Raphael al Sonorama Ribera 2014

©Estancousqui
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Hace años, no muchos, pero sí antes que algún lúcido dj entremetiese en sus sesiones etílicocristalinas Mi gran noche de Raphael para regusto del respetable, Pol Widuack y un servidor escribimos el guión de una ficticia película titulado Mi gran noche. El guión era muy estúpido. Una comedieta en plan roadmovie sobre un grupo de amigos que están hasta la polla de vivir en España y deciden hacerse pescadores en Malta. Y es que hace años, ser pescador en Malta era el mejor trabajo para un europeo. Supongo que no lo recordarán. Bueno. La película se abría, en nuestra imaginación, y en el papel escrito, pueden consultarlo porque está registrado, ya ven, pecadillos de juventud, con una monumental pelea en una discoteca. De fondo, retumbaba Mi gran noche.

Mi gran noche se convertía así en un emblema cargado de ironía que retrataba melancólica y, paradójicamente, la vida de los protagonistas. Un mudo, un memo, un pijo, un borregoservil y una typical usamericana de viaje costumbrista y de descubrimiento postadolescente por Europa.

Una boutade. Tópica. Típica. Pueril.

Mi madre, que nació allá por el año 1954, llevaba en su monedero adolescente una foto de Raphael. Y es que en los 70’ Raphael era el Justin Bieber español de las lacustres y esbeltas jovencitas patrias. En los últimos años, mi madre, Marisol, otro tópicazo más, como la risueña niña de la Tómbola o el posterior mito sexual, cambiaba de canal cada vez que Raphael salía en aquel que sintonizaba en la televisión. Sí, le da asco. Aunque aún no ha sido capaz de quemar los discos de 33 rpm que aún conserva de él.

La elección de Raphael para el Sonorama Ribera XVII es un golpe de efecto brutal. Tanto, que hace unas horas La Loca me comentaba que el festival había salido en las noticias. Y no para cuantificar la cantidad de estupefacientes aprehendidos a la salida del mismo. Sino para detallar el bombazo.

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Soy un asiduo del Sonorama desde hace unos cuantos años. Desde que @Nuri_House y yo éramos muy jóvenes y nos adentrábamos inocentemente en la jungla. Y lo cierto es que aún no sé cómo enjuiciar el caso. Teniendo en cuenta su filosofía, la de llevar a grupos consagrados junto a otros que están en la efeverscencia, normalmente nacionales, no me sorprende, aunque debo decir que la elección es cuanto menos curiosa y chocante. Sobre todo en estos tiempos de underground y bandcamp. Ya no en los asuntos de la mercadotecnia, sino, aunque ahora la propia organización del festival, imagino que por cuestiones financieras, se desmarque de ella, por su filosofía.

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Pero tampoco os engañéis. La Plaza del Trigo no la han llenado Diecisiete o Supertrópica, aunque que ya podrían con su ritmo canario y dulzón. Sino grupos a medio camino de o ya casi consagrados en el mainstream como Vetusta Morla, Russian Red o Izal.

Es cierto que hoy es una realidad más que evidente el poder ver al cantamañanas de Dani Martín subido al escenario principal, que asistir a un concierto de Lucas 15 junto a unos cuantos abuletes y a la chavalería de Aranda de Duero, como ocurriera antaño en su jornada de puertas abiertas. Pero, a lo largo de estos años, uno de sus fundamentos, la imbricación del festival y sus amigos con las gentes del pueblo no ha cambiado. Y eso es algo que los identifica.

Hace ya unas cuantas semanas que La Loca y yo, como cada año, pillamos las entradas.

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Acudiremos, como en las últimas visitas a Aranda de Duero, al Hotel Torremilanos (ya no estamos en edad de acampar), emblemática posada por la que discurren algunos de los grupos que concurren a la cita. Desde los magníficos Belles & Sebastian, con los que Blutowski y el que suscribe pudimos compartir una amigable charla sobre música y otras cosas puberscentes alrededor de unas cuantas copas de buen vino, hasta el estúpido de Loquillo.

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El problema, al fin y al cabo, no es que Raphael acuda, si es que le da tiempo, al Sonorama, sino que el negocio llega tarde, como siempre, a una tendencia para convertirla en un producto ajustado a la ley de la oferta y la demanda. Quitando del centro de interés a lo que importa, los afectos, experiencias y vivenvias que propicia la música. Véase esa gran bola de mierda que es el Arenal Sound.

Ninguno de mis conocidos del curro sabe aún quiénes son los Love of Lesbian. Sólo alguno recuerda que hicieron un anuncio molón (¿?) el verano pasado y los más aseguran que ir a un festival es el desmadre padre. Y somos casi trescientas personas. Lo que sí que saben a día hoy es que Raphael estará en Aranda de Duero, en una de esas cosas raras que sólo te gustan a ti. Así que, no cabe duda, que a los del Sonorama les ha funcionado la estrategia.

En Agosto, a mediados, como siempre, llevaré una rebequita porque hará fresquete y cumpliré el sueño adolescente de muchas de nuestras madres. Ver a Raphael en directo.

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