El Lobo de Wall Street

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A juzgar por el desarrollo de El Lobo de Wall Street, Jordan Belfort, nacido en el Bronx de Nueva York en el seno de una familia humilde, mató unas cuantas de sus propias neuronas durante la etapa que detalla la última obra de Martin Scorsese, con el guión de Terence Winter basado en The Wolf of Wall Street, libro de anécdotas y memorias del propio Jordan Belfort.

El Lobo de Wall Street relata en imágenes la peculiar escalada a la cima social de un avispado broker, surgido de la clase media-baja, ambicioso, ególatra, adicto a cualquier tipo de estupefaciente y al sexo, y su posterior descenso a los infiernos.

Aunque, visto lo visto, el prota sólo pasó del cielo a un generoso y achuchable limbo.

Belfort se hizo millonario, entre otros fraudes fiscales, a través de transacciones financieras de dudosas acciones de a centavo. Es decir, vendiendo a la clase media-baja de USA participaciones en empresas pequeñas y cutres sin un atisbo real de prosperar. Es decir, vendiendo el sueño americano. Vendiendo el sueño del bienestar y la riqueza (la riqueza rápida) a los más desfavorecidos, los desesperados.

El Lobo de Wall Street comienza con un Matthew McConuaghy en estado de gracia en a penas tres minutos de metraje (sería un fenomenal Judi Dench si estuviera nominado a los Oscar). Hace unos 21061129_20131126165415131_jpg-r_640_600-b_1_D6D6D6-f_jpg-q_x-xxyxxmeses, el genuino legatario de Marlon Brandon, se subió a la cresta de la ola con Mud, resucitando en una peli pequeña y repleta de pachuli que contaba el proceso de cambio de la pubertad a la adolescencia de Ellis y Neckbone, algo así como El Camino, dos chicos humildes del profundo Mississippi, y afeada finalmente por una historia de amor a mi parecer ridícula. McConuaghy interpreta en El Lobo de Wall Street a Mark Hanna, mentor del joven Jordan Belfort y miniyo del Belfort futuro, en un papel fundamental, repleto de ironía y carisma, que nos rebela cómo será el avance de la trama.

el-lobo-de-wall-street-censura-1La peli luego se desarrolla ágil, veloz, trepidante, sarcástica, en una orgía de despotismo y crueldad, pero a la vez en unas circunstancias (quítale el dinero) tan cercanas que incluso dan miedo, entre masturbaciones públicas propias de los videos amateur-college-university, cocaina, quaaluds, alcohol, prostitutas, enanos-dardos, cualquier exceso en el que invertir un puñado de innecesarios dólares, el desprecio por las instituciones o sobornos al FBI. Los deseos más púberes.

¿Es que no habéis estado pedo y encocados hasta las cejas y, más allá de querer ir a Coslada a empalmar la fiesta, os habéis creído partícipes de lo que se mueve, los dueños de todo esto? Pues así es, o era, eso no lo sabemos, el hoy conferenciante y maestro del saber-vender Jordan Belfort.

Scorsese tiene la habilidad de retratar a un personaje despreciable, en actitudes en las que denigra al prójimo o directamente en situaciones deprimentes, y que ese individuo, en el que el-lobo-de-wall-street-ARTreluce lo peor de cada uno de nosotros mismos, nos resulte atractivo, orignal y distinto. Un tipo al que te gustaría parecerte o, al menos, compartir una noche de quaaluds, rayas, alcohol y putas.

Además, Scorsese presenta a Belfort como un cacique popular. Un Pablo Escobar que se sube al estrado y coge el micrófono para unir a la masa deprimida en una sola voz y convencerles que con él es posible la riqueza para todos. Cuestión que nos plantea otra cuestión. ¿Es mejor El inútil de Mariano que enriquece al stablishment y acólitos, mientras hunde al resto de la sociedad? ¿O lo es el populista jefe de la tribu que beneficia a los suyos, en general la gente marginada?

Y es que El Lobo de Wall Street nos propone, más allá de la belleza visual y estilísitca (es inconfundible que es una peli de Scorsese), una idea sobre la que reflexionar. ¿Con todo el poder (dinero), qué seríamos capaces de hacer? ¿Hasta dónde llegaríamos? ¿Sacaríamos lo peor de nosotros mismos? ¿Seríamos las mismas personas que somos hoy?

El Lobo de Wall Street encumbra a Leonardo Di Caprio en el papel del propio Jordan Belfort y confirma a Jonah Hill (su masturbación es para enmarcar), ese genial Seth de Supersalidos, como un mastodonte de la interpretación haciendo de Donnie Azoff, el Sancho del Quijote Belfort.

Puedo de decir, para terminar, que es trepidante, sarcástica. Un reflejo del nostros más oscuro. Como un Resacón en Las Vegas a lo bestia, es decir, un Very Bad Things sin comedia, a pesar de ser comedia. O como un Casino sin muertos. O como El escándalo de Larry Flynt, del menospreciado Milos Forman, sin el amparo de la lucha por las libertades sociales en USA como parapeto.

Un 8,5 en mi califiación personal.

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4 comentarios sobre “El Lobo de Wall Street

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