Disco Duro

Decía Joel Iriarte (aka Joe Crepúsculo) hace poco en una entrevista para notodo.com que a veces le da miedo con 80 años estar haciendo Mi fábrica de baile con otros señores de 80 años bailando al lado. Evidentemente desconocemos si cada uno de nosotros nos encontraremos en tal circunstancia. Aunque, si se produce la oportunidad dentro de cuarenta años, yo estaré allí blandiendo mi bastón.

Lo que decía Joe Crepúsculo en la entrevista no es baladí. Un artista tiene el deber de buscar y recorrer un camino que le lleve a una evolución tan propia como lo es su propia evolución. Así que hete aquí, en esa evolución personal de Joe Crepúsculo, que nos encontramos con Disco Duro dos años después de la publicación de su anterior disco Nuevos Misterios.

Se necesitan, o al menos yo he necesitado, más de dos escuchas para entrar del todo en él. Este artefacto no es nada nuevo, repite los patrones de Mi fábrica de baile o Nuevos Misterios unas veces encontrando hallazgos y otras de forma manida y rudimentaria. Yo hasta mitad del trabajo no entré en calor esta vez. Porque es posiblemente el disco más deslavazado de todos y la culminación de una trilogía sonora. Joe Crepúsculo expone en varias entrevistas el motivo del título Disco Duro, yo me quedo con uno particular que es el de ese pendrive o disco duro que tienes por casa de canciones que no has podido meter en los dos anteriores. Parece la resaca de farla tras dos tiros (dos discos) prodigiosos.

En este caso, por tanto, hay más oscuridad, más nostalgia y un colmillo más afilado. Al fin y al cabo las resacas nos sumergen en la contrariedad, la amnesia, el miedo, el dolor y la pérdida. Y de todo eso hay mucho en estas nuevas melodías y en estas letras.

Dos canciones predominan en este trabajo y son Música para adultos y Rosas en el mar. Esta última triste y desasosegante. Y además nos deja otro puñado de buenos temas como Pisciburguer, Familia y cigarros o la genial El dicho.

No es el mejor trabajo de Joe Crepúsculo, a mi juicio, por lo que tiene de despiece, pero mantiene la constante creativa, el talento para construir ritmos populares y elegantes, o la capacidad de contar las cosas sencillas haciendo arte de lo cotidiano. Además, el impulso prolífico de hacernos bailar. Seguro que la subida de BPMs para el directo darán más de un buen flipe en la pista de los bailes.

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