Estancousqui

Entre Forrest Gump y la Edad Media

Cada año que pasa me gustan menos las estaciones del frío. No sólo por ese problema que transforma mis articulaciones en mecanismos anquilosados incapaces del movimiento, sino porque, como diría algún trasnochado presentador del telediario: cae el otoño, y con él la depresión, la melancolía, la angustia. Es por eso, por esa metamorfosis entre cuerpo, conciencia y clima, que cada vez que suceden las estaciones del frío, al que suscribe le entra esa apatía, esa pereza que le empuja a pasar las noches en casa, sólo, levantando el brazo únicamente para ingerir el siguiente sorbo de la yonkilata. Sigue leyendo