Vista en el año 2014, con la carga del paso del tiempo sobre cada fotograma, El mismo amor, la misma lluvia (1999) no me parece aquella comedia romántica original e inteligente. Pero es que esa misma carga, la del envejecimiento, quizá también haya hecho mella en estos ojos ya también adultos.

Juan José Campanella retrata con melancólica densidad el tópico del amor, imposible o no, en el discurso de la vida y la intelectualidad. En este caso se trata del romance entre un escritor maldito (Ricardo Darín) y una joven inteligente pero aún apasionada e impresionable (Soledad Villamil). Como ya nos contaran, para no irnos muy lejos, Harry y Sally en aquella divertida película en la que se encontraban, y también se desencontraban. Pero donde aquella era disparatada, cómica o chistosa, esta, la argentina, resulta ñoña y poco creíble.

El punto de partida es el encuentro casual y casi surrealista entre dos desconocidos. Un inicio original con el que me atrevo a ponerme cómodo en el sofá para la re-visitación. Pero los minutos pasan, como el tiempo sobre las redacción de la revista donde trabaja el escritor maldito y la historia, manida, de personajes recurrentes (el mejor amigo, la mejor amiga, los compañeros del trabajo, los buenos y los malos), deriva hacia un tostón largo y aburrido que se mantiene gracias a la virtud interpretativa de los actores secundarios (Ulises Dumont o Eduardo Blanco entre otros) que en general realizan un trabajo muy meritorio.

Campanella consigue cerrar con dignidad, aunque no con verdad (los problemas de conciencia se solucionan siempre de la manera más estrambóticamente buenista), todas las historias secundarias planteadas, así como la que la principal y canalizadora del desarrollo del argumento.

El mismo amor, la misma lluvia es a día de hoy una peli irregular que se hace larga y que se parece a algo ya visto que no dice nada nuevo. Recomendable para nostálgicos de una gramática y una narrativa cinematográficas diferentes, ancladas en el irrealismo mágico. Aunque ya se sabe que si la peli es argentina mola más. Yo aún así prefiero Ópera Prima.

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