Estancousqui

Fruto Panorama

Si algo positivo tienen Cala Vento es que aún no se han dejado arrastrar por la deriva del empalagamiento estomagante que han tomado algunas de las bandas de su universo rock indie con el fin de amplificar su mensaje a una masa social que hasta ahora estaba fuera de este circuito.

Solo unos meses después de su primer largo, Cala Vento (BCore + Hang The Dj!, 2016), y de haber sido nominados a los Premios de la Música Independiente como mejor artista revelación, premio que finalmente se llevó póstumamente la propuesta incontestable de Gata Cattana, los catalanes sacan su segundo LP, Fruto Panorama (Bcore, 2017), con los mismos argumentos que les han llevado a tan dichosa correspondencia entre crítica y público.

Rock guitarrero, a veces pesado, que los emparenta con propuestas americanas como las de unos primeros Foo Fighters Weezer o incluso a veces Green Day. Canciones con letras sencillas que se alargan en riffs transversales y que nos dejan piezas tan potentes como Historias de Bufanda, Isla Desierta, Hay que Arrimar o Fetén.

Cala Vento mantienen la esencia underground del rock alternativo surgido durante los años ochenta en Estados Unidos de la mano de grupos como Sonic Youth, The Replacements o Fugazi.

Fruto Panorama es un disco muy bien cortado en treinta minutos y que es para disfrutarlo en directo, para saltar y para gritar con una birra en la mano.

Estancousqui

Oído Absoluto

La disolución de Juanita y Los Feos dejó a muchos huérfanos por el camino admiradores de su punk efervescente y de sus letras delirantes. No es que Rata Negra haya venido a llenar el vacío que estos dejaron, a pesar de que Fa y Violeta fueran componentes de la extinta Juanita y Los Feos, pero sí reconcilian a sus fans con un sonido que, pese a algunas similitudes, ha crecido hasta convertirse adulto.

Oído Absoluto, el primer largo de Rata Negra, editado por Beat Generation y La Vida es un Mus, confirma el buen hacer de su primer EP Corasones. Parece meditado y es salvaje y certero. Letras sencillas y oscuras, bulla que se destila en estribillos repetitivos y que te torturan con originalidad en latigazos que chorrean punk y sangre.

Las historias ahora son hirientes y el sonido te aplasta y te abruma como un torbellino de punk añejo y bien curado.

Oído Absoluto es una espiral de vértigo y endorfinas. Y la actitud, madura y distante, hacen de Rata Negra una de las mejores propuestas de la escena punk del país.

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Milagro

Cuando hace años yo pinchaba en ese lugar tan cutre llamado la Royal Chata (agüita la cocaína), en el Paseo del Pintor Rosales de Madrid, las tías me pedían, a la vez del house de moda, algo como el arenbí. No es por ser yo machista, que seguramente lo soy, es que los tíos que las acompañaban se bebían sus copas entre la barra, el baño y la oficina del encargado, mientras las canciones que me pedían las tías sonaban en la pista de los bailes.

Pues esas tías me pedían arenbí, así en general, mientras yo ponía a Los Secretos. Hasta que llegó una francesa, una tía fea y con dientes largos, que me prometió una mamada a cambio de un tema de arenbí de Beyoncé. ¿Beyoncé y arenbí?, la pregunté. Qué más da, mamada a la vez que estoy pinchando (poniendo música).

Cocaína y ginebras fuera del hecho, ¿alguien se ve con One Path meneándose en el videoclip de los tacones de Beyoncé? Seguro que no. Pero es que tampoco ya nadie se ve hoy en la pista de los bailes junto a Beyoncé y Jay-Z, este último fue uno de los raperos más pedidos en las mesas de mezclas de antaño junto a 50 Cent y Dr. Dre, haciendo el baile de Single Ladies. Porque nadie entiende el rithm&blues ni conoce a Quincy Jones.

Algo de rithm&blues hay en todo esto de One Path. Electrocnicado, se ha convertido en lo que nuestros mayores presumían de futuro. El twerking inviolable, tan en boga hoy para la juventud como argumeno como el pasodoble hace cuarenta años para nuestros padres.

Pues ahí, entre el pasodoble, el hiphop, el R&B y el arenbí se mueve One Path. Es cierto que propone una relación natural entre mujer y hombre, unas atmósferas sucias, oscuras y crueles, y que comparado con sus referentes extemporáneos y con los trabajos de su estilo actuales (el romanticismo nunca fue un gran aliado a la hora de hacer temas universales, a no ser que fueses mexicano y provocases una ranchera), Milagro es un pepinazo que lo convierte en un tipo delicado. Sin embargo, asumido el autotune y las remezclas oportunas, One Path tiene poco que ofrecer, líricamente, a una escena menospreciada en este país pero con propuestas tan rotundas como las de Gatta Catana (DEP), Raúl Peligro o, por referenciar el mainstream, Mala Rodríguez.

A pesar de que el underground que propone la obra, tanto lírica como musicalmente no son moco de pavo, porque Javier Bilbao se lo ha currado, el trabajo final da la sensación de que la estética prima sobre la ética y que, por tanto, no hay verosimilitud. Al fin y al cabo, es una memoria pop romántica como filosofía, lo de siempre, y además es muy desordenada, y está lejos del beat, si es que eso es lo que pretende.

El trabajo de One Path, tanto en Para Arriba como en Milagro, teniendo en cuenta que ambos discos se encuadran en una escena underground y que la propuesta que nos quiere transmitir es verosímil en cuanto a su estética, es decir, la forma de comunicar su mensaje (autoeditado), no es lo peor. Pero quizá debemos aspirar a menos fotos para Tentaciones y sí a más expresión y experiencia para una evolución real.

Promete One Path y sus revistas en un género estancado en lo que le mola a Pablo Iglesias. Y que es una puta mierda comparado con Milagro y Para Arriba. 

Estancousqui

Canciones de domingo 003

  1. One Path – Perdóname (RecycledJ)
  2. Anntona – Una mierda como un castillo
  3. El Pardo – Matadero
  4. Los Punsetes – Mabuse
  5. Rata Negra – Escucha cómo suena
  6. Neoforic – Aviones y acrobacias
  7. Cala Vento – Hay que arrimar
  8. Biznaga – Jóvenes ocultos
  9. El Imperio del Perro – Cierra la boca (Juan Alberto)
  10. Mostaza Gálvez – Vértigo (La Bien Querida)
Estancousqui

Espantapalomas

Recuerdo aquella noche en la Joy. Aquellos tipos que saltaban a mi alrededor me doblaban la edad. Alguno iba un poco cargado, quizá porque se dejó la costumbre veinte años atrás, otros sencillamente porque la conservaron hasta entonces. Me han sodomizao, una de mis favoritas del concierto.

Un Pingüino En Mi Ascensor fue uno de los grupos más efímeros de finales de los ochenta y principio de los noventa. Sin embargo, a su vez fue uno de los más recurrentes para la memoria de toda aquella generación. Y también para los que en la preadolescencia pudimos hacernos con alguno de sus cassettes.

Este nuevo trabajo del dúo que forman José Luis Moro (aka Pinwi) y Mario Gil (aka La Foca Monje), es la recopilación de la Obra Social que Un Pingüino En Mi Ascensor han legado para disfrute de la humanidad.

Hay poco de nuevo, eso es cierto, porque es un recopilatorio. Iconografía pop al servicio de letras delirantes sobre aquellas melodías horteras de los ochenta que tanto hemos disfrutado y que cantamos sin miedo al ridículo en los karaokes esparcidos por el país.

Humor grueso y sencillo vestido de elctropop que retrata con felicidad y carcajada la miseria que a todos nos atosiga. Pop electrónico nasal apetecible de recordar y llevar en el discman durante esta primavera soleada.

Estancousqui

¡Europa SÍ!

Los de El Pardo no vienen esta vez a contarnos la realidad. Esta vez nos pegan un par de bofetadas a toda esa izquierda cínica y del postureo, socialdemocracia lo llaman algunos, para abrirnos los ojos: en el fondo sois (somos) igual que ellos.

En esta nueva entrega, ¡Europa SÍ!, El Pardo quizá dulcifica las formas en algunos cortes, pero no mancha el mensaje. La actitud sigue siendo punk aunque el disco resulte una panoplia que va desde el pop al rock pesado, que pasa por el ska y que se centra en el punk oscuro, socarrón e imaginativamente reivindicativo que los ha hecho inconfundibles.

Guitarras limpias que se repiten en rápidos movimientos, melodías insistentes, una producción elegante y la inconfundible contundencia del fraseo y el desgarro de la voz de Raúl Querido. Un proyecto que sigue siendo elocuente, lúcido y necesario.

Estancousqui

El Fundador

Uno de los atractivos que tiene la película El Fundador (John Lee Hancock) es ver a Michel Keaton interpretar al dueño del imperio de las hamburguesas Ray Kroc. Un actor errante, no ya por su talento, sino por la mala elección de personajes a lo largo de su carrera.

La historia, ya conocida, es el biopic de un hijodeputa. Un empresario y vendedor de humo que, tras conocer a los hermanos McDonald y las posibilidades de su innovador sistema para el negocio de las hamburguesas, decide apropiarse de él. Y no será lo único que tome prestado durante el desarrollo de la trama.

Es el carácter que Micheal Keaton impregna a Ray Kroc, con su sonrisa de dientes perfectos, sus ademanes de vendedor de sueños, y la evolución que vemos del personaje, desde la miseria hasta conseguir para sí el sueño americano, lo mejor de una película que se queda a medias en una historia de la que se podía haber sacado más jugo.

Ambientada en la América de los cincuenta del siglo pasado, con buenas actuaciones secundarias y un protagonista excelente, el principal problema de El Fundador es el guion de Robert D. Siegel y, posteriormente, la dirección. La poca sustancia en los momentos importantes, el exceso de minutos en explicaciones que podrían haber sido sucintas teniendo en cuenta que el espectador no es tonto o la reiteración de interlocuciones entre los hermanos McDonald y Ray, merman una historia que con algo más de agilidad y mala leche podría haber resultado una película notable.

El trabajo, en cualquier caso, no es malo. Se queda a medio camino. Pero es de rigor reconocer que, a pesar del pulso buenista, queda un retrato agradable de la sociedad de consumo hacia la que nos íbamos a ver abocados décadas después y, sobre todo, el de un personaje que en ningún momento nos cae bien durante los ciento quince minutos de metraje.