La isla mínima

El director Alberto Rodríguez (7 Vírgenes, After) desarrolla en La isla mínima una trama muy de la España profunda sin un ápice de buenismo. Hábil en el uso de la acción, pilar fundamental de la gramática del cine que trata de contar historias en nuestra contemporaneidad, pone desde el principio a los personajes, al tiempo y al espacio a hacer cosas para servicio de la idea principal que quiere transmitir. Sigue leyendo “La isla mínima”

Entre Forrest Gump y la Edad Media

Cada año que pasa me gustan menos las estaciones del frío. No sólo por ese problema que transforma mis articulaciones en mecanismos anquilosados incapaces del movimiento, sino porque, como diría algún trasnochado presentador del telediario: cae el otoño, y con él la depresión, la melancolía, la angustia. Es por eso, por esa metamorfosis entre cuerpo, conciencia y clima, que cada vez que suceden las estaciones del frío, al que suscribe le entra esa apatía, esa pereza que le empuja a pasar las noches en casa, sólo, levantando el brazo únicamente para ingerir el siguiente sorbo de la yonkilata. Sigue leyendo “Entre Forrest Gump y la Edad Media”

Ocho apellidos vascos

Es cierto que algo está cambiando en la comedia española. ‘Pagafantas’, ‘Primos’, ‘No controles’, ‘La gran familia española’ o esta que me propongo a desmenuzar toscamente, ‘Ocho apellidos vascos’. ¡Joder! ¡Coño!, qué ya somos capaces de hacer comedias al estilo americano. Al estilo americano, sí, ese de palomitas y si te he visto no me acuerdo. Ese que si te ponen en la tele una noche, te duermes en el sofá después de un duro día en el curro. Comedias con resultados magníficos en taquilla pero completamente enfrentadas a las comedias universales, esos clásicos americanos que van desde ‘Historias de Filadelfia’ del 40’ a ‘En bandeja de plata’ del 66’.

Y ese es el cine patrio que mola. El que está en todos los carteles de las paradas del autobús. Incluso en los del polígono. Ese que te sigue metiendo entre ceja y ceja burdas y asquerosas pantomimas como Torrente. Joder, amiguete, qué es gracioso que flipas, tope guay.

Ocho apellidos vascos’, dirigida por Emilio Martínez-Lázaro (‘El otro lado de la cama’, ‘Las 13 Rosas) y con guión de Borja Cobeaga (‘Pagafantas’) y Diego San José, es una amalgama vacía y vacua de tópicos castizos que nunca jamás podrán traspasar la barrera de lo inmediato para transcender a universal. Cuando la realidad cambie, la retahíla de chistes que hacen brotar las carcajadas de los espectadores en la oscuridad del cine no tendrán ni puta gracia.

La relación entre ella (Clara Lago) y él (Dani Rovira) no se la cree nadie. Las situaciones son inverosímiles y poco se hace durante la trama, como en cualquier comedia romántica, a excepción de soltar unas cuantas estupideces low cost, para que en algún momento pueda ser creíble o al menos haya algún tipo de empatía con ellos.

Aunque tampoco creo que los planteados más arriba sean el objetivo. La peli trata de conseguir con efectismo lo que propone: que el espectador se parta la caja. Y lo hace, desde mi punto de vista, de una manera deshonesta y trivial, a través del chiste fácil, de la broma manida y repetitiva, de la supuesta sensualidad de la protagonista femenina o del andalucismo cateto del protagonista masculino.

Es un completo misterio que pelis como ‘Ocho apellidos vascos‘, de descarga directa o p2p, se conviertan en las más taquilleras de este nuestro país. O quizá sólo sea el reflejo de una sociedad. Pero cada uno gasta sus dineros como quiere. Feliz sábado amiguetes.

 

El Lobo de Wall Street

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Grupo salvaje

  A juzgar por el desarrollo de El Lobo de Wall Street, Jordan Belfort, nacido en el Bronx de Nueva York en el seno de una familia humilde, mató unas cuantas de sus propias neuronas durante la etapa que detalla la última obra de Martin Scorsese, con el guión de Terence Winter basado en The Wolf of Wall Street, libro de anécdotas y memorias del propio Jordan Belfort.

  El Lobo de Wall Street relata en imágenes la peculiar escalada a la cima social de un avispado broker, surgido de la clase media-baja, ambicioso, ególatra, adicto a cualquier tipo de estupefaciente y al sexo, y su posterior descenso a los infiernos.

  Aunque, visto lo visto, el prota sólo pasó del cielo a un generoso y achuchable limbo.

  Belfort se hizo millonario, entre otros fraudes fiscales, a través de transacciones financieras de dudosas acciones de a centavo. Es decir, vendiendo a la clase media-baja de USA participaciones en empresas pequeñas y cutres sin un atisbo real de prosperar. Es decir, vendiendo el sueño americano. Vendiendo el sueño del bienestar y la riqueza (la riqueza rápida) a los más desfavorecidos, los desesperados.

  El Lobo de Wall Street comienza con un Matthew McConuaghy en estado de gracia en a penas tres minutos de metraje (sería un fenomenal Judi Dench si estuviera nominado a los Oscar). Hace unos 21061129_20131126165415131_jpg-r_640_600-b_1_D6D6D6-f_jpg-q_x-xxyxxmeses, el genuino legatario de Marlon Brandon, se subió a la cresta de la ola con Mud, resucitando en una peli pequeña y repleta de pachuli que contaba el proceso de cambio de la pubertad a la adolescencia de Ellis y Neckbone, algo así como El Camino, dos chicos humildes del profundo Mississippi, y afeada finalmente por una historia de amor a mi parecer ridícula. McConuaghy interpreta en El Lobo de Wall Street a Mark Hanna, mentor del joven Jordan Belfort y miniyo del Belfort futuro, en un papel fundamental, repleto de ironía y carisma, que nos rebela cómo será el avance de la trama.

el-lobo-de-wall-street-censura-1La peli luego se desarrolla ágil, veloz, trepidante, sarcástica, en una orgía de despotismo y crueldad, pero a la vez en unas circunstancias (quítale el dinero) tan cercanas que incluso dan miedo, entre masturbaciones públicas propias de los videos amateur-college-university, cocaina, quaaluds, alcohol, prostitutas, enanos-dardos, cualquier exceso en el que invertir un puñado de innecesarios dólares, el desprecio por las instituciones o sobornos al FBI. Los deseos más púberes.

  ¿Es que no habéis estado pedo y encocados hasta las cejas y, más allá de querer ir a Coslada a empalmar la fiesta, os habéis creído partícipes de lo que se mueve, los dueños de todo esto? Pues así es, o era, eso no lo sabemos, el hoy conferenciante y maestro del saber-vender Jordan Belfort.

  Scorsese tiene la habilidad de retratar a un personaje despreciable, en actitudes en las que denigra al prójimo o directamente en situaciones deprimentes, y que ese individuo, en el que el-lobo-de-wall-street-ARTreluce lo peor de cada uno de nosotros mismos, nos resulte atractivo, orignal y distinto. Un tipo al que te gustaría parecerte o, al menos, compartir una noche de quaaluds, rayas, alcohol y putas.

Además, Scorsese presenta a Belfort como un cacique popular. Un Pablo Escobar que se sube al estrado y coge el micrófono para unir a la masa deprimida en una sola voz y convencerles que con él es posible la riqueza para todos. Cuestión que nos plantea otra cuestión. ¿Es mejor El inútil de Mariano que enriquece al stablishment y acólitos, mientras hunde al resto de la sociedad? ¿O lo es el populista jefe de la tribu que beneficia a los suyos, en general la gente marginada?

  Y es que El Lobo de Wall Street nos propone, más allá de la belleza visual y estilísitca (es inconfundible que es una peli de Scorsese), una idea sobre la que reflexionar. ¿Con todo el poder (dinero), qué seríamos capaces de hacer? ¿Hasta dónde llegaríamos? ¿Sacaríamos lo peor de nosotros mismos? ¿Seríamos las mismas personas que somos hoy?

  El Lobo de Wall Street encumbra a Leonardo Di Caprio en el papel del propio Jordan Belfort y confirma a Jonah Hill (su masturbación es para enmarcar), ese genial Seth de Supersalidos, como un mastodonte de la interpretación haciendo de Donnie Azoff, el Sancho del Quijote Belfort.

  Puedo de decir, para terminar, que es trepidante, sarcástica. Un reflejo del nostros más oscuro. Como un Resacón en Las Vegas a lo bestia, es decir, un Very Bad Things sin comedia, a pesar de ser comedia. O como un Casino sin muertos. O como El escándalo de Larry Flynt, del menospreciado Milos Forman, sin el amparo de la lucha por las libertades sociales en USA como parapeto.

 

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Guerra Mundial Z

Una mierda pinchada en un palo

  Tengo un amigo que dice que ‘si no te gustan las pelis de vaqueros, no veas una peli de vaqueros’, independientemente de que la temática de la misma sea muy otra. Yo creo, sin embargo, que las buenas películas trascienden al género que se las presupone y se convierten en universales, capaces de atrapar con su argumento y desarrollo al más escrupuloso de los cinéfilos. Así ocurrió con las tres primeras ‘Star Wars’, con ‘Matrix’ o con ‘Sin Perdón’. Encasilladas cada una en un género y que, sin lugar a dudas, lo trascendieron.
Star Wars es uno de los mejores westerns de la historia’, solía comentar mi profe de Historia del Cine en la Academia.
Me acerco por tanto a ‘Guerra Mundial Z’ sin haber leído el libro de Max Brooks (guionista en el mítico Saturday Night Live o actor en la terrible ‘Pacific Blue’) y con un interés nulo por las cosas de los zombis. No, no termino de ser un frikazo al estilo Sheldon Cooper. No me atraen los zombis. Ni la ciencia ficción, a excepción de ‘La Guía del Autoestopista Galáctico’ y toda la divertida saga de Douglas Adams. Incluso los comics me parecen lo más aburrido del mundo. Pero no tengo ningún escrúpulo a la hora de sentarme en la butaca del cine de turno. Una de aquellas antiguas salas X, la de Magallanes en Madrid por ejemplo, podría transportarnos a un descubrimiento maravilloso.
  ‘Guerra Mundial Z’, dirigida por Marc Foster que llevó a cabo la maravillosa ‘Finding Neverland’ o la brutal ‘Monster’s Ball’ en la que aparecía fatídica y trágicamente, qué curioso, un joven Heath Ledger y cuyo protagonismo le valió un Oscar a Halle Berry, es la historia de Gerry Lane (Brad Pitt), un antiguo agente de la ONU, que, tras abandonar su pasión (el curro) por su familia, se siente obligado (y le obligan) a volver al tajo tras un ataque masivo e indiscriminado contra todos los bichos vivientes del planeta.
Es una plácida mañana familiar para los Lane. Pero de pronto, Filadelfia es atacada por una plaga de zombis.
La raza humana parece que va a ser destruida, así que el machote de Gerry se siente obligado a salvarla por encima de su propia familia y de él mismo.
El superhéroe por antonomasia.
Esa es la historia. Aderécenla con unos cuantos zombis. Un poco de tensión tipo thriller. Algún sustito de blandiblú. Y una buena dosis de sionismo. Supongo que no es gratuito que a mitad de metraje se afirme sin rubor que el origen de la plaga procede de Palestina. Y que la imagen posterior, como trata de ser la cinta, sea apocalípticamente espectacular. Miles de palestinos zombis se suben por los muros de la ciudad atacando a la raza humana.
Paralelismos los justos, ¿no?
  ‘Guerra Mundial Z’ es la peli de Brad Pitt. Y es una peli porque se le ha puesto en los cojones a Brad Pitt. Y no es nada más que eso.
No paguen por verla. Háganse con ella gratuitamente y úsenla como esponja de baño, bolsa de basura o pastilla del día después. O si no para una siesta dominguera de tres horas.

Planilandia: El video de Vigalondo para Lori Meyers

Nunca he ocultado mi debilidad por Lori Meyers. Una banda con vocación mainstream desde sus inicios y que, honestamente, no han engañado a nadie.
Desde luego, la campaña de publicidad les ha valido la pena. Por los resultados. Meses de marketing e intriga, de adelantos minimalistas, de carteles en la calle desde los que podías descargar las canciones de ‘Impronta’ mediante una aplicación, de encuestas en Facebook para elegir por votación popular la canción para el primer video del LP (así les ha ido). Y entrevista en El País Semanal incluida! Imagino, insisto, que todo esto les habrá valido la pena a una banda con vocación mainstream (documental Independientes?). Tanto como para que el director mainstream les haga un videoclip y, así, ser lo máááaas!!!!

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‘Impronta’ supone seguir por el camino que marcaron con ‘Cuando el destino nos alcance’ (qué gran camino!). Pero también con ‘Alta fidelidad’, ‘Tokio ya no nos quiere’, ‘Viaje de estudios’, ‘Ham´a´cuckoo’, ‘Luces de neón’. Joder, tras ‘Hostal Pimodan’ iban a ser los nuevos Los Planetas, que decía algún avispadillo.
‘Impronta’ me suena a Supertramp. A The Cure.
Son hipnóticamente bailables. Como ahora son todos?

‘El tiempo pasará’ es el temazo. Funky. Un puto hit!
El resto discurre por los senderos ya conocidos. Con baladas de mechero en mano como ‘Impronta’, ‘Deshielo’ o ‘Tengo un plan’ (qué me encanta!).
Y con letras bellísimas y actuales, algo forzadas a veces (sello de identidad Lori).
Y es que, durante semanas, ‘Bromas privadas en lugares públicos’ de los Hazte Lapón e ‘Impronta’ de los Lori han retumbado en mi cabeza diariamente hasta producirme un ictus .
Sí. Tengo el vinilo del último de los Lori. Me sé todas las canciones. Y voy a darlo todo el Día de la Música 2013 con La Loca.Con los Lori
Pero es que ahora se descuelgan con video. Dirigido por Nacho Vigalondo (ey!). Y protagonizado por Bárbara Goenaga (bellísima siempre) e Ignatius Farray (por qué??? es el que hace de etiqueta del Jägermeister. mirad los cuernos en el video. lo sé de buena tinta)
Francamente, a pesar de los gintronics que llevo (oiga! 3 pavos en El Palentino way of life!), no salgo de mi asombro.
El video es una chufla. Una chusta. Huele a tomadura de pelo. Incongruente. Idiota. Mediocre. Ni siquiera sirve para lucir al grupo. O a los protas. Es como si Vigalondo quisiera deshacerse de las peores tomas y secuencias de una peli que hubiese rodado. Y para colmo coge y va y le enchufa el ‘Planilandia’! Sin coherencia. Sin sensatez. Sin decoro.
Espero poder verlo sin estar al borde del coma etílico. Pero es que entonces quizá lo entendería. Y entonces sería la pescadilla que se muerde la cola. Y de nuevo al coma etílico. O al delirium tremens.
Coño, podría haberlo dirigido Isabel Coixet. Al menos nos cortaríamos las venas.

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La noche al revés

La noche al revés’ es la adaptación de Fátima Sayyad de ‘La nuit a l’envers’, la obra de Xavier Durringer (París, 1967; director de pelis como ‘¡No me vengas con historias!’ o ‘De Nicolás a Sarkozy’) que se representa todos los Martes de Abril a las 20.00 en el Café Teatro Arenal.
Dirigida por Chema Coloma, que a interpreta a la vez a Javier. Y con la propia Fátima Sayyad como Lola. Ambos, Javier y Lola, serán los protagonistas y únicos personajes del libreto.
Siempre lo hemos comentado entre los spainerds. Que el día que concertemos los servicios de una prostituta seguro que lo haremos para hablar con ella. Imagino a Blutowski o mí mismo:
– Eh, señorita, no, esto (pausa, cabeza entre los hombros, mirada al suelo) yo sólo quiero hablar.
En realidad este es el argumento de ‘La noche al revés’
Lo primero que encontramos sobre el escenario es la austeridad del decorado. Mesa camilla, cama, silla y biombo. Acorde al contexto, cuyo argumento transcurre en la deprimente habitación de Lola, una prostituta de la Calle Montera.
Javier es un solitario. Podríamos decir un loco que sueña con vivir en su particular paraíso, sueño encerrado en la lámina que cubre el chocolate de su marca favorita. Y que, después de acordar con Lola el encuentro y subir a su habitación, su objetivo no es el del coito. Chema Coloma comienza aceptablemente en la construcción de Javier y nos engancha rápidamente a su personalidad segregada. Pero, posteriormente, Javier se hace plano en el tratamiento. Sucesivamente cae en la autocompasión. Se engaña a sí mismo. Y la empatía primera decae y el espectador se siente algo apabullado.
Fátima Sayyad va de menos a más. Gana terreno cuando deja de impostar las risas y los silencios, cuando trata con naturalidad y medida al personaje, sin el exceso. Quizá es lo que tiene fabricar el personaje de una prostituta, que normalmente lo más sencillo es tirar del amaneramiento. Porque Lola gana en soltura, espontaneidad y profundidad cuando se quita el maquillaje.
‘La noche al revés’ parece que trata de analizar una distopía. La de una sociedad más o menos actual (ruido, máquinas, soledad, marginalidad), pero se queda a medio camino entre la novela rosa y el culebrón veraniego de la temporada. Las zonas oscuras del relato carecen de la dramática suficiente. El avance del texto es irregular, dando demasiada importancia a la presentación de los personajes, quizá innecesaria a la realidad de la trama que posteriormente se desarrolla con facilidad. Hasta la mitad de la obra donde de nuevo decae el ritmo al adentrarse en el manido recurso del amor verdadero. Por tanto no consigue ser cómica en los tramos en que se trata de desdramatizar el asunto, ni ahondar en la desventura, ni ser eficaz en la miseria o la desdicha como para atrapar.
Al salir del Café Teatro Arenal, aún dudaba si Javier era un loco o solo un advenedizo. Pero reflexioné. Si alguien cree que Javier y Lola son unos locos, ¿son igual de locos que dos jóvenes que se encuentran una noche en una discoteca y se van a follar a casa de uno de ellos sin conocerse de nada?