Estancousqui

Tu alargada sombra Enrique

Recuerdo perfectamente aquella mañana de otoño en Madrid. El día se había levantado claro, con el cielo azul y brillante por el sol. Yo cursaba por entonces el C.O.U, en el cole de siempre, y las cosas no me iban muy bien. Con la cabeza centrada en los primeros amoríos adolescentes, pasaba la mayor parte de mi tiempo retozando entre los fracasos sentimentales mientras escuchaba música triste, leía libros tristes y escribía poemas tristes y malos. Lo mío siempre fue la dispersión mental del arte antes que la concentración absoluta del estudio. Yo estaba enamorado de una tipa por entonces que también me daría carril sin conseguir siquiera la gratitud del beso, y al salir de clase, como cada mediodía, la acompañé a casa. No me acuerdo de cuál fue el motivo de ese día para desviarnos del camino. Sé que bajamos Luchana, doblamos en Chisperos hacia Sagasta atravesando Fernando de los Ríos y llegamos a la Glorieta de Bilbao. Cruzamos hasta Carranza y en las calles aledañas había barrunto, bullicio de poli y ambulancias, algo normal por el barrio. Al rato, después de hacer algo o de perder el tiempo por las cercanías, volvimos sobre nuestros pasos. Sí, algo malo ocurría por allí. Seguro que era una pelea, o un yonki, o una pelea y un yonki. Creo que fue ahí cuando nos enteramos, mientras volvíamos sobre nuestros pasos, muy cerca de la calle de Antonio Flores, junto al bullicio y el barrunto de los críos yendo y viniendo de un lado para el otro en las horas postreras o cercanas a sus clase. ¿Quién era? Creo que tenía un disco de ese tipo en casa, pero de cuando cantaba con su hermano, ¿no? La calle del olvido era su título. Me gustaba la de Qué sólo estas. Sigue leyendo

Estancousqui

¡Es lo que hay, atajo de españoles!

Una de las frases que más se repite en casi todos los ámbitos que conozco es la siguiente: es lo que hay. Mi jefe me obliga a recuperar el tiempo que pierdo en ir al médico, pero es lo que hay. Necesito más de ocho horas al día para terminar el trabajo que me han asignado, pero es lo que hay. Las condiciones higiénicas de este recinto son deleznables, pero es lo que hay. Elegí mal y ahora estoy amargado en este curro, pero gano un buen sueldo, así que es lo que hay. Sigue leyendo

Estancousqui

LPVI

La promoción es curiosa, incluso arriesgada en un entorno en que lo único importante son las opiniones de los demás. La maquinaria de la publicidad se ha puesto en marcha para utilizarte como un mero cable transmisor de algo que, a buen seguro, ni siquiera te has parado a escuchar con atención y aún menos a reflexionar. Es lo que mola. Y estás en la onda. Y así le das bola a lo que las grandes compañías del negocio te llevan escupiendo desde hace días. Porque, al fin y al cabo, tu opinión es una mierda siempre y cuando pinches en el link, compartas y digas que te gusta. Sigue leyendo