Luz y Resistencia

La edición de un tercer disco parece el mejor momento para calibrar la resistencia de una banda. Tras Más humillante que doloroso (Discos de Paseo, 2013) y del debut en una multi del indie con Los excesos de los niños (Limbostarr, 2015), Alborotador Gomasio tienen nuevo trabajo en 2018, Luz y Resistencia, también para Limbostarr.

El disco nos sumerge en un mundo mágico desde el primer corte, El final de la tarde, donde las guitarras se alargan, las melodías son boreales y los riffs de David Ripoll limpios y cuidados. En esto seguro que tiene mucho que ver la mano de Carlos Hernández que firma aquí la producción más pulida de los tres trabajos de Alborotador Gomasio.

Ahora no hay efervescencia juvenil y la etapa <<Modestia Aparte>> se ha difuminado en su sonido, aunque no del todo en sus letras. Las composiciones son más personales y miran hacia adentro, hacia el pensamiento interior, sin un concepto claro que las una, pero sí con una intención precisa, la de remover desde el sentimiento y lo permanente, es decir, desde el dolor, la nostalgia adolescente, la frustración o la contrariedad de sentirse en un lugar que no te corresponde.

Con estos argumentos se puede decir que Alborotador Gomasio se han hecho mayores, que no viejos.

Agosto, bailando el caos nos recuerda en un principio a El último vecino. Los sintes noventeros de Atilio González (Ruiseñora) se pierden luego en un ruido de guitarras que nos empuja hacia arriba hasta ese ‘Madrid nos va a enterrar’ tan lánguido, tan de mirar por la ventana cómo la vida se para en agosto mientras tú y tu generación permanecéis detrás de la cortina, con resaca.

La reacción impotente es una poderosa muestra de powerpop donde la batería de Alberto Robla cobra singular importancia junto a las melodías de guitarra casi garageras.

La segunda cara del disco nos confirma que Alborotador Gomasio han perdido esa cierta carga social que se adivinaba en el título, Luz y Resistencia, y que se desarrollaba con toda su complejidad en Más humillante que doloroso. Nos acercamos más a Puzzles y Dragones, donde las melodías son hermosas, imberbes, pero sabias y ejecutadas con gusto, elegantes.

Parece que no pasa el tiempo nos devuelve al powerpop más agresivo, mientras en Errores regresamos a ese pop entre ochenta y noventa, ensoñador y de melodías sintetizadas.

Es en el cierre del disco, en Vendaval, donde las melodías vocales que construyen David Ripoll (voz) y Miguel López Breñas (bajo y coros) bucean en los sesenta y subliman la perfección empastándose con naturalidad en los riffs de punk ochentero. Luego llega Gritan sus nombres, solo piano y la voz sin filtros de Marco Antonio Corrales para expresar la belleza triste de una tarde en casa, a oscuras y con una cerveza caliente entre las manos.

Luz y Resistencia es esa mota mínima de sol que, en esa tarde oscura, nos recuerda que pronto se acabará el invierno y que llegará la primavera otra vez. Aunque ya no seamos tan jóvenes como ayer.

Los excesos de los niños

Alborotador Gomasio se presentan en sociedad (para aquella sociedad que no tenía el gusto de conocerles) con ‘Los excesos de los niños’ (Limbo Starr, 2015), tras un genial ‘Más humillante que doloroso’ (Discos de paseo, 2013) que nos levantó a todos de nuestras poltronas polvorientas.

Así que cuando uno pilla un disco de alguien que le mola o que a priori le debe seguir molando, espera la sorpresa. Y cuando uno lo escucha, lo reescucha y reescucha ‘Más humillante que doloroso’, con aquel magnífico ‘En el espejo’, por ejemplo, no puede decir nada a favor de lo nuevo, bonito y quizá pretencioso. Pero es que tampoco puedo decir nada en contra. Y si uno no puede decir nada a favor ni tampoco en contra es porque se encuentra con un trabajo plano.

Vale. No. Alborotador Gomasio no son underground. Tampoco lo pretendían antes. A pesar del ruido y el guitarreo, ahora menos sucio, no lo son. No son punk. Están a medio camino entre el pop y el punk. ¿Power pop? No lo sé. Es que no todo es encasillar en determinada etiqueta a las cosas. Importan más las sensaciones, los afectos, la verdad que se transmite en la obra. Y ahí es donde está el conflicto de este relato, en la verdad. Y el cambio de sello a Limbo Starr, o quizá no sea consecuencia de ello, no ha inclinado la balanza ni hacia un lado ni hacia el otro. Un sonido más cuidado sí, pero menos real, con menos verdad.

Y me resulta difícil decir esto porque estos chicos forman parte también de algunos de los grupos más honestos, como El Pardo o Como Vivir en el Campo, importantes referentes del underground español.

Los excesos de los niños’ mola, pero nada más. A pesar de eso siguen sonando bien, demasiado bien, a ese pop noventero y humeante, melódicamente mayúsculo. ¿Pero algo más? No. No hay temazo como ‘Los inviernos’. No hay las caras del diamante de ‘El malestar continua’ o ‘En el espejo’.

El placer de la derrota’ es un magnífico título para una canción que al final resulta algo coreable y saltona para el directo. ‘Todos mis huesos’ es lo más rompedor. ‘Los residuos de la sociedad’ o ‘Si te matas’ (este es el temazo) son los que mantienen cierta esencia sónica. Pero poco más en un disco que a veces suena bien y a veces a los actuales Punsetes o a los Pignoise pero con letras más maduras.

Pero Tampoco me hagáis mucho caso. A lo mejor todo esto sólo lo dice un gilipollas que tiene como prejuicio el cambio. No lo sé. Yo les espero en el directo.

Alborotador Gomasio en Clamores

Bienvenidos a los bajos fondos de la música. Donde es real y se expresa con total sinceridad. Sonidos básicos y primitivos. Sonidos que te hacen rechinar los dientes. Crudos. Punk. Guitarras chirriantes y garajeras que te estallan la mandíbula.

Con algo de retraso, no menos de una hora, se subieron al escenario de la Sala Clamores los pacenses Súper Cadáver el pasado 11 de Abril. Los primeros de una cita que prometía además a Alborotador Gomasio y a Fuckaine. Y digo bien. Prometía.

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Súper Cadáver sonaron como lo que son. Jóvenes. Adrenalínicos. Punk. Como una bofetada de bulla y martillero sublime repasando concienzudamente sus dos Ep’s ‘Súper Cadaver EP’ y ‘California/Justicia’ y dándolo todo. Prometiendo, además, una continuidad en su lírica que nos llena de alegría y esperanza. Demasiado bien sonó ‘Mozart’ para las precarias condiciones de las que disponían.

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Y de la esperanza pasamos a la confirmación. Alborotador Gomasio son uno de los grupos de referencia en Madrid. Y no sólo lo demuestran en su disco ‘Más humillante que doloroso’ (cómprenlo, está genial, aunque tengo amigos que cuando se lo enseño me dicen que tienen cierto parecido a Modestia Aparte), o en su nuevo y más potente ‘Los residuos de la sociedad’, sino donde se tiene que hacer valer un grupo, en el fango de una sala de no más de treinta personas y sonando sublimes, excelentes, bellos.

Y hasta ahí. Hasta los cuatro temas de un repertorio que, a buen seguro, hubiese sido algo más abundante.

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Porque lo cierto es que lo que sucedió luego fue decepcionante. De los tres grupos citados tocaron dos (Fuckaine ni siquiera se vistió de corto) y el segundo, posiblemente el más relevante, solo pudo mostrar cuatro canciones.

Lo cierto es que, si es así cómo se despacha una sala como La Clamores con los grupos emergentes del underground madrileño, deberíamos coger todos el petate y marcharnos de este país.

Y es que dice muy poco de una sala, en sus tiempos mítica, yo la he disfrutado petada para ver a Antonio Vega y más tarde a Zahara, o de la ‘industria’ en general, que ni siquiera el que corta los boletos sepa quiénes tocan esa noche.

Pero mentiría si dijese que es la primera vez que asisto a algo así. Por desgracia, el maltrato del pequeño en infraestructura, que no en inteligencia y talento, es una costumbre.

Súper Cadáver y Alborotador Gomasio estuvieron sobresalientes. Hicieron un ruido maravilloso. Un ruido que deberá tener continuacion por otras salas de Madrid que presten mas atención y respeto por los que, al fin y al cabo, les dan un nombre y un caché en ese duro negocio de la música. Pues, porque tocan ellos vamos nosotros.