Egipto 0 – Uruguay 1

Afortunadamente la jornada de hoy comenzó de una forma muy diferente a la del partido inaugural de este Mundial de fútbol 2018. Egipto y Uruguay se enfrentaron en el segundo partido de la competición y también del grupo A, en duelo que parecía de por sí decantado hacia los sudamericanos según las apuestas.

Un 1-4-4-2 sacó el profesor Tabárez, seleccionador uruguayo que se mostró físicamente castigado por la edad, para enfrentar el partido, con dos laterales, Cáceres y Varela, que realmente conformaban más una pared de cuatro centrales. Enfrente Egipto sin Salah, pese a que Héctor Cúper, entrenador de los egipcios, lo dio como titular horas antes.

Pues a pesar de las apuestas, la primera ocasión del partido la tuvo en sus botas Trézéguet, en la media punta egipcia, que se revolvió muy bien contra la defensa uruguaya, aunque el disparo fue inofensivo. El encuentro, por tanto, mantenía la expectación gracias al planteamiento ofensivo de Egipto, con un medio campo comandado por Elneny y una línea de tres en la media punta, formada por Warda, El Said y el mismo Trézéguet que, con más calidad que acierto, se asomaban aunque benévolamente.

Por el contrario, Uruguay, con esos cuatro defensores centrales, prescindió del centro del campo y su juego fue una catapulta que se iniciaba desde Godín o Giménez y que iba a parar a Cavani, principalmente, y a un Luis Suárez desconectado que, además, durante el desarrollo del partido sufrió dos paradones de El-Shenawy, el portero egipcio que fue de los mejores de su equipo.

La calidad estuvo en las botas de Cavani y en el entrelazado de la media punta egipcia durante la primera parte, que fue como ver jugar al Atlético de Madrid -metáfora de los uruguayos- contra un equipo muy de Cúper, con la misma cantidad de calidad que de trabajo. Los laterales de Egipto, principalmente el derecho Fathy, se incorporaban aún con alegría al ataque, al igual que los extremos defendían en el repliegue formando casi una línea de seis en la defensa cuando Uruguay trataba de atacar lanzando melonazos.

Se vio entonces, rozando el medio tiempo, al 10 uruguayo. De Arrascaeta tuvo sus cinco minutos de gloria antes del descanso, cuando se vio menos angustiado por tener que hacer la presión. Sin embargo, toda esa calidad resultaba efímera, pues el 10 tenía que recorrer medio campo para subir el balón desde el centro inoperante de Betancur, Nández y Vecino, hasta el borde del área donde ya perdía todo el fuelle inicial.

A la vuelta del descanso se mostró una cara muy distinta de la selección de Egipto. A pesar de ser todos jugadores de primer nivel pues, al contrario de los saudíes ayer, estos jugadores forman partes de equipos europeos, muchos de ellos en la Premier League, el desgaste físico los desplomó dejándolos a merced de una Uruguay mucho más potente en lo físico. Más si cabe cuando Tabárez decidió incorporar aún más garra que calidad al meter a Carlos Andrés Sánchez y al “Cebolla” Rodríguez por Nández y De Arrascaeta, este último el mejor de los charrúas. De esta manera el peligro celeste solo llegaba a través del balón parado. Y así fue como se construyó el gol de Giménez: con un cabezazo fatal y sin contención al centro de un córner contra el que el arquero egipcio, muy oportuno durante los noventa minutos y sobre todo en su enfrentamiento con Luis Suárez, no pudo hacer nada. Era el minuto 90’, 0-1 a favor de los uruguayos y el partido estaba ya finiquitado a pesar de los cinco minutos de descuento. Ganó el coraje.

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