Estancousqui

Hablar de política

Casi veinte años después de que se pusiera de moda a mediados de los noventa aquella frase: yo no hablo de política, lo que parecía la declaración de intenciones de una parte de la sociedad más privilegiada, se ha hecho realidad. La gente no habla, no quiere hablar de política, no le interesa posicionarse. Como si tal cosa fuese un error, o algo aún peor, un pecado.

Y es que al final la educación es un arma muy potente. La mayor parte de los que crecimos entre esa década y la anterior o las posteriores hemos vivido en una especie de limbo en el que la derecha y la izquierda ya no existían, en el que no se votaba por convicción ideológica sino por los tecnócratas a los que se les consideraban mejores gestores. Y así hemos ido dejando de hablar de política porque, como en la Dictadura, aquello pasó a ser un tema tabú aún peor que el sexo.

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Estoy en el trabajo. Y de mis labios sale cualquier idea o pensamiento que me posicionan políticamente. Y entonces mis compañeros desconectan de la conversación. Esto es así un día detrás de otro. Es muy sencillo, tienen miedo a perder sus empleos por identificarse, sentirse señalados ya sea de un lado (jefes) o del otro (compañeros). El problema es que la política no es una pantalla de televisión donde unos tipos que pertenecen a empresas que se dedican a la política se enfrentan con el insulto y se intentan ridiculizar como si aquello fuese el festival del humor. No. La política trata sobre nuestra propia vida, sobre por qué tus jefes te obligan a recuperar tus horas de médico, por qué no te dan permiso para coger los días de libre disposición que te corresponden, por qué no autorizan las reducciones de jornada a las mujeres y hombres que lo solicitan cuando tienen un hijo, por qué te obligan a hacer horas extras que luego te pagan como complementarias, por qué echan a compañeros para contratar a becarios u otros empleados por ETT, por qué no te dejan coger quince de vacaciones seguidos y tienes que repartirlos en cuatro periodos, por qué te miran mal si entras y sales a tu hora, por qué siguen permitiendo las agotadoras jornadas partidas, por qué no te dan permiso cuando tienes un familiar enfermo en el hospital o te obligan a ir al trabajo cuando se muere. Eso es la política, nuestra vida, nuestros afectos.

No hablar de política significará ocultar la realidad y que nos sigan tratando como efectivos en lugar de que nos traten como personas.

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