España 2 – Marruecos 2

Venía Marruecos al partido frente a España calentada por los malos arbitrajes que la eliminaron de un Mundial de fútbol, Rusia 2018, en el que, salvo excepciones como Perú -también eliminada en primera ronda- o Croacia y la propia Marruecos, ningún equipo ha jugado bien al fútbol. Lo que ya es un arquetipo construido a través de la historia de los últimos mundiales, y posiblemente con el que ganó España a la cabeza por ser el peor mundial de la historia reciente.

Pues venía Marruecos quejándose de los arbitrajes y siendo una de las selecciones que mejor fútbol ha mostrado hasta ahora gracias a su seleccionador, Hervé Renard que, además de guapo, conoce al dedillo el fútbol africano y las bazas que deben jugar sus equipos en los torneos internacionales. Ahí están sus copas de África conseguidas con Zambia en 2012 y con Costa de Marfil en 2015, o su puesto de asistente de la mejor selección de Ghana de la historia durante los años 2007 y 2008, una selección que luego llegaría al Mundial de 2010 para ser la sensación de una competición plana de la que Ghana fue eliminada injustamente por la Uruguay de un incipiente Luis Suárez -es memorable el penalti que cometió frente a Ghana y que Gyan, uno de los mejores jugadores del torneo de 2010, falló- y un bota de oro como Forlán.

Así que Marruecos, tras veinte años sin participar en un Mundial, se presentó frente a España, en el partido definitorio para los españoles, solo con la garantía de salvar su honra, una vez que, con dos partidos perdidos, contra Irán y Portugal, sorpresivamente y por el peso de las decisiones arbitrales, ya no tenían opciones para poder clasificarse para los octavos de final.

España, en cambio, con una selección de jugadores adorados hasta el ridículo, se presentó, en el partido determinante para optar a la clasificación para los octavos de final, tras dos encuentros frente a Portugal e Irán en los que el juego de “La Roja” había sido tan plano como el cerebro de aquellos que ahora, en el siglo XXI, vuelven al antropocentrismo y consideran que el planeta Tierra es tan llano como el lenguaje del pobre seleccionador español, Fernando Hierro. Un tipo, el malagueño, que a pesar de todo asegura buenas intenciones para salvar de lo grotesco a una selección apuntillada por la irresponsabilidad de Julen Lopetegui al firmar por el Real Madrid a solo dos días de comenzar la competición.

Con estos fundamentos llegaban las dos selecciones a un enfrentamiento en el que, para ambas, el premio era mucho mayor que solo una victoria efímera.

Así que Marruecos salió alegre en la primera parte, con una alineación ofensiva para tratar de presionar a España en un medio campo que, sin una solución como la que consiguió el exseleccionador Vicente Del Bosque en el Mundial 2010 al poner a dos medio centros defensivos (Busquets y Xabi Alonso) y un medio centro puro (Xavi), aún no se ha determinado por una dirección (defensa-ataque) y en el que la posición de acompañante de Busquets ha rotado en los tres partidos que lleva disputados “La Roja” hasta el momento. De esta manera, la línea de cuatro media puntas marroquíes formada por Ziyech, Belhanda y sobre todos Boussoufa y Amrabat, con El Ahmadi de contención por detrás, puso en muchas dificultades a un medio campo español en el que Thiago siempre partía por detrás de Busquets y al que tenían que bajar los media puntas españoles, Isco e Iniesta, para tratar de desatascar un juego en el que el balón lo manipulaba Sergio Ramos como quien se bebe tres copas y se mira en el espejo y se dice a sí mismo que está en su mejor momento.

En una de esas contiendas llegó una entrada de Piqué con las dos piernas por delante en la que el jugador español debió de ser expulsado. En la siguiente, Sergio Ramos, creyéndose de nuevo Rijkaard en la Holanda de los ochenta, puso en problemas a Iniesta para posteriormente desatender el pase del media-punta, perder el balón y dejar a Boutaib solo frente a De Gea. El delantero marroquí hacía el cero a uno a favor de los “Leones del Atlas”. Llamó la atención en todo esto, mientras Marruecos ponía difícil no solo la victoria de España, sino su continuidad en la competición, que, en la jugada decisiva del partido hasta ese momento, fuera Iniesta el que corriera más que Sergio Ramos para defender el error del defensa.

Pronto, a los cuatro minutos, Isco remató dentro del área un balón cedido por Iniesta al pase de la muerte tras una orientación sensacional de Diego Costa, posiblemente el mejor jugador del partido, en el borde del área defendida por los marroquíes. Isco hacía así el uno a uno y, si mientras Portugal ganaba a Irán, España se clasificaba para los octavos de final, eso sí, en segunda posición. Era el minuto 19’ del partido, y en el 24’ otro error de la defensa española al saque de banda de Marruecos dejó solo, en uno contra con De Gea, a Boutaib que, apresurado, erró el disparo lanzándolo al cuerpo del portero.

Desde entonces siguió errando España. Con un Sergio Ramos aún más romo y preocupado de sí mismo que en su propio club. Con una selección que tiene que adaptarse al juego lento y parsimonioso de Isco, un jugador que solo sobresale cuando se le da esa potestad, ese protagonismo, pero que no es válido para el juego tejido que quiere realizar España. Con un Iniesta que solo aporta detalles sin sentido práctico y que molesta a Isco, igual que Isco molesta a Iniesta. Y con unos Diego Costa y Silva trabajadores, tratando de abrir huecos en la defensa marroquí, pero con poco protagonismo en las combinaciones por la dejadez de Isco e Iniesta. Y con un Thiago Alcántara acompañando a Busquets que solo puede demostrar dos cosas: la primera es que Hierro no tiene claro el compañero de la boya española en el centro del campo; el segundo es que se infiere, con esta alineación -en la que no se produjeron los cambios que vaticinaron los comentaristas de las nadas durante los días previos al partido-, que Saúl debe sufrir un estado físico deplorable para no escoltar al 5 español en el centro del campo.

Las sensaciones que transmitía España al descanso eran las de un equipo agotado y sin rumbo. Y la segunda parte las confirmó. Iniesta e Isco torpes, pero adorados por el colectivo hasta creer que deben seguir jugando como por decreto, mientras esperan en el banquillo Asensio y Aspas. Y mientras Silva, escorado en la derecha, no tiene el protagonismo que sí soporta en el Manchester City.

El juego español en la segunda parte fue desastroso. Diego Costa y Silva se movían entre líneas para intentar aclarar el borde del área marroquí, pero Isco prefería sobar el balón sin una intención clara. España se diluía, salvo por los arranques de bravura de los laterales tratando de echar el balón hacia adelante, con Diego Costa memorable soltando la pelota al primer toque y dejando en posiciones ventajosas a sus compañeros. Pero el fútbol no fluía y Marruecos aún daba la impresión de poder acabar con los españoles en un contragolpe gracias a la presión de la línea de cinco en el medio del campo y al repliegue defensivo que ponía a seis jugadores al borde del área defendida por Munir, pero sin acularse ni achicarse.

En esas, con seis jugadores marroquíes incorporados al ataque, vino un disparo de Amrabat con derecha desde el costado y fuera del área que a punto estuvo de colarse por la escuadra de la portería defendida por De Gea. El balón golpeó la cruceta y rebotó en el suelo mientras el propio De Gea permanecía impasible e incluso cerraba los ojos. El rebote hubiese dado una segunda oportunidad para hacer gol a un delantero con más picardía de la que demostró en ese instante Boutaib. Era el minuto 54’. Y hubo que esperar casi diez minutos más para que España respondiese con un cabezazo de Isco a centro de Carvajal desde la derecha, después de una apertura de espacio de Silva -incluso pudo haber rematado- y un pase de Diego Costa, como un frontón, que dejó al lateral con espacio suficiente como para poner un buen centro.

Sin mucho más que añadir, salieron Aspas y Asensio por Thiago y Diego Costa. Se notó el coraje y la inteligencia del gallego, pero que posiblemente juegue mejor en las posiciones de Iniesta o Isco, por detrás del delantero, como la pasada temporada jugó en el Celta por detrás del uruguayo Maxi Gómez, que hoy debutó en el mundial frente a Rusia.

Así llegó una flamante oleada de Marruecos que terminó con un córner sacado por Fayçal Fajir y que remató de cabeza En-Nesyri a la escuadra izquierda de De Gea. Otro error de Sergio Ramos, esta vez en la marca de En-Nesyri al que dejó solo. De Gea podría haber salido, pero poco más se le puede achacar en este gol al portero. Era el uno a dos y de nuevo España estaba por detrás en el marcador y, con la incertidumbre del resultado del partido que jugaban Irán y Portugal, con los planes de clasificar para octavos completamente desmantelados.

Fue más allá del 90’, de nuevo los minutos más resolutivos en otro partido de este Mundial de Rusia, el momento decisivo del encuentro. Centró Carvajal por la derecha y Aspas, moviéndose como pez en el agua entre líneas, de un taconazo soberbio mandaba el balón contra las redes de la portería marroquí para hacer el dos a dos. Aspas demostró así lo injusto de su suplencia en una selección que ni juega ni gana.

El gol de Aspas vino acompañado de un penalti a favor de Irán con el que los iraníes consiguieron empatar el partido contra Portugal y qué a su vez, gracias al gol de Aspas, puso primera del grupo B a España, salvándose así “La Roja” de disputar los cuartos de final contra Uruguay, selección a la que todos los opinadores dan como muy favorita, pero que hasta hoy no demostró nada.

El lado del cuadro de España a priori debería de estar despejado de selecciones incómodas, a parte de Rusia, la organizadora -como Corea del Sur en 2002- y rival en octavos de final. Pero, teniendo en cuenta que caerán por ese lado Bélgica o Inglaterra -aunque solo se han mostrado ante selecciones de muy bajo nivel como Túnez y Panamá-, y que ni Alemania ni Brasil, ni siquiera Francia -pues depende del último partido frente a Dinamarca, aunque le vale el empate para ser primera del grupo C-, tienen aseguradas las primeras plazas en sus grupos, el descosido futbolístico español se puede unir al destrozo de tópicos en los resultados de este mundial y dar con unos octavos de final encendidos y que pondrían a España en la peor de las situaciones que se podían anticipar antes de comenzar la competición.

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