Estancousqui

Los tiempos han cambiado

Parto de una premisa. Las fronteras entre unas expresiones artísticas y otras son casi efímeras. Pero, ¿no hay un solo jodido escritor en todo el planeta que merezca ser reconocido? La nominación de Bob Dylan como ganador del Nobel de Literatura ha sido una patada en el culo para todos los escritores. No solo hace tiempo que los escritores no pueden vivir de su trabajo, sino que además ahora cualquiera puede ganarlos en su propia categoría. Es como si un waterpolista pudiera batir el récord de los cincuenta metros libres durante un partido.

En cualquier caso no se trata de discutir la brillantez del sujeto galardonado, aunque a mí Bob Dylan me parece un puto coñazo y casi todas sus canciones me aburren, se trata de debatir los espacios y sacar conclusiones de todo esto.

La primera de las conclusiones es el desprestigio de casi cualquier premio. El premio Nobel es un barrunto de intereses y mediaciones, pero es que hasta el certamen más humilde del pueblo más recóndito es un mero acto de publicidad cuyo premio muchas veces está preconcedido.

La segunda conclusión es que algo se está haciendo mal. Los escritores, débiles o víctimas que se protegen tras una barrera pretenciosa de falsa intelectualidad. Los editores, las editoriales, los distribuidores. Pero esa mercadotecnia vulgar tan solo es el nudo de una historia que comienza en la educación básica de los críos. Porque cada vez leemos menos, y cada vez leemos peor. Nada ha hecho tanto daño a la literatura como ese lema estúpido que dice que leas cualquier cosa porque lo importante es leer. Si lees mierda, eres mierda. Y si lees puta mierda, eres puta mierda.

La tercera es que si a la música popular, además de los límites que ya se pone ella misma, la encerramos en el círculo de lo culturalmente correcto (pensamiento único), entonces dejará de ser música popular.

Vuelvo a la premisa. Es cierto que los límites entre unas expresiones artísticas y otras son efímeros, pero tampoco se entiende la letra de una canción sin un acompañamiento musical. Justificar el Nobel de Literatura de Bob Dylan con la musicalidad de los poemas es absurdo y nos lleva a un punto descontextualizado que es la Edad Media, cuando a los poemas se les ponía música porque el pueblo era analfabeto e incapaz de seguir las historias y aprenderlas sin un soniquete que las acompañase. Tratar hoy de escribir El Quijote, por ejemplo, sería un acto de desconocimiento social, de ensimismamiento personal y distante de la verosimilitud que diría Aristóteles y que así definía a la poesía, es decir, a la literatura.