadas con estribillos que tiran hacia arriba con heroicidad, junto a la potencia de los bajos de Mark Wiliams y de todo lo que hay por detrás de la melodía principal (Alberto Robla, Raúl Querido). Todo eso para relatar el amor no correspondido que solo produce dolor y que invita a beber unas birras en el pub hasta la hora de marchar a casa. Un universo en el que tampoco la amistad procura la redención.

Cierra la cara B del disco El hombre gris, que nos dice que no hay felicidad posible. La vida es una puta mierda. Pero que no tienes que dejar de ser bueno porque los demás te traten mal.