España 2 – Marruecos 2

Venía Marruecos al partido frente a España calentada por los malos arbitrajes que la eliminaron de un Mundial de fútbol, Rusia 2018, en el que, salvo excepciones como Perú -también eliminada en primera ronda- o Croacia y la propia Marruecos, ningún equipo ha jugado bien al fútbol. Lo que ya es un arquetipo construido a través de la historia de los últimos mundiales, y posiblemente con el que ganó España a la cabeza por ser el peor mundial de la historia reciente.

Pues venía Marruecos quejándose de los arbitrajes y siendo una de las selecciones que mejor fútbol ha mostrado hasta ahora gracias a su seleccionador, Hervé Renard que, además de guapo, conoce al dedillo el fútbol africano y las bazas que deben jugar sus equipos en los torneos internacionales. Ahí están sus copas de África conseguidas con Zambia en 2012 y con Costa de Marfil en 2015, o su puesto de asistente de la mejor selección de Ghana de la historia durante los años 2007 y 2008, una selección que luego llegaría al Mundial de 2010 para ser la sensación de una competición plana de la que Ghana fue eliminada injustamente por la Uruguay de un incipiente Luis Suárez -es memorable el penalti que cometió frente a Ghana y que Gyan, uno de los mejores jugadores del torneo de 2010, falló- y un bota de oro como Forlán.

Así que Marruecos, tras veinte años sin participar en un Mundial, se presentó frente a España, en el partido definitorio para los españoles, solo con la garantía de salvar su honra, una vez que, con dos partidos perdidos, contra Irán y Portugal, sorpresivamente y por el peso de las decisiones arbitrales, ya no tenían opciones para poder clasificarse para los octavos de final.

España, en cambio, con una selección de jugadores adorados hasta el ridículo, se presentó, en el partido determinante para optar a la clasificación para los octavos de final, tras dos encuentros frente a Portugal e Irán en los que el juego de “La Roja” había sido tan plano como el cerebro de aquellos que ahora, en el siglo XXI, vuelven al antropocentrismo y consideran que el planeta Tierra es tan llano como el lenguaje del pobre seleccionador español, Fernando Hierro. Un tipo, el malagueño, que a pesar de todo asegura buenas intenciones para salvar de lo grotesco a una selección apuntillada por la irresponsabilidad de Julen Lopetegui al firmar por el Real Madrid a solo dos días de comenzar la competición.

Con estos fundamentos llegaban las dos selecciones a un enfrentamiento en el que, para ambas, el premio era mucho mayor que solo una victoria efímera.

Así que Marruecos salió alegre en la primera parte, con una alineación ofensiva para tratar de presionar a España en un medio campo que, sin una solución como la que consiguió el exseleccionador Vicente Del Bosque en el Mundial 2010 al poner a dos medio centros defensivos (Busquets y Xabi Alonso) y un medio centro puro (Xavi), aún no se ha determinado por una dirección (defensa-ataque) y en el que la posición de acompañante de Busquets ha rotado en los tres partidos que lleva disputados “La Roja” hasta el momento. De esta manera, la línea de cuatro media puntas marroquíes formada por Ziyech, Belhanda y sobre todos Boussoufa y Amrabat, con El Ahmadi de contención por detrás, puso en muchas dificultades a un medio campo español en el que Thiago siempre partía por detrás de Busquets y al que tenían que bajar los media puntas españoles, Isco e Iniesta, para tratar de desatascar un juego en el que el balón lo manipulaba Sergio Ramos como quien se bebe tres copas y se mira en el espejo y se dice a sí mismo que está en su mejor momento.

En una de esas contiendas llegó una entrada de Piqué con las dos piernas por delante en la que el jugador español debió de ser expulsado. En la siguiente, Sergio Ramos, creyéndose de nuevo Rijkaard en la Holanda de los ochenta, puso en problemas a Iniesta para posteriormente desatender el pase del media-punta, perder el balón y dejar a Boutaib solo frente a De Gea. El delantero marroquí hacía el cero a uno a favor de los “Leones del Atlas”. Llamó la atención en todo esto, mientras Marruecos ponía difícil no solo la victoria de España, sino su continuidad en la competición, que, en la jugada decisiva del partido hasta ese momento, fuera Iniesta el que corriera más que Sergio Ramos para defender el error del defensa.

Pronto, a los cuatro minutos, Isco remató dentro del área un balón cedido por Iniesta al pase de la muerte tras una orientación sensacional de Diego Costa, posiblemente el mejor jugador del partido, en el borde del área defendida por los marroquíes. Isco hacía así el uno a uno y, si mientras Portugal ganaba a Irán, España se clasificaba para los octavos de final, eso sí, en segunda posición. Era el minuto 19’ del partido, y en el 24’ otro error de la defensa española al saque de banda de Marruecos dejó solo, en uno contra con De Gea, a Boutaib que, apresurado, erró el disparo lanzándolo al cuerpo del portero.

Desde entonces siguió errando España. Con un Sergio Ramos aún más romo y preocupado de sí mismo que en su propio club. Con una selección que tiene que adaptarse al juego lento y parsimonioso de Isco, un jugador que solo sobresale cuando se le da esa potestad, ese protagonismo, pero que no es válido para el juego tejido que quiere realizar España. Con un Iniesta que solo aporta detalles sin sentido práctico y que molesta a Isco, igual que Isco molesta a Iniesta. Y con unos Diego Costa y Silva trabajadores, tratando de abrir huecos en la defensa marroquí, pero con poco protagonismo en las combinaciones por la dejadez de Isco e Iniesta. Y con un Thiago Alcántara acompañando a Busquets que solo puede demostrar dos cosas: la primera es que Hierro no tiene claro el compañero de la boya española en el centro del campo; el segundo es que se infiere, con esta alineación -en la que no se produjeron los cambios que vaticinaron los comentaristas de las nadas durante los días previos al partido-, que Saúl debe sufrir un estado físico deplorable para no escoltar al 5 español en el centro del campo.

Las sensaciones que transmitía España al descanso eran las de un equipo agotado y sin rumbo. Y la segunda parte las confirmó. Iniesta e Isco torpes, pero adorados por el colectivo hasta creer que deben seguir jugando como por decreto, mientras esperan en el banquillo Asensio y Aspas. Y mientras Silva, escorado en la derecha, no tiene el protagonismo que sí soporta en el Manchester City.

El juego español en la segunda parte fue desastroso. Diego Costa y Silva se movían entre líneas para intentar aclarar el borde del área marroquí, pero Isco prefería sobar el balón sin una intención clara. España se diluía, salvo por los arranques de bravura de los laterales tratando de echar el balón hacia adelante, con Diego Costa memorable soltando la pelota al primer toque y dejando en posiciones ventajosas a sus compañeros. Pero el fútbol no fluía y Marruecos aún daba la impresión de poder acabar con los españoles en un contragolpe gracias a la presión de la línea de cinco en el medio del campo y al repliegue defensivo que ponía a seis jugadores al borde del área defendida por Munir, pero sin acularse ni achicarse.

En esas, con seis jugadores marroquíes incorporados al ataque, vino un disparo de Amrabat con derecha desde el costado y fuera del área que a punto estuvo de colarse por la escuadra de la portería defendida por De Gea. El balón golpeó la cruceta y rebotó en el suelo mientras el propio De Gea permanecía impasible e incluso cerraba los ojos. El rebote hubiese dado una segunda oportunidad para hacer gol a un delantero con más picardía de la que demostró en ese instante Boutaib. Era el minuto 54’. Y hubo que esperar casi diez minutos más para que España respondiese con un cabezazo de Isco a centro de Carvajal desde la derecha, después de una apertura de espacio de Silva -incluso pudo haber rematado- y un pase de Diego Costa, como un frontón, que dejó al lateral con espacio suficiente como para poner un buen centro.

Sin mucho más que añadir, salieron Aspas y Asensio por Thiago y Diego Costa. Se notó el coraje y la inteligencia del gallego, pero que posiblemente juegue mejor en las posiciones de Iniesta o Isco, por detrás del delantero, como la pasada temporada jugó en el Celta por detrás del uruguayo Maxi Gómez, que hoy debutó en el mundial frente a Rusia.

Así llegó una flamante oleada de Marruecos que terminó con un córner sacado por Fayçal Fajir y que remató de cabeza En-Nesyri a la escuadra izquierda de De Gea. Otro error de Sergio Ramos, esta vez en la marca de En-Nesyri al que dejó solo. De Gea podría haber salido, pero poco más se le puede achacar en este gol al portero. Era el uno a dos y de nuevo España estaba por detrás en el marcador y, con la incertidumbre del resultado del partido que jugaban Irán y Portugal, con los planes de clasificar para octavos completamente desmantelados.

Fue más allá del 90’, de nuevo los minutos más resolutivos en otro partido de este Mundial de Rusia, el momento decisivo del encuentro. Centró Carvajal por la derecha y Aspas, moviéndose como pez en el agua entre líneas, de un taconazo soberbio mandaba el balón contra las redes de la portería marroquí para hacer el dos a dos. Aspas demostró así lo injusto de su suplencia en una selección que ni juega ni gana.

El gol de Aspas vino acompañado de un penalti a favor de Irán con el que los iraníes consiguieron empatar el partido contra Portugal y qué a su vez, gracias al gol de Aspas, puso primera del grupo B a España, salvándose así “La Roja” de disputar los cuartos de final contra Uruguay, selección a la que todos los opinadores dan como muy favorita, pero que hasta hoy no demostró nada.

El lado del cuadro de España a priori debería de estar despejado de selecciones incómodas, a parte de Rusia, la organizadora -como Corea del Sur en 2002- y rival en octavos de final. Pero, teniendo en cuenta que caerán por ese lado Bélgica o Inglaterra -aunque solo se han mostrado ante selecciones de muy bajo nivel como Túnez y Panamá-, y que ni Alemania ni Brasil, ni siquiera Francia -pues depende del último partido frente a Dinamarca, aunque le vale el empate para ser primera del grupo C-, tienen aseguradas las primeras plazas en sus grupos, el descosido futbolístico español se puede unir al destrozo de tópicos en los resultados de este mundial y dar con unos octavos de final encendidos y que pondrían a España en la peor de las situaciones que se podían anticipar antes de comenzar la competición.

Colombia 1 – Japón 2

Cualquier cosa que uno quiera escribir sobre un partido en el que en el minuto cinco ya se ha metido un gol de penalti y se ha expulsado al jugador que lo cometió, dejando con diez y con gol en contra a uno de los contrincantes, está condicionado por esa acción, antiguamente caudal para la controversia, pero que con el VAR no cabe duda imaginable ni ficticia.

Y eso es lo que ha sucedido en el Colombia contra Japón que esta tarde inauguró el grupo H del Mundial de fútbol que se celebra en Rusia. Una acción desafortunada del defensor colombiano Carlos Sánchez dio ventaja a los nipones que, de penalti y en el minuto cinco de la primera parte, se adelantaban en el tanteador con gol de Kagawa y, además, disfrutaban de la ventaja de contar con un jugador más en la cancha.

Colombia, que venía de ser una de las sensaciones del pasado mundial de Brasil en 2014, saltaba al terreno de juego con la suplencia de James y con la compañía de la mala suerte, su personal “parce” en las fases finales de los mundiales de fútbol. Quién no recuerda el gol de Escobar en propia portería durante el partido que los enfrentó a Estados Unidos en el mundial de 1994 y que dejó fuera de las aspiraciones a la copa de campeones por segunda vez consecutiva -ya cayó derrotada por Camerún en la prórroga de los octavos de final de Italia 90’- a la mejor generación de futbolistas colombianos (Valderrama, Higuita, Asprilla) hasta aquellas fechas. Pues parece que la segunda mejor generación de futbolistas colombianos (esta de James, Cuadrado, Quintero, Ospina o Falcao), que subieron un peldaño más que sus antecesores al llegar a los cuartos de final de 2014 y perder contra la anfitriona Brasil, están condenados a repetir fracaso.

Tras la expulsión de Sánchez y el gol en contra, Colombia dominó el balón, incorporando cuatro o cinco jugadores casi siempre en los ataques y teniendo ocasiones de gol tangibles. Como la que tuvo Falcao con un remate al saque de una falta en el minuto 11’. Pero Japón, replegada, infundía respeto al contraataque y mostraba el peligro de Inui por banda izquierda que desperdició una buena ocasión solo frente al portero en el minuto 14’.

Hasta pasar la mitad de la primera parte, los mejores sobre el césped fueron Quintero y Cuadrado. El primero lanzaba los contragolpes con profundidad desde el centro del campo, mientras el segundo, con carácter, se exponía en banda derecha y en el ataque recibiendo a cambio saques de esquina u ocasiones venturosas. Sin embargo, el seleccionador Pékerman, que hasta entonces con lucidez no había modificado el planteamiento primigenio de su selección, a pesar de jugar con diez, decidió en el minuto 31’ sacar del campo a Cuadrado para que entrase un medio centro, Wilmar Barrios, rompiendo así la cadencia que hasta ese momento habían logrado los colombianos y con la consiguiente herida que produjo en el equipo. Sin Cuadrado, uno de sus dos mejores jugadores en la tarde de hoy, Colombia apareció más obesa e inconsistente. Un espejismo fue lo de Quintero en el 33’, que se inventó una asistencia genial sobre la espalda de la defensa nipona que solo pudo puntear Falcao sin garantía de gol, prácticamente solo frente al guardameta Kawashima. Y aún fungosos, a los colombianos les dio tiempo a provocar una falta al borde del área japonesa. Otro espejismo. Corría el minuto 38’ y Quintero, de un disparo indolente y perezoso, rasaba el balón hasta el palo izquierdo de Kawashima que hizo más porque el balón se introdujera en la portería que la propia intención con la que Quintero disparó de golpe directo.

Así fue el gol del empate a uno, tras una desventurada primera parte para “la tricolor” en la que no se puede analizar el planteamiento de Pékerman al retirar a Cuadrado, porque tampoco uno sabe si la actitud propuesta por Nishino, el seleccionador de “los samuráis”, era aguantar el traqueteo de la hormigonera colombiana hasta que esta gripase en la segunda parte por las revoluciones a las que sometió al motor físico desde que los nipones se adelantaran y Barrios sustituyera a Cuadrado.

No podíamos saber si el movimiento de Pékerman antes de ir al descanso iba a solucionar algún problema, si es que lo hubiera habido tras la expulsión de Sánchez, porque Colombia se extendía sobre el campo con vértigo, si bien es verdad que muy por el centro, y porque el gol “cafetero” vino a balón parado. Quizá el aguante físico fuese lo que preocupara al entrenador de nacionalidad argentina.

Tras el descanso Japón salió mejor ordenada y con interés en mostrar la buena capacidad técnica de sus jugadores, aunque no se pudiera nombrar a ninguno por encima de los otros. Quizá Inui, siempre muy bien desmarcado cerca del área y por la izquierda, que en el 56’ volvió a tener una ocasión de gol limpia que Ospina, el portero colombiano, rechazó con veteranía. Así que la labor nipona confluía en el equipo, pese a ser un conjunto plano y sin discurso, y según pasaban los minutos parecía más cerca su segundo gol que la machada de los colombianos.

Para rematar, Pékerman sacó del campo a Quintero, físicamente cascado, eso es cierto, y dio entrada a James, en baja forma y posiblemente no recuperado de sus molestias musculares.

Así las ocasiones llegaron para Japón, sin promesa de gol, pero al menos molestas. Y en el 68’ además Nishino metió a Honda en el campo por Kagawa. Pékerman hizo lo que pudo metiendo a Bacca por Izquierdo. Pero fue el veterano Honda el que lanzó el balón magníficamente desde el córner izquierdo en el minuto 72’ y su compañero Osako lo remató de cabeza contra las redes sin demasiada oposición de la defensa “tricolor” y sin que Ospina pudiera reaccionar.

Fue el 1-2. Y así se llegaría al final, con los “parceros” intentando marcar el gol del empate antes que llegar al área contraria, precipitados en los últimos minutos y en los metros finales, sin dar un sentido al argumento que construyera el discurso necesario para convencer al balón de revolcarse entre las redes defendidas por Kawashima.

Todo lo condicionó el penalti bien señalado en el minuto dos y que en el cinco dejó a Colombia con un gol en contra y con un jugador menos por la expulsión de Carlos Sánchez. Así que aquí no valen los apuntes ni las sesudas conclusiones, la verdad se impuso con toda su crudeza dejando en muy mala situación a los colombianos, sobre todo después de que Senegal haya vencido a Polonia por un gol a dos. No serán los africanos el próximo rival de Colombia, los serán los polacos, quizá ahí puedan comenzar la remontada que no los iguale con el fracaso de la generación anterior.

Alemania 0 – México 1

Sabían bien los versados en el arte de la apuesta, y por tanto intelectuales de la estadística, que no era delirio jugarse unos pavos al X2 en el partido que ha enfrentado esta tarde a las selecciones de Alemania y México. En el fútbol moderno, Francia, Italia, España y ahora Alemania, tras perder cero a uno con “El Tri”, tienen en común haberse precipitado al vacío en el primer partido del mundial posterior al que ganaron. De hecho, Francia, Italia y España se quedaron fueran de esos mundiales en la fase de grupos, por lo que repetir la victoria en ese primer partido, o siquiera una buena clasificación, solo ha estado en las botas de las selecciones brasileñas: finalistas en 1998 tras ser campeones en 1994 y cuartofinalistas en 2006 después de proclamarse campeones del mundo en la edición de 2002.

Con este temor comenzó el partido. México se dispuso larga, veloz y físicamente agigantada. El entrenador Osorio debió pensar que es mucho mejor adelantar el trabajo, antes que tener que terminarlo con prisa, así que desde los primeros minutos “El Tri” intentó doblegar a los alemanes con profundidad. En el minuto 13’ Layún lanzó una falta al centro de la defensa alemana, esta tarde aniquilada y mermada por un deleznable Hummels, siempre lento y descolocado, que estuvo a punto de culminar en gol.

La respuesta alemana en el minuto 15’ fue desplegarse y centrar desde la derecha, para en el rechace disparar desde fuera del área. México entonces contraatacó en el 17’, con un jugadón de recuperación y entrega al primer toque de un lanzado Lozano que terminó en los pies de Chicharito, solo, que en lugar de rematar se revolvió sobre sí mismo perdiendo el balón. Sorprendía entonces la titularidad de Neuer, pese a ser el favorito, en detrimento de ter Stegen que realizó una fenomenal temporada con el Barcelona.

El traqueteo era constante en las dos áreas. Werner, el delantero germano, mostraba pequeñas dosis de su calidad en los desmarques, con elasticidad frente a la portería. Mientras sus compañeros defensas se comportaban como cándidos alevines y en la media-punta se trataba de ganar rápidamente con disparos desde fuera del área de Ochoa que atajaba sin problemas. A la vez Lozano aprovechaba la velocidad en la otra área. De mitad de campo hacia arriba, Herrera lanzaba a los mexicanos como una puñalada, pero que siempre terminaba pinchando en costilla. Acompañaban en los lanzamientos de falta Layún y Guardado. Los alemanes eran entonces una laguna en la que los media-puntas mexicanos – Carlos Vela, Layún, Lozano- surfeaban como jóvenes californianos en los sesenta. Solo Kroos y Draxler por parte de Alemania parecían dispuestos a que no se cumpliese la profecía del campeón derrotado en el debut. Ozil estuvo desaparecido lastimosamente, mientras Herrera y Lozano se hicieron con el centro del campo.

En esas llegaron los últimos quince minutos. En el 33’ Carlos Vela dio un gran pase a la diagonal de Layún por banda derecha que franco la tiró al portero, demostrando una vez más la fragilidad de la defensa germana. Dos minutos después, sin pausa, Herrera recuperó el balón para lanzar de nuevo al equipo hacia Guardado que cruzó frente al área para Lozano en la izquierda que recortó soberbio y con talante la puso al palo derecho de Neuer. Golazo. Cero a uno. El marcador ya no se movería. Pese a que en el 37’ la contestación inmediata de “La apisonadora” se materializó en una falta lanzada por Kroos a la escuadra de Ochoa que resolvió con los dedos enviándola al larguero. Paradón. Y en el 45’ de nuevo Carlos Vela en la frontal disparó para casi el cero a dos.

Los mejores cuarenta y cinco minutos que se han visto en este mundial hasta ahora dejaron en muy mal lugar a la defensa alemana, personificada en Hummels al que tampoco ayudaron las incorporaciones de los laterales y las pocas coberturas de Khedira o Kroos, porque Alemania estaba jugando prácticamente sin centro del campo.

En la segunda parte se notó el agotamiento físico de los mexicanos. Alemania salió mejor, predispuesta a la remontada, pero se mostró fofa en todo momento. El control táctico mermó la emoción que solo caía de un lado: ver si los alemanes eran capaces de responder con dos goles, pero todo se diluía en disparos desde fuera del área.

Ozil y Draxler parecían inclinados a tomar las riendas de su equipo, pero los cambios tampoco acompañaron para desmontar el caos. Antes, Carlos Vela hubiera estado a punto de marcar, en dos contra uno, si Chicharito le hubiese dado en condiciones un balón que le habría dejado solo ante la portería y con Neuer batido.

Entonces, mientras México metió gente de refresco y defensas para contener las ganas de los alemanes – Álvarez, que se incrustó como séptimo defensor, por Vela; y Rafa Márquez, que disputa su quinto mundial consecutivo, por Guardado -, Löw introdujo a tres delanteros o media-puntas más –Mario Gómez, Reus y Brandt – dejando al equipo en un 1-2-1-7 que cumplió a la perfección aquello de que no por meter más delanteros un equipo mete más goles.

Kroos, como único medio, tuvo sus mejores minutos. Mientras México defendía al más puro cholismo, Brandt se inventó una asistencia que dejó a Draxler solo y tirado a la izquierda y cuyo centro trató de rematar Mario Gómez sin fortuna. En el rechazo, el propio Brandt envió un boleón diabólico que se marchó fuera por poco.

Se cumplió así la profecía del campeón devastado, esta vez por México que ganó con justicia homérica.

En principio, Alemania no debería pasar apuros pese a la derrota, sus próximos rivales, Suecia y Corea del Sur, no tendrían que enviar a la lona al actual campeón del mundo. Pero Suecia ya eliminó a Italia en la repesca para clasificarse para este Rusia 2018. Y Francia, Italia y España jamás pensaron quedarse apartadas tan pronto en los anteriores mundiales.

 

Costa Rica 0 – Serbia 1

Casi todo el mundo reconoce que el escaparate de una competición internacional no es el mercadillo de las gangas para los fichajes de calidad. Ejemplos hay a patadas: los nigerianos fraudulentos tras USA 94’, la pléyade de franceses infructuosos que conquistaron los equipos europeos después del Mundia 98’ y la Eurocopa de 2000, Milan Baros, máximo goleador de la Eurocopa de 2004; lo senegaleses cuartofinalistas del Mundial de Corea y Japón; incluso los españoles que se han exportado en los últimos ochos años, la mayoría trabajan con más pena que gloria, aunque estén consiguiendo ganarse la vida dignamente. Al parecer todo el mundo lo sabe, menos los comentaristas de Cuatro, valedores esta tarde del media-punta serbio Milinkóvic-Savic, una frivolidad como que Luque promocionara, durante el encuentro que enfrentó a Costa Rica contra Serbia, que de eso se trataba, la nueva rutina de Mujeres Hombres y Viceversa en el canal rojo, como si aquello fuese algo de lo que presumir tras descabalgar al programa Las mañanas de Cuatro.

Una frivolidad como cuando Florentino Pérez intenta fichar saldos como De Gea y pone en cuestión al portero titular de su Real Madrid, Keylor Navas, el mejor de los ticos esta tarde que, pese a ello, no pudo evitar la derrota de su selección frente a Serbia por cero goles a uno.

El primer partido del grupo E del Mundial de Rusia, se aventuraba algo más ligero que los encuentros disputados entre la tarde del viernes y ayer sábado. Ninguna selección ha salido hasta ahora con carácter de campeón del mundo, ni siquiera Francia, y aún menos Argentina, siendo Croacia la única que ha dado muestras de intensidad con su victoria a Nigeria por dos goles a cero. El fútbol lo puso Perú, pero con poca fortuna pues salió derrotada por cero a uno contra Dinamarca.

Y ligero ha sido el partido porque tampoco se ha mostrado gran cosa. Un arranque prometedor por parte de Costa Rica, con un 1-3-4-3 que conforme pasaban los minutos se transformaba en los repliegues hasta formar casi una línea de seis atrás. Tuvo un cabezazo el defensor González en el minuto 11’ después de córner. Y Venegas fue muy activo por su banda izquierda. Pero a la hora de la verdad, fue Serbia la que demostró más confianza en ataque, sin jugadores que despuntaran, tampoco Milinkóvic-Savic, pero con un conjunto muy ordenado, con temple en el jugo horizontal y esperando su oportunidad.

Costa Rica estuvo muy limitada todo el tiempo. Si Bryan Ruíz no participaba del juego, si no bajaba al centro del campo para conducir y mandar balones hacia los extremos, “La Sele” no explotaba y se perdía en acciones personales de los extremos, principalmente de Venegas que terminaba las jugadas con centros muy malos o perdiendo el balón ante la defensa serbia.

Serbia en cambio aburría con el balón, pero se acercaba con profundidad. En el minuto 15’ Keylor Navas despejó un centro peligrosísimo de Ivanovic por la derecha. Y en el 35’ tuvo que sacar los puños con contundencia ante un saque de esquina mefítico de Kolarov. El orden de Serbia aguantaba el partido ante la evasión de Costa Rica, con un Ureña de delantero titular, una boya ágil con poca fortuna en el disparo a portería y que mandó un balón bien presentado al cielo; y con jugadas aisladas como la del minuto 41’, gran combinación que Calvo lanzó cerca del poste izquierdo. La respuesta de las Águilas Blancas fue una chilena de niño aún con pantalones cortos de Milinkóvic-Savic que Keylor atrapó.

En la segunda parte salió mejor Serbia y a los pocos minutos Navas hizo otro paradón en un mano a mano con Dmitrovic. Pero no pudo hacer nada el portero tico frente a la falta lanzada por Kolarov, desde el borde del área un poco más tarde, que coló el balón en la portería de un zurdazo fantástico.

Así que Costa Rica quemó todas las naves antes del minuto 75’ dando entrada a Bolaños, Campbell y Colindres. Habilidad y velocidad. Pero siempre se fue con precipitación hacia arriba, casi sorteando el centro del campo, y cuando no podía romper la severidad serbia, parecía que a ratos intentaba defender un empate ficticio.

El Costa Rica contra Serbia no ha despejado ninguna incógnita, teniendo en cuenta además que los mejores fueron Keylor Navas, el portero, por los costarricenses; y Kolarov e Ivanovic, los dos laterales, por los serbios. Lo que sí es cierto es que Óscar Ramírez hoy tendrá pesadillas al acostarse, pues la derrota frente al equipo entrenado por Krstajic deja a su selcción con pocas opciones en un grupo en que Brasil es la favorita para ganar los tres partidos.

Portugal 3 – España 3

Era de esperar que el primer partido entre dos selecciones favoritas al título final de este Mundial de fútbol 2018 no dejase el mismo regusto a amateurismo que se había vivido en los tres partidos que antecedieron al Portugal contra España. De hecho, es que casi ni dio tiempo a mirar las alineaciones, sorprenderse por ver de titular a Nacho y no a Odriozola en el lateral derecho de la roja y aún menos a hacer la digestión de la movida de Lopetegui, cuando Cristiano Ronaldo ya marcaba el primer gol, de penalti. Fue en el minuto 3’ de la primera parte. Y como en el partido que enfrentó a Rusia contra Arabia Saudí, el VAR permaneció desaparecido ante una falta muy dudosa y que se dejó a libre interpretación del árbitro. Así que de esa manera, el musculado Cristiano Ronaldo hizo el primero de los tres goles que terminaría por realizar. Cero a uno contra los españoles sin apenas haberse quitado las legañas de la siesta.

A partir de ese momento se pudo ver el encuentro que todos teníamos en nuestras cabezas. Una España horizontal y sin fuste, como criticó Aspas después del partido ante la selección de Túnez. Y una Portugal ligera, pendiente de robar balones en el centro del campo para lanzarlos cual quarterback hacia las carreras de Cristiano Ronaldo o Guedes, ambos desaparecidos durante los noventa minutos. A excepción de las posturitas y los tres goles de Ronaldo.

En la horizontalidad infumable de España, trataban de despuntar Silva e Iniesta pero con poco acierto. Isco, en cambio, a su rollo, gustaba del gambeteo pueril y despreciaba el primer toque, corto y rápido, la triangulación sencilla y de patio de colegio, por embolsar balones y hacer la ardilla girando sobre sí mismo para dar el balón atrás tras control manoseo y pase, o directamente perderlo. Así que tuvo que ser con un balón en largo que el bueno de Diego Costa controló, frente al actor de telenovela Pepe, como tuvo que llegar el primer gol de España. Con una soberbia jugada personal del hispano-brasileño, muy de las suyas, que desde casi el borde del área cruzaba el balón raso y lento hasta rozar sin fuerza las redes de la portería defendida por Rui Patrício., hasta entonces como actor de relleno, de los que aparecen en los créditos pero no se le ve en la peli.

La alegría del empate en España duró veinte minutos y una asistencia de Jordi Alba que Iniesta, solo, desaprovechó dando fe de que no es un hombre para los últimos veinte metros de campo. Todo esto hasta que Cristiano Ronaldo se inventó un disparo párvulo desde fuera del área que el portero español De Gea se metió en la portería como si de un niño de cinco años se tratase.

Así se llegó al descanso. Posiblemente con un Fernando Hierro, sustituto del malintencionado Lopetegui, sin muchas argucias en sus entendederas e inclinado a tirar de la casta o del coraje para dar la vuelta al marcador en contra.

Y así fue el comienzo de la segunda parte. Con un Jordi Alba en muy buen tono. Con Piqué y Sergio Ramos defendiendo en el centro del campo. Mientras la pelota, por desgracia, seguía yendo de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, sin sentido, sin peligrosidad, con Isco como acostumbra y que seguro será del gusto de los bisoños, pero que en el fútbol del siglo XXI no es más que un segundón. Tuvo que ser Silva, imperial cada vez que se le dejaba participar, el que colgase un balón a la derecha del área portuguesa para que Busquets asistiera de cabeza el segundo gol de Diego Costa, en el filo de la línea de meta, que ponía el empate a dos en el marcador.

Solo tres minutos después, tras otro centro de Silva al área, el rechace cayó a la derecha de Nacho que, desde su costado, pego un zapatazo con la diestra que acabó linealmente en la esquina de Rui Patrício.

La remontada épica estaba conseguida. El pulso de los españoles se dilataba durante al menos los dos minutos de rabia y celebración. Pero luego llegó más de lo mismo. Horizontalidad española frente a un sabio como Fernando Santos que del error sabe hacer virtud, que del fango supo sacar una Portugal campeona de Europa. Y se fueron Bernardo Silva, Guedes y Bruno Fernandes, los únicos con algo de fútbol en el equipo portugués. Mientras España remoloneaba con el balón, sin intención, como guardando el resultado, a pesar de la entrada de Aspas y sin intención de que Asensio disputase el tiempo de la basura para tratar de meter miedo con su golpeo desde fuera del área o con su zancada vertiginosa. No. Hierro tampoco tuvo la culpa, salvo ser un cagón en los cambios. Pues en esas vino el minuto 88’ y una falta al borde del área española. De Gea colocó la barrera como un universitario de erasmus cuelga la ropa lavada de tres días. Cristiano Ronaldo se la pide. Y de un derechazo la manda al palo que debió cubrir la barrera, pero también sin disposición de De Gea por pararla.

Era el empate a tres. Un empate a tres. Una victoria para Portugal. Una derrota para la selección española. Mientras Cesc está de vacaciones y Silva sigue sin recibir los galones que merece. Zubizarreta 1998, De Gea 2018. Hagan sus apuestas.

Egipto 0 – Uruguay 1

Afortunadamente la jornada de hoy comenzó de una forma muy diferente a la del partido inaugural de este Mundial de fútbol 2018. Egipto y Uruguay se enfrentaron en el segundo partido de la competición y también del grupo A, en duelo que parecía de por sí decantado hacia los sudamericanos según las apuestas.

Un 1-4-4-2 sacó el profesor Tabárez, seleccionador uruguayo que se mostró físicamente castigado por la edad, para enfrentar el partido, con dos laterales, Cáceres y Varela, que realmente conformaban más una pared de cuatro centrales. Enfrente Egipto sin Salah, pese a que Héctor Cúper, entrenador de los egipcios, lo dio como titular horas antes.

Pues a pesar de las apuestas, la primera ocasión del partido la tuvo en sus botas Trézéguet, en la media punta egipcia, que se revolvió muy bien contra la defensa uruguaya, aunque el disparo fue inofensivo. El encuentro, por tanto, mantenía la expectación gracias al planteamiento ofensivo de Egipto, con un medio campo comandado por Elneny y una línea de tres en la media punta, formada por Warda, El Said y el mismo Trézéguet que, con más calidad que acierto, se asomaban aunque benévolamente.

Por el contrario, Uruguay, con esos cuatro defensores centrales, prescindió del centro del campo y su juego fue una catapulta que se iniciaba desde Godín o Giménez y que iba a parar a Cavani, principalmente, y a un Luis Suárez desconectado que, además, durante el desarrollo del partido sufrió dos paradones de El-Shenawy, el portero egipcio que fue de los mejores de su equipo.

La calidad estuvo en las botas de Cavani y en el entrelazado de la media punta egipcia durante la primera parte, que fue como ver jugar al Atlético de Madrid -metáfora de los uruguayos- contra un equipo muy de Cúper, con la misma cantidad de calidad que de trabajo. Los laterales de Egipto, principalmente el derecho Fathy, se incorporaban aún con alegría al ataque, al igual que los extremos defendían en el repliegue formando casi una línea de seis en la defensa cuando Uruguay trataba de atacar lanzando melonazos.

Se vio entonces, rozando el medio tiempo, al 10 uruguayo. De Arrascaeta tuvo sus cinco minutos de gloria antes del descanso, cuando se vio menos angustiado por tener que hacer la presión. Sin embargo, toda esa calidad resultaba efímera, pues el 10 tenía que recorrer medio campo para subir el balón desde el centro inoperante de Betancur, Nández y Vecino, hasta el borde del área donde ya perdía todo el fuelle inicial.

A la vuelta del descanso se mostró una cara muy distinta de la selección de Egipto. A pesar de ser todos jugadores de primer nivel pues, al contrario de los saudíes ayer, estos jugadores forman partes de equipos europeos, muchos de ellos en la Premier League, el desgaste físico los desplomó dejándolos a merced de una Uruguay mucho más potente en lo físico. Más si cabe cuando Tabárez decidió incorporar aún más garra que calidad al meter a Carlos Andrés Sánchez y al “Cebolla” Rodríguez por Nández y De Arrascaeta, este último el mejor de los charrúas. De esta manera el peligro celeste solo llegaba a través del balón parado. Y así fue como se construyó el gol de Giménez: con un cabezazo fatal y sin contención al centro de un córner contra el que el arquero egipcio, muy oportuno durante los noventa minutos y sobre todo en su enfrentamiento con Luis Suárez, no pudo hacer nada. Era el minuto 90’, 0-1 a favor de los uruguayos y el partido estaba ya finiquitado a pesar de los cinco minutos de descuento. Ganó el coraje.

Fatasmamidi

Hace años que de lo que se trata es de matar a los ochenta. Más que por imperativo de la moda, por necesidad física y ahogamiento. Tanto se ha ordeñado las ubres de la Movida, que la vaca de la leche milagrosa está ajada y resulta poco productiva en una cultura general que lleva inclinándose al remember noventero desde hace algo más de un par de temporadas. A pesar de ello, aún hay quien osa sumergirse en ese lodazal, como los murcianos Fantasmamidi que, en su primer elepé de título homónimo en Discos de Kirlian, administran la herencia contraída de los ochenta sin la necesidad de despertar una nostalgia cínica, sino anteponiendo su identidad a cualquier otro presupuesto.

El trío está formado por Carmen Espín, que fue integrante de la banda de culto de los noventa Iluminados, Pedro Bayona a los sintes y Borja Martínez que es quien compone y da voz a los diez temas de Fantasmamidi, grabado en los estudios Popgramático de Murcia.

 

Se agradece en esta compostura pop cierta liturgia de sonido amateur que cuadra más con el espíritu inicial de la Movida que el que puedan irradiar otros trabajos más arreglados, pero menos informales. Fantasmamidi va del pop más natural hacia el Casio más vívido que contrasta a su vez con la voz mortecina y chula de Borja, discordancia que, en Mortal, canción que abre el disco con: “Él va buscando droga”, nos recuerda a otra banda contemporánea con también algunos tintes ochenteros, Los Lagos de Hinault.

En De estrellas y neones surfean en las guitarras y los teclados resultan brillantones, y frente ellos el machaque de la batería electrónica y la antítesis de la voz lánguida y fofa que casi recita el estribillo. La belleza de la langosta es un pop más cotidiano con un bajo que toma protagonismo post-punk. El cirio gigante, en cambio, comienza pizpereta, muy Un Pingüino en mi ascensor, para luego desenredarse en una melodía limpia en la guitarra, mientras los sintes pierden protagonismo y todo se enlaza a través de la chulería y el casticismo vocal de la voz de Borja que ahora nos recuerda al Jaime Urrutia de los Gabinete Caligari.

En general Fantasmamidi es un elepé de contrastes, donde se pueden encontrar guitarras suaves junto a sintes que colorean las melodías de pop ochentero como en Conventos afterhours -una canción sensacional-, y también un punk de inclinación primitiva que recuerda a los Siniestro Total de Germán Coppini. Un juego, al fin y al cabo, de distintos ecos pop que se van acomodando a unas letras minimalistas y moteadas de surrealismo.