Colombia 1 – Japón 2

Cualquier cosa que uno quiera escribir sobre un partido en el que en el minuto cinco ya se ha metido un gol de penalti y se ha expulsado al jugador que lo cometió, dejando con diez y con gol en contra a uno de los contrincantes, está condicionado por esa acción, antiguamente caudal para la controversia, pero que con el VAR no cabe duda imaginable ni ficticia.

Y eso es lo que ha sucedido en el Colombia contra Japón que esta tarde inauguró el grupo H del Mundial de fútbol que se celebra en Rusia. Una acción desafortunada del defensor colombiano Carlos Sánchez dio ventaja a los nipones que, de penalti y en el minuto cinco de la primera parte, se adelantaban en el tanteador con gol de Kagawa y, además, disfrutaban de la ventaja de contar con un jugador más en la cancha.

Colombia, que venía de ser una de las sensaciones del pasado mundial de Brasil en 2014, saltaba al terreno de juego con la suplencia de James y con la compañía de la mala suerte, su personal “parce” en las fases finales de los mundiales de fútbol. Quién no recuerda el gol de Escobar en propia portería durante el partido que los enfrentó a Estados Unidos en el mundial de 1994 y que dejó fuera de las aspiraciones a la copa de campeones por segunda vez consecutiva -ya cayó derrotada por Camerún en la prórroga de los octavos de final de Italia 90’- a la mejor generación de futbolistas colombianos (Valderrama, Higuita, Asprilla) hasta aquellas fechas. Pues parece que la segunda mejor generación de futbolistas colombianos (esta de James, Cuadrado, Quintero, Ospina o Falcao), que subieron un peldaño más que sus antecesores al llegar a los cuartos de final de 2014 y perder contra la anfitriona Brasil, están condenados a repetir fracaso.

Tras la expulsión de Sánchez y el gol en contra, Colombia dominó el balón, incorporando cuatro o cinco jugadores casi siempre en los ataques y teniendo ocasiones de gol tangibles. Como la que tuvo Falcao con un remate al saque de una falta en el minuto 11’. Pero Japón, replegada, infundía respeto al contraataque y mostraba el peligro de Inui por banda izquierda que desperdició una buena ocasión solo frente al portero en el minuto 14’.

Hasta pasar la mitad de la primera parte, los mejores sobre el césped fueron Quintero y Cuadrado. El primero lanzaba los contragolpes con profundidad desde el centro del campo, mientras el segundo, con carácter, se exponía en banda derecha y en el ataque recibiendo a cambio saques de esquina u ocasiones venturosas. Sin embargo, el seleccionador Pékerman, que hasta entonces con lucidez no había modificado el planteamiento primigenio de su selección, a pesar de jugar con diez, decidió en el minuto 31’ sacar del campo a Cuadrado para que entrase un medio centro, Wilmar Barrios, rompiendo así la cadencia que hasta ese momento habían logrado los colombianos y con la consiguiente herida que produjo en el equipo. Sin Cuadrado, uno de sus dos mejores jugadores en la tarde de hoy, Colombia apareció más obesa e inconsistente. Un espejismo fue lo de Quintero en el 33’, que se inventó una asistencia genial sobre la espalda de la defensa nipona que solo pudo puntear Falcao sin garantía de gol, prácticamente solo frente al guardameta Kawashima. Y aún fungosos, a los colombianos les dio tiempo a provocar una falta al borde del área japonesa. Otro espejismo. Corría el minuto 38’ y Quintero, de un disparo indolente y perezoso, rasaba el balón hasta el palo izquierdo de Kawashima que hizo más porque el balón se introdujera en la portería que la propia intención con la que Quintero disparó de golpe directo.

Así fue el gol del empate a uno, tras una desventurada primera parte para “la tricolor” en la que no se puede analizar el planteamiento de Pékerman al retirar a Cuadrado, porque tampoco uno sabe si la actitud propuesta por Nishino, el seleccionador de “los samuráis”, era aguantar el traqueteo de la hormigonera colombiana hasta que esta gripase en la segunda parte por las revoluciones a las que sometió al motor físico desde que los nipones se adelantaran y Barrios sustituyera a Cuadrado.

No podíamos saber si el movimiento de Pékerman antes de ir al descanso iba a solucionar algún problema, si es que lo hubiera habido tras la expulsión de Sánchez, porque Colombia se extendía sobre el campo con vértigo, si bien es verdad que muy por el centro, y porque el gol “cafetero” vino a balón parado. Quizá el aguante físico fuese lo que preocupara al entrenador de nacionalidad argentina.

Tras el descanso Japón salió mejor ordenada y con interés en mostrar la buena capacidad técnica de sus jugadores, aunque no se pudiera nombrar a ninguno por encima de los otros. Quizá Inui, siempre muy bien desmarcado cerca del área y por la izquierda, que en el 56’ volvió a tener una ocasión de gol limpia que Ospina, el portero colombiano, rechazó con veteranía. Así que la labor nipona confluía en el equipo, pese a ser un conjunto plano y sin discurso, y según pasaban los minutos parecía más cerca su segundo gol que la machada de los colombianos.

Para rematar, Pékerman sacó del campo a Quintero, físicamente cascado, eso es cierto, y dio entrada a James, en baja forma y posiblemente no recuperado de sus molestias musculares.

Así las ocasiones llegaron para Japón, sin promesa de gol, pero al menos molestas. Y en el 68’ además Nishino metió a Honda en el campo por Kagawa. Pékerman hizo lo que pudo metiendo a Bacca por Izquierdo. Pero fue el veterano Honda el que lanzó el balón magníficamente desde el córner izquierdo en el minuto 72’ y su compañero Osako lo remató de cabeza contra las redes sin demasiada oposición de la defensa “tricolor” y sin que Ospina pudiera reaccionar.

Fue el 1-2. Y así se llegaría al final, con los “parceros” intentando marcar el gol del empate antes que llegar al área contraria, precipitados en los últimos minutos y en los metros finales, sin dar un sentido al argumento que construyera el discurso necesario para convencer al balón de revolcarse entre las redes defendidas por Kawashima.

Todo lo condicionó el penalti bien señalado en el minuto dos y que en el cinco dejó a Colombia con un gol en contra y con un jugador menos por la expulsión de Carlos Sánchez. Así que aquí no valen los apuntes ni las sesudas conclusiones, la verdad se impuso con toda su crudeza dejando en muy mala situación a los colombianos, sobre todo después de que Senegal haya vencido a Polonia por un gol a dos. No serán los africanos el próximo rival de Colombia, los serán los polacos, quizá ahí puedan comenzar la remontada que no los iguale con el fracaso de la generación anterior.

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