Colombia 1 – Japón 2

Cualquier cosa que uno quiera escribir sobre un partido en el que en el minuto cinco ya se ha metido un gol de penalti y se ha expulsado al jugador que lo cometió, dejando con diez y con gol en contra a uno de los contrincantes, está condicionado por esa acción, antiguamente caudal para la controversia, pero que con el VAR no cabe duda imaginable ni ficticia.

Y eso es lo que ha sucedido en el Colombia contra Japón que esta tarde inauguró el grupo H del Mundial de fútbol que se celebra en Rusia. Una acción desafortunada del defensor colombiano Carlos Sánchez dio ventaja a los nipones que, de penalti y en el minuto cinco de la primera parte, se adelantaban en el tanteador con gol de Kagawa y, además, disfrutaban de la ventaja de contar con un jugador más en la cancha.

Colombia, que venía de ser una de las sensaciones del pasado mundial de Brasil en 2014, saltaba al terreno de juego con la suplencia de James y con la compañía de la mala suerte, su personal “parce” en las fases finales de los mundiales de fútbol. Quién no recuerda el gol de Escobar en propia portería durante el partido que los enfrentó a Estados Unidos en el mundial de 1994 y que dejó fuera de las aspiraciones a la copa de campeones por segunda vez consecutiva -ya cayó derrotada por Camerún en la prórroga de los octavos de final de Italia 90’- a la mejor generación de futbolistas colombianos (Valderrama, Higuita, Asprilla) hasta aquellas fechas. Pues parece que la segunda mejor generación de futbolistas colombianos (esta de James, Cuadrado, Quintero, Ospina o Falcao), que subieron un peldaño más que sus antecesores al llegar a los cuartos de final de 2014 y perder contra la anfitriona Brasil, están condenados a repetir fracaso.

Tras la expulsión de Sánchez y el gol en contra, Colombia dominó el balón, incorporando cuatro o cinco jugadores casi siempre en los ataques y teniendo ocasiones de gol tangibles. Como la que tuvo Falcao con un remate al saque de una falta en el minuto 11’. Pero Japón, replegada, infundía respeto al contraataque y mostraba el peligro de Inui por banda izquierda que desperdició una buena ocasión solo frente al portero en el minuto 14’.

Hasta pasar la mitad de la primera parte, los mejores sobre el césped fueron Quintero y Cuadrado. El primero lanzaba los contragolpes con profundidad desde el centro del campo, mientras el segundo, con carácter, se exponía en banda derecha y en el ataque recibiendo a cambio saques de esquina u ocasiones venturosas. Sin embargo, el seleccionador Pékerman, que hasta entonces con lucidez no había modificado el planteamiento primigenio de su selección, a pesar de jugar con diez, decidió en el minuto 31’ sacar del campo a Cuadrado para que entrase un medio centro, Wilmar Barrios, rompiendo así la cadencia que hasta ese momento habían logrado los colombianos y con la consiguiente herida que produjo en el equipo. Sin Cuadrado, uno de sus dos mejores jugadores en la tarde de hoy, Colombia apareció más obesa e inconsistente. Un espejismo fue lo de Quintero en el 33’, que se inventó una asistencia genial sobre la espalda de la defensa nipona que solo pudo puntear Falcao sin garantía de gol, prácticamente solo frente al guardameta Kawashima. Y aún fungosos, a los colombianos les dio tiempo a provocar una falta al borde del área japonesa. Otro espejismo. Corría el minuto 38’ y Quintero, de un disparo indolente y perezoso, rasaba el balón hasta el palo izquierdo de Kawashima que hizo más porque el balón se introdujera en la portería que la propia intención con la que Quintero disparó de golpe directo.

Así fue el gol del empate a uno, tras una desventurada primera parte para “la tricolor” en la que no se puede analizar el planteamiento de Pékerman al retirar a Cuadrado, porque tampoco uno sabe si la actitud propuesta por Nishino, el seleccionador de “los samuráis”, era aguantar el traqueteo de la hormigonera colombiana hasta que esta gripase en la segunda parte por las revoluciones a las que sometió al motor físico desde que los nipones se adelantaran y Barrios sustituyera a Cuadrado.

No podíamos saber si el movimiento de Pékerman antes de ir al descanso iba a solucionar algún problema, si es que lo hubiera habido tras la expulsión de Sánchez, porque Colombia se extendía sobre el campo con vértigo, si bien es verdad que muy por el centro, y porque el gol “cafetero” vino a balón parado. Quizá el aguante físico fuese lo que preocupara al entrenador de nacionalidad argentina.

Tras el descanso Japón salió mejor ordenada y con interés en mostrar la buena capacidad técnica de sus jugadores, aunque no se pudiera nombrar a ninguno por encima de los otros. Quizá Inui, siempre muy bien desmarcado cerca del área y por la izquierda, que en el 56’ volvió a tener una ocasión de gol limpia que Ospina, el portero colombiano, rechazó con veteranía. Así que la labor nipona confluía en el equipo, pese a ser un conjunto plano y sin discurso, y según pasaban los minutos parecía más cerca su segundo gol que la machada de los colombianos.

Para rematar, Pékerman sacó del campo a Quintero, físicamente cascado, eso es cierto, y dio entrada a James, en baja forma y posiblemente no recuperado de sus molestias musculares.

Así las ocasiones llegaron para Japón, sin promesa de gol, pero al menos molestas. Y en el 68’ además Nishino metió a Honda en el campo por Kagawa. Pékerman hizo lo que pudo metiendo a Bacca por Izquierdo. Pero fue el veterano Honda el que lanzó el balón magníficamente desde el córner izquierdo en el minuto 72’ y su compañero Osako lo remató de cabeza contra las redes sin demasiada oposición de la defensa “tricolor” y sin que Ospina pudiera reaccionar.

Fue el 1-2. Y así se llegaría al final, con los “parceros” intentando marcar el gol del empate antes que llegar al área contraria, precipitados en los últimos minutos y en los metros finales, sin dar un sentido al argumento que construyera el discurso necesario para convencer al balón de revolcarse entre las redes defendidas por Kawashima.

Todo lo condicionó el penalti bien señalado en el minuto dos y que en el cinco dejó a Colombia con un gol en contra y con un jugador menos por la expulsión de Carlos Sánchez. Así que aquí no valen los apuntes ni las sesudas conclusiones, la verdad se impuso con toda su crudeza dejando en muy mala situación a los colombianos, sobre todo después de que Senegal haya vencido a Polonia por un gol a dos. No serán los africanos el próximo rival de Colombia, los serán los polacos, quizá ahí puedan comenzar la remontada que no los iguale con el fracaso de la generación anterior.

Alemania 0 – México 1

Sabían bien los versados en el arte de la apuesta, y por tanto intelectuales de la estadística, que no era delirio jugarse unos pavos al X2 en el partido que ha enfrentado esta tarde a las selecciones de Alemania y México. En el fútbol moderno, Francia, Italia, España y ahora Alemania, tras perder cero a uno con “El Tri”, tienen en común haberse precipitado al vacío en el primer partido del mundial posterior al que ganaron. De hecho, Francia, Italia y España se quedaron fueran de esos mundiales en la fase de grupos, por lo que repetir la victoria en ese primer partido, o siquiera una buena clasificación, solo ha estado en las botas de las selecciones brasileñas: finalistas en 1998 tras ser campeones en 1994 y cuartofinalistas en 2006 después de proclamarse campeones del mundo en la edición de 2002.

Con este temor comenzó el partido. México se dispuso larga, veloz y físicamente agigantada. El entrenador Osorio debió pensar que es mucho mejor adelantar el trabajo, antes que tener que terminarlo con prisa, así que desde los primeros minutos “El Tri” intentó doblegar a los alemanes con profundidad. En el minuto 13’ Layún lanzó una falta al centro de la defensa alemana, esta tarde aniquilada y mermada por un deleznable Hummels, siempre lento y descolocado, que estuvo a punto de culminar en gol.

La respuesta alemana en el minuto 15’ fue desplegarse y centrar desde la derecha, para en el rechace disparar desde fuera del área. México entonces contraatacó en el 17’, con un jugadón de recuperación y entrega al primer toque de un lanzado Lozano que terminó en los pies de Chicharito, solo, que en lugar de rematar se revolvió sobre sí mismo perdiendo el balón. Sorprendía entonces la titularidad de Neuer, pese a ser el favorito, en detrimento de ter Stegen que realizó una fenomenal temporada con el Barcelona.

El traqueteo era constante en las dos áreas. Werner, el delantero germano, mostraba pequeñas dosis de su calidad en los desmarques, con elasticidad frente a la portería. Mientras sus compañeros defensas se comportaban como cándidos alevines y en la media-punta se trataba de ganar rápidamente con disparos desde fuera del área de Ochoa que atajaba sin problemas. A la vez Lozano aprovechaba la velocidad en la otra área. De mitad de campo hacia arriba, Herrera lanzaba a los mexicanos como una puñalada, pero que siempre terminaba pinchando en costilla. Acompañaban en los lanzamientos de falta Layún y Guardado. Los alemanes eran entonces una laguna en la que los media-puntas mexicanos – Carlos Vela, Layún, Lozano- surfeaban como jóvenes californianos en los sesenta. Solo Kroos y Draxler por parte de Alemania parecían dispuestos a que no se cumpliese la profecía del campeón derrotado en el debut. Ozil estuvo desaparecido lastimosamente, mientras Herrera y Lozano se hicieron con el centro del campo.

En esas llegaron los últimos quince minutos. En el 33’ Carlos Vela dio un gran pase a la diagonal de Layún por banda derecha que franco la tiró al portero, demostrando una vez más la fragilidad de la defensa germana. Dos minutos después, sin pausa, Herrera recuperó el balón para lanzar de nuevo al equipo hacia Guardado que cruzó frente al área para Lozano en la izquierda que recortó soberbio y con talante la puso al palo derecho de Neuer. Golazo. Cero a uno. El marcador ya no se movería. Pese a que en el 37’ la contestación inmediata de “La apisonadora” se materializó en una falta lanzada por Kroos a la escuadra de Ochoa que resolvió con los dedos enviándola al larguero. Paradón. Y en el 45’ de nuevo Carlos Vela en la frontal disparó para casi el cero a dos.

Los mejores cuarenta y cinco minutos que se han visto en este mundial hasta ahora dejaron en muy mal lugar a la defensa alemana, personificada en Hummels al que tampoco ayudaron las incorporaciones de los laterales y las pocas coberturas de Khedira o Kroos, porque Alemania estaba jugando prácticamente sin centro del campo.

En la segunda parte se notó el agotamiento físico de los mexicanos. Alemania salió mejor, predispuesta a la remontada, pero se mostró fofa en todo momento. El control táctico mermó la emoción que solo caía de un lado: ver si los alemanes eran capaces de responder con dos goles, pero todo se diluía en disparos desde fuera del área.

Ozil y Draxler parecían inclinados a tomar las riendas de su equipo, pero los cambios tampoco acompañaron para desmontar el caos. Antes, Carlos Vela hubiera estado a punto de marcar, en dos contra uno, si Chicharito le hubiese dado en condiciones un balón que le habría dejado solo ante la portería y con Neuer batido.

Entonces, mientras México metió gente de refresco y defensas para contener las ganas de los alemanes – Álvarez, que se incrustó como séptimo defensor, por Vela; y Rafa Márquez, que disputa su quinto mundial consecutivo, por Guardado -, Löw introdujo a tres delanteros o media-puntas más –Mario Gómez, Reus y Brandt – dejando al equipo en un 1-2-1-7 que cumplió a la perfección aquello de que no por meter más delanteros un equipo mete más goles.

Kroos, como único medio, tuvo sus mejores minutos. Mientras México defendía al más puro cholismo, Brandt se inventó una asistencia que dejó a Draxler solo y tirado a la izquierda y cuyo centro trató de rematar Mario Gómez sin fortuna. En el rechazo, el propio Brandt envió un boleón diabólico que se marchó fuera por poco.

Se cumplió así la profecía del campeón devastado, esta vez por México que ganó con justicia homérica.

En principio, Alemania no debería pasar apuros pese a la derrota, sus próximos rivales, Suecia y Corea del Sur, no tendrían que enviar a la lona al actual campeón del mundo. Pero Suecia ya eliminó a Italia en la repesca para clasificarse para este Rusia 2018. Y Francia, Italia y España jamás pensaron quedarse apartadas tan pronto en los anteriores mundiales.

 

Costa Rica 0 – Serbia 1

Casi todo el mundo reconoce que el escaparate de una competición internacional no es el mercadillo de las gangas para los fichajes de calidad. Ejemplos hay a patadas: los nigerianos fraudulentos tras USA 94’, la pléyade de franceses infructuosos que conquistaron los equipos europeos después del Mundia 98’ y la Eurocopa de 2000, Milan Baros, máximo goleador de la Eurocopa de 2004; lo senegaleses cuartofinalistas del Mundial de Corea y Japón; incluso los españoles que se han exportado en los últimos ochos años, la mayoría trabajan con más pena que gloria, aunque estén consiguiendo ganarse la vida dignamente. Al parecer todo el mundo lo sabe, menos los comentaristas de Cuatro, valedores esta tarde del media-punta serbio Milinkóvic-Savic, una frivolidad como que Luque promocionara, durante el encuentro que enfrentó a Costa Rica contra Serbia, que de eso se trataba, la nueva rutina de Mujeres Hombres y Viceversa en el canal rojo, como si aquello fuese algo de lo que presumir tras descabalgar al programa Las mañanas de Cuatro.

Una frivolidad como cuando Florentino Pérez intenta fichar saldos como De Gea y pone en cuestión al portero titular de su Real Madrid, Keylor Navas, el mejor de los ticos esta tarde que, pese a ello, no pudo evitar la derrota de su selección frente a Serbia por cero goles a uno.

El primer partido del grupo E del Mundial de Rusia, se aventuraba algo más ligero que los encuentros disputados entre la tarde del viernes y ayer sábado. Ninguna selección ha salido hasta ahora con carácter de campeón del mundo, ni siquiera Francia, y aún menos Argentina, siendo Croacia la única que ha dado muestras de intensidad con su victoria a Nigeria por dos goles a cero. El fútbol lo puso Perú, pero con poca fortuna pues salió derrotada por cero a uno contra Dinamarca.

Y ligero ha sido el partido porque tampoco se ha mostrado gran cosa. Un arranque prometedor por parte de Costa Rica, con un 1-3-4-3 que conforme pasaban los minutos se transformaba en los repliegues hasta formar casi una línea de seis atrás. Tuvo un cabezazo el defensor González en el minuto 11’ después de córner. Y Venegas fue muy activo por su banda izquierda. Pero a la hora de la verdad, fue Serbia la que demostró más confianza en ataque, sin jugadores que despuntaran, tampoco Milinkóvic-Savic, pero con un conjunto muy ordenado, con temple en el jugo horizontal y esperando su oportunidad.

Costa Rica estuvo muy limitada todo el tiempo. Si Bryan Ruíz no participaba del juego, si no bajaba al centro del campo para conducir y mandar balones hacia los extremos, “La Sele” no explotaba y se perdía en acciones personales de los extremos, principalmente de Venegas que terminaba las jugadas con centros muy malos o perdiendo el balón ante la defensa serbia.

Serbia en cambio aburría con el balón, pero se acercaba con profundidad. En el minuto 15’ Keylor Navas despejó un centro peligrosísimo de Ivanovic por la derecha. Y en el 35’ tuvo que sacar los puños con contundencia ante un saque de esquina mefítico de Kolarov. El orden de Serbia aguantaba el partido ante la evasión de Costa Rica, con un Ureña de delantero titular, una boya ágil con poca fortuna en el disparo a portería y que mandó un balón bien presentado al cielo; y con jugadas aisladas como la del minuto 41’, gran combinación que Calvo lanzó cerca del poste izquierdo. La respuesta de las Águilas Blancas fue una chilena de niño aún con pantalones cortos de Milinkóvic-Savic que Keylor atrapó.

En la segunda parte salió mejor Serbia y a los pocos minutos Navas hizo otro paradón en un mano a mano con Dmitrovic. Pero no pudo hacer nada el portero tico frente a la falta lanzada por Kolarov, desde el borde del área un poco más tarde, que coló el balón en la portería de un zurdazo fantástico.

Así que Costa Rica quemó todas las naves antes del minuto 75’ dando entrada a Bolaños, Campbell y Colindres. Habilidad y velocidad. Pero siempre se fue con precipitación hacia arriba, casi sorteando el centro del campo, y cuando no podía romper la severidad serbia, parecía que a ratos intentaba defender un empate ficticio.

El Costa Rica contra Serbia no ha despejado ninguna incógnita, teniendo en cuenta además que los mejores fueron Keylor Navas, el portero, por los costarricenses; y Kolarov e Ivanovic, los dos laterales, por los serbios. Lo que sí es cierto es que Óscar Ramírez hoy tendrá pesadillas al acostarse, pues la derrota frente al equipo entrenado por Krstajic deja a su selcción con pocas opciones en un grupo en que Brasil es la favorita para ganar los tres partidos.

Portugal 3 – España 3

Era de esperar que el primer partido entre dos selecciones favoritas al título final de este Mundial de fútbol 2018 no dejase el mismo regusto a amateurismo que se había vivido en los tres partidos que antecedieron al Portugal contra España. De hecho, es que casi ni dio tiempo a mirar las alineaciones, sorprenderse por ver de titular a Nacho y no a Odriozola en el lateral derecho de la roja y aún menos a hacer la digestión de la movida de Lopetegui, cuando Cristiano Ronaldo ya marcaba el primer gol, de penalti. Fue en el minuto 3’ de la primera parte. Y como en el partido que enfrentó a Rusia contra Arabia Saudí, el VAR permaneció desaparecido ante una falta muy dudosa y que se dejó a libre interpretación del árbitro. Así que de esa manera, el musculado Cristiano Ronaldo hizo el primero de los tres goles que terminaría por realizar. Cero a uno contra los españoles sin apenas haberse quitado las legañas de la siesta.

A partir de ese momento se pudo ver el encuentro que todos teníamos en nuestras cabezas. Una España horizontal y sin fuste, como criticó Aspas después del partido ante la selección de Túnez. Y una Portugal ligera, pendiente de robar balones en el centro del campo para lanzarlos cual quarterback hacia las carreras de Cristiano Ronaldo o Guedes, ambos desaparecidos durante los noventa minutos. A excepción de las posturitas y los tres goles de Ronaldo.

En la horizontalidad infumable de España, trataban de despuntar Silva e Iniesta pero con poco acierto. Isco, en cambio, a su rollo, gustaba del gambeteo pueril y despreciaba el primer toque, corto y rápido, la triangulación sencilla y de patio de colegio, por embolsar balones y hacer la ardilla girando sobre sí mismo para dar el balón atrás tras control manoseo y pase, o directamente perderlo. Así que tuvo que ser con un balón en largo que el bueno de Diego Costa controló, frente al actor de telenovela Pepe, como tuvo que llegar el primer gol de España. Con una soberbia jugada personal del hispano-brasileño, muy de las suyas, que desde casi el borde del área cruzaba el balón raso y lento hasta rozar sin fuerza las redes de la portería defendida por Rui Patrício., hasta entonces como actor de relleno, de los que aparecen en los créditos pero no se le ve en la peli.

La alegría del empate en España duró veinte minutos y una asistencia de Jordi Alba que Iniesta, solo, desaprovechó dando fe de que no es un hombre para los últimos veinte metros de campo. Todo esto hasta que Cristiano Ronaldo se inventó un disparo párvulo desde fuera del área que el portero español De Gea se metió en la portería como si de un niño de cinco años se tratase.

Así se llegó al descanso. Posiblemente con un Fernando Hierro, sustituto del malintencionado Lopetegui, sin muchas argucias en sus entendederas e inclinado a tirar de la casta o del coraje para dar la vuelta al marcador en contra.

Y así fue el comienzo de la segunda parte. Con un Jordi Alba en muy buen tono. Con Piqué y Sergio Ramos defendiendo en el centro del campo. Mientras la pelota, por desgracia, seguía yendo de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, sin sentido, sin peligrosidad, con Isco como acostumbra y que seguro será del gusto de los bisoños, pero que en el fútbol del siglo XXI no es más que un segundón. Tuvo que ser Silva, imperial cada vez que se le dejaba participar, el que colgase un balón a la derecha del área portuguesa para que Busquets asistiera de cabeza el segundo gol de Diego Costa, en el filo de la línea de meta, que ponía el empate a dos en el marcador.

Solo tres minutos después, tras otro centro de Silva al área, el rechace cayó a la derecha de Nacho que, desde su costado, pego un zapatazo con la diestra que acabó linealmente en la esquina de Rui Patrício.

La remontada épica estaba conseguida. El pulso de los españoles se dilataba durante al menos los dos minutos de rabia y celebración. Pero luego llegó más de lo mismo. Horizontalidad española frente a un sabio como Fernando Santos que del error sabe hacer virtud, que del fango supo sacar una Portugal campeona de Europa. Y se fueron Bernardo Silva, Guedes y Bruno Fernandes, los únicos con algo de fútbol en el equipo portugués. Mientras España remoloneaba con el balón, sin intención, como guardando el resultado, a pesar de la entrada de Aspas y sin intención de que Asensio disputase el tiempo de la basura para tratar de meter miedo con su golpeo desde fuera del área o con su zancada vertiginosa. No. Hierro tampoco tuvo la culpa, salvo ser un cagón en los cambios. Pues en esas vino el minuto 88’ y una falta al borde del área española. De Gea colocó la barrera como un universitario de erasmus cuelga la ropa lavada de tres días. Cristiano Ronaldo se la pide. Y de un derechazo la manda al palo que debió cubrir la barrera, pero también sin disposición de De Gea por pararla.

Era el empate a tres. Un empate a tres. Una victoria para Portugal. Una derrota para la selección española. Mientras Cesc está de vacaciones y Silva sigue sin recibir los galones que merece. Zubizarreta 1998, De Gea 2018. Hagan sus apuestas.

Egipto 0 – Uruguay 1

Afortunadamente la jornada de hoy comenzó de una forma muy diferente a la del partido inaugural de este Mundial de fútbol 2018. Egipto y Uruguay se enfrentaron en el segundo partido de la competición y también del grupo A, en duelo que parecía de por sí decantado hacia los sudamericanos según las apuestas.

Un 1-4-4-2 sacó el profesor Tabárez, seleccionador uruguayo que se mostró físicamente castigado por la edad, para enfrentar el partido, con dos laterales, Cáceres y Varela, que realmente conformaban más una pared de cuatro centrales. Enfrente Egipto sin Salah, pese a que Héctor Cúper, entrenador de los egipcios, lo dio como titular horas antes.

Pues a pesar de las apuestas, la primera ocasión del partido la tuvo en sus botas Trézéguet, en la media punta egipcia, que se revolvió muy bien contra la defensa uruguaya, aunque el disparo fue inofensivo. El encuentro, por tanto, mantenía la expectación gracias al planteamiento ofensivo de Egipto, con un medio campo comandado por Elneny y una línea de tres en la media punta, formada por Warda, El Said y el mismo Trézéguet que, con más calidad que acierto, se asomaban aunque benévolamente.

Por el contrario, Uruguay, con esos cuatro defensores centrales, prescindió del centro del campo y su juego fue una catapulta que se iniciaba desde Godín o Giménez y que iba a parar a Cavani, principalmente, y a un Luis Suárez desconectado que, además, durante el desarrollo del partido sufrió dos paradones de El-Shenawy, el portero egipcio que fue de los mejores de su equipo.

La calidad estuvo en las botas de Cavani y en el entrelazado de la media punta egipcia durante la primera parte, que fue como ver jugar al Atlético de Madrid -metáfora de los uruguayos- contra un equipo muy de Cúper, con la misma cantidad de calidad que de trabajo. Los laterales de Egipto, principalmente el derecho Fathy, se incorporaban aún con alegría al ataque, al igual que los extremos defendían en el repliegue formando casi una línea de seis en la defensa cuando Uruguay trataba de atacar lanzando melonazos.

Se vio entonces, rozando el medio tiempo, al 10 uruguayo. De Arrascaeta tuvo sus cinco minutos de gloria antes del descanso, cuando se vio menos angustiado por tener que hacer la presión. Sin embargo, toda esa calidad resultaba efímera, pues el 10 tenía que recorrer medio campo para subir el balón desde el centro inoperante de Betancur, Nández y Vecino, hasta el borde del área donde ya perdía todo el fuelle inicial.

A la vuelta del descanso se mostró una cara muy distinta de la selección de Egipto. A pesar de ser todos jugadores de primer nivel pues, al contrario de los saudíes ayer, estos jugadores forman partes de equipos europeos, muchos de ellos en la Premier League, el desgaste físico los desplomó dejándolos a merced de una Uruguay mucho más potente en lo físico. Más si cabe cuando Tabárez decidió incorporar aún más garra que calidad al meter a Carlos Andrés Sánchez y al “Cebolla” Rodríguez por Nández y De Arrascaeta, este último el mejor de los charrúas. De esta manera el peligro celeste solo llegaba a través del balón parado. Y así fue como se construyó el gol de Giménez: con un cabezazo fatal y sin contención al centro de un córner contra el que el arquero egipcio, muy oportuno durante los noventa minutos y sobre todo en su enfrentamiento con Luis Suárez, no pudo hacer nada. Era el minuto 90’, 0-1 a favor de los uruguayos y el partido estaba ya finiquitado a pesar de los cinco minutos de descuento. Ganó el coraje.

Rusia 5 – Arabia Saudí 0

Además de confirmar que el partido que inaugura todo Mundial de fútbol es un jodido tostón, el Rusia contra Arabia Saudí que ha abierto la edición de este 2018, y que también se celebra en Rusia, ha aclarado otras dos cosas: la primera es que la relación de Rusia con el entorno árabe es cada vez más profunda, y para muestra los manoseos de Putin con el gerifalte arábigo que en cada gol transmitía, sin ahorrarse detalles ni cámara lenta, el operador que televisa este mundial; y la segunda: que es mejor quitar el sonido de la tele antes que tener que escuchar las retransmisiones pazguatas y estúpidas de los comentaristas de Mediaset. Poco podremos hacer, existe algo peor que las tres mellizas: CarreñoKikoCamacho; y ese no es otro que Luque, y llegará. Pero podría ser aún peor: Antonio Esteva.

Tras todo esto, casi poco más se puede añadir a la victoria contundente de los rusos contra los árabes. El juego casi romántico que practica Arabia Saudí no fue suficiente para detener a una Rusia que, planteada para el contraataque por su entrenador Stanislav Cherchésov y con muy poco, le endosó cinco goles. Si bien tres de ellos fueron en la segunda parte de los que, los dos últimos, se gestaron en los minutos de alargue.

Ver jugar a Arabia Saudí, a pesar de tener un entrenador correoso como el argentino, naturalizado español por mor de Clemente, Juan Antonio Pizzi, es volver a un fútbol de otra época. La selección saudita parece no haber llegado aún al HD, se comunica con imágenes televisivas de grano ochentero. Un fútbol para románticos, sin los corsés tácticos del fútbol físico europeo. Un fútbol al que solo le podría haber convenido el caos para prosperar frente a unos titanes rusos mejores física y tácticamente.

A pesar de eso, la primera parte tuvo algún destello, como ver a Al Dawsari, elástico, intentar cruzar media cancha al más puro estilo del “Mágico” González. Pero no fue suficiente. Tampoco lo fueron las ocasiones que el conjunto saudí tuvo a balón parado y que estuvieron muy bien ejecutadas. Los rusos impusieron primero su físico. Luego la táctica. Y finalmente ganaron gracias a Gazinski en el minuto 11’ del partido, en segunda jugada tras córner; y después por el golazo de Cheryshev, que fue de la partida por la lesión de Dzagoev en el minuto 24’, y que sentenció el partido con un soberbio zurdazo a la escuadra después de un recorte sensacional en el área saudí, también en segunda oportunidad tras el lanzamiento de otro córner y rozando el final de la primera parte.

El resto fue una filfa que demuestra que un mundial de fútbol con treinta y dos equipos, y tal y como está planteado, solo tiene emoción durante la última jornada de grupos y, sobre todo, a partir de los octavos de final. Una cuestión que no es menor, pues a partir del mundial de 2026 -que se repartirán Canadá, Estados Unidos y México-, serán cuarenta y ocho los equipos que participen.

Tampoco la novedosa implantación del VAR fue, no ya decisiva, siquiera útil. Y eso que en la primera parte hubo dos claros fueras de juego de Rusia que no fueron señalados, e incluso la jugada del primer gol ruso resultó polémica en directo, y tampoco fue repetida por el operador desde un ángulo oportuno, -quizá más interesado en las manitas que en el palco se hacían el presidente ruso y aquel que fuera el representante saudí,- por lo que se vio al defensor de Arabia Saudí caer al suelo sospechosamente ante el impulso de Gazinski.

Poco más se puede relatar del cinco a cero perpetrado por los rusos, pues Arabia Saudí, técnicamente digna, no es un equipo que pueda hacer sombra a ninguna selección europea que participe en este mundial.

Se podrían destacar las incorporaciones al ataque que hizo en la primera parte el lateral diestro ruso-brasileño Mário Fernandes. Pero las notas de calidad las puso Golovin en la media-punta, muy liberado cuando Dzagoev tuvo que ser sustituido. Y la verticalidad ser personificó en Cheryshev, el hijo del icono de finales de los noventa del Sporting de Gijón Dmitri Cheryshev, que con dos goles en el partido reclamó una titularidad que incomprensiblemente aún no parece haberse ganado. Quizá la lesión de Dzagoev le limpie de rastrojos el camino.