Be my baby, el éxito adolescente

La elección de John Fitzgerald Kennedy como presidente de los Estados Unidos en 1960 supuso una pequeña cuota de aperturismo tras años de gobiernos conservadores. Un país internamente alborotado por las luchas de los Movimientos Civiles contra la segregación racial, adonde, en 1966, con la Ley de Derechos Civiles ya aprobada por el presidente Johnson en 1964, The Beatles regresaban desbordados por una polémica religiosa que provocó disturbios a las puertas de sus conciertos y la quema de sus discos por organizaciones supremacistas. Las teloneras de esa gira fueron The Ronettes.

Tres mujeres negras (Veronica Bennett, que posteriormente tomaría el nombre de Ronnie Spector; su hermana Estelle Bennett y su prima Nedra Talley) cambiaron la historia musical de su país con la grabación del fabuloso Be my baby en 1963, compuesto por Phil Spector, Jeff Barry y Ellie Greenwich. Phil Spector las convirtió en las artistas que siempre habían deseado ser, mientras él se erigía en un referente de la producción y de los arreglos gracias a su Muro de Sonido. Hail Blaine, componente de la Wrecking Crew (aquel estupendo colectivo de músicos de sesión que participaron en casi todas las grabaciones musicales californianas entre 1960 y 1970, generador de números 1 como este) y batería en aquella grabación, lo explicaba así en 2015 para The Guardian: << (…) Para una sesión normal tienes un piano, una batería, un bajo y una guitarra. Pero Phil tenía al menos tres bajistas y cuatro pianistas al mismo tiempo, con siete u ocho guitarristas tocando.>> Las posibilidades armónicas y melódicas con todos esos instrumentos sonando a la vez eran infinitas.

Be my baby comienza con dos golpes de batería legendariamente imitados. Pronto se les unen los pianos y las castañuelas. Y es que esa parte de batería, piano y castañuelas se irá repitiendo como un mantra durante toda la canción. La voz de Ronnie Spector surge desde abajo, desde los sonidos graves de la batería, hasta el tercer verso, cuando aparecen los saxofones y los coros enfatizan el argumento. El continente es elegante y, gracias a ese muro de sonido, se desencadena una explosión envolvente que tiene la potencia del rock‘n’roll masculino y la dulzura del pop. El estribillo resalta por las armonías vocales que imprimen intensidad. Y hacia el final, los violines elásticos cubren de ternura y gravedad el estallido vocal de esta súplica dolorosa.

El resultado es un producto a la medida: un girl group adolescente, fabricado a la forma y con el lenguaje preciso para el consumo de los propios adolescentes de la época. El pelotazo de The Ronettes desencadenó además la proliferación de otros girl groups durante la década de los 60’ en los Estados Unidos como Martha and The Vandellas, The Blossoms, The Shirelles, Lovelites o The Crystals.

Be my baby fue el hit que tanto habían buscado The Ronettes. Pero además implicó dos acontecimientos. El primero, la puesta en escena de Phil Spector como presente y futuro, el productor que estableció un hatajo de posibilidades a un nuevo sonido. La segunda, la ruptura social de los grupos de mujeres, de las mujeres negras y de las mujeres que, en 1963, podían cantar rock de la misma forma y con el mismo descaro que diez años antes lo habían comenzado a cantar los hombres blancos de su país.

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