Estancousqui

El influencer

Tengo amigos que viven de espaldas a la realidad. Se cobijan en un submundo de relaciones personales que les evita el mal trago de la vida corriente a la que parece no saben acostumbrarse. Y es que en el fondo la realidad no deja de ser una cuestión de mirada personal hacia el mundo que nos rodea. Y es ese mundo que nos rodea, o ese submundo para algunos, el que determina nuestra mirada.

El pasado domingo, Javier Marías aprovechaba su columna en El País Semanal para, ya que su prosa paseaba por los meandros de los <<oficios>>, meterse en el laberinto de sus propios argumentos y darle un tantarantán a Gloria Fuertes. Quizá el viejo escritor se ha cansado de la relevancia cultural que actualmente, con motivo del centenario de su nacimiento y la consiguiente edición de una antología de su obra por Blackie Books, la poetisa ha obtenido. Quizá se ha cansado de que su nombre esté en boca de todos, como nosotros nos hemos cansado de que el <<Despacito>> de Luis Fonsi se escurra por cada una de las rendijas de nuestras vidas como la grasa sucia de freír.

Pero si hacemos un juicio a cerca de los textos de Marías, es fácil entender el por qué de su sobrevenido ataque. Su realidad intelectual se nutre únicamente de un vasto y elitista conocimiento de todo aquello anterior al siglo veinte. Jamás leeréis en un texto de Marías una recomendación de alguien o algo verosímil con la realidad de su tiempo. Y el problema es que, contestando a su artículo, él sí hace un flaco favor a un colectivo: el de los académicos de la RAE (otra institución llena de polvo) pues, desde su poltrona tatuada con la letra <<R>>, solo limpia, fija y da esplendor en un universo, el literario, que hace años que, en la calle, ha dejado de copiarse a sí mismo para abrir las posibilidades a un lenguaje diferente.

La realidad de Marías es la de un mundo endogámico en el que se asciende de joven halagador de escritores perdularios a escritor perdulario al que los jóvenes deben halagar. Por eso el busto de bronce de cráneo prominente no puede permitir que una mujer, poetisa para más inri (ese género menor), se aventurase a mediados del siglo XX a fumar tabaco y beber alcohol con más lucidez que sus amigos pollasviejas fuman tabaco y beben alcohol mientras miran los escotes de las señoras en una taberna de postín en pleno siglo XXI.

O quizá todo esto solo sea la realidad que hemos querido ver en su artículo dominguero y Marías, como viva imagen de su tiempo, represente el papel del influencer más impopular del país para que, a partir de su invectiva, los libros de Gloria Fuertes se vendan en las librerías como se venden los caramelos a las puertas de los colegios.