Raphael al Sonorama Ribera 2014

©Estancousqui
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Hace años, no muchos, pero sí antes que algún lúcido dj entremetiese en sus sesiones etílicocristalinas Mi gran noche de Raphael para regusto del respetable, Pol Widuack y un servidor escribimos el guión de una ficticia película titulado Mi gran noche. El guión era muy estúpido. Una comedieta en plan roadmovie sobre un grupo de amigos que están hasta la polla de vivir en España y deciden hacerse pescadores en Malta. Y es que hace años, ser pescador en Malta era el mejor trabajo para un europeo. Supongo que no lo recordarán. Bueno. La película se abría, en nuestra imaginación, y en el papel escrito, pueden consultarlo porque está registrado, ya ven, pecadillos de juventud, con una monumental pelea en una discoteca. De fondo, retumbaba Mi gran noche.

Mi gran noche se convertía así en un emblema cargado de ironía que retrataba melancólica y, paradójicamente, la vida de los protagonistas. Un mudo, un memo, un pijo, un borregoservil y una typical usamericana de viaje costumbrista y de descubrimiento postadolescente por Europa.

Una boutade. Tópica. Típica. Pueril.

Mi madre, que nació allá por el año 1954, llevaba en su monedero adolescente una foto de Raphael. Y es que en los 70’ Raphael era el Justin Bieber español de las lacustres y esbeltas jovencitas patrias. En los últimos años, mi madre, Marisol, otro tópicazo más, como la risueña niña de la Tómbola o el posterior mito sexual, cambiaba de canal cada vez que Raphael salía en aquel que sintonizaba en la televisión. Sí, le da asco. Aunque aún no ha sido capaz de quemar los discos de 33 rpm que aún conserva de él.

La elección de Raphael para el Sonorama Ribera XVII es un golpe de efecto brutal. Tanto, que hace unas horas La Loca me comentaba que el festival había salido en las noticias. Y no para cuantificar la cantidad de estupefacientes aprehendidos a la salida del mismo. Sino para detallar el bombazo.

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Soy un asiduo del Sonorama desde hace unos cuantos años. Desde que @Nuri_House y yo éramos muy jóvenes y nos adentrábamos inocentemente en la jungla. Y lo cierto es que aún no sé cómo enjuiciar el caso. Teniendo en cuenta su filosofía, la de llevar a grupos consagrados junto a otros que están en la efeverscencia, normalmente nacionales, no me sorprende, aunque debo decir que la elección es cuanto menos curiosa y chocante. Sobre todo en estos tiempos de underground y bandcamp. Ya no en los asuntos de la mercadotecnia, sino, aunque ahora la propia organización del festival, imagino que por cuestiones financieras, se desmarque de ella, por su filosofía.

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Pero tampoco os engañéis. La Plaza del Trigo no la han llenado Diecisiete o Supertrópica, aunque que ya podrían con su ritmo canario y dulzón. Sino grupos a medio camino de o ya casi consagrados en el mainstream como Vetusta Morla, Russian Red o Izal.

Es cierto que hoy es una realidad más que evidente el poder ver al cantamañanas de Dani Martín subido al escenario principal, que asistir a un concierto de Lucas 15 junto a unos cuantos abuletes y a la chavalería de Aranda de Duero, como ocurriera antaño en su jornada de puertas abiertas. Pero, a lo largo de estos años, uno de sus fundamentos, la imbricación del festival y sus amigos con las gentes del pueblo no ha cambiado. Y eso es algo que los identifica.

Hace ya unas cuantas semanas que La Loca y yo, como cada año, pillamos las entradas.

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Acudiremos, como en las últimas visitas a Aranda de Duero, al Hotel Torremilanos (ya no estamos en edad de acampar), emblemática posada por la que discurren algunos de los grupos que concurren a la cita. Desde los magníficos Belles & Sebastian, con los que Blutowski y el que suscribe pudimos compartir una amigable charla sobre música y otras cosas puberscentes alrededor de unas cuantas copas de buen vino, hasta el estúpido de Loquillo.

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El problema, al fin y al cabo, no es que Raphael acuda, si es que le da tiempo, al Sonorama, sino que el negocio llega tarde, como siempre, a una tendencia para convertirla en un producto ajustado a la ley de la oferta y la demanda. Quitando del centro de interés a lo que importa, los afectos, experiencias y vivenvias que propicia la música. Véase esa gran bola de mierda que es el Arenal Sound.

Ninguno de mis conocidos del curro sabe aún quiénes son los Love of Lesbian. Sólo alguno recuerda que hicieron un anuncio molón (¿?) el verano pasado y los más aseguran que ir a un festival es el desmadre padre. Y somos casi trescientas personas. Lo que sí que saben a día hoy es que Raphael estará en Aranda de Duero, en una de esas cosas raras que sólo te gustan a ti. Así que, no cabe duda, que a los del Sonorama les ha funcionado la estrategia.

En Agosto, a mediados, como siempre, llevaré una rebequita porque hará fresquete y cumpliré el sueño adolescente de muchas de nuestras madres. Ver a Raphael en directo.

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Lo mejorcito del período preclásico de Raúl Peligro 2005-2012

Sobre mazas y poligoneras

  Tenía el día libre y estaba por casa esperando la hora del examen de Textos Literarios del Siglo de Oro. Y es que algunos aún tenemos el dudoso gusto de seguir estudiando a los casi 32 palos. Mientras, dejaba correr el tiempo recordando la infancia en casa de mi abuela. En Chueca, residencia de obreros, donde los niños no podíamos salir solos a la calle. El barrio estaba atestado de mangantes, yonkis y prostitutas. De los retales de unos pasados 80’. Así que lo menos que podía suceder cualquier noche, después de una riña a la puerta del bar, era que alguien quemase un coche. Al lado de la casa de mi abuela, cruzando Hortaleza y después Fuencarral, estaba el hoy emblemático y bendecido por la modernidad Mercado de Fuencarral. Antiguamente, un vulgar mercadillo de ropa de segunda mano donde los desgraciados se vestían.

  Entonces fui consciente. Es muy difícil parar a alguien que tiene algo que contar de verdad. Porque se puede utilizar la música para decir te quiero. Para describir la ingravidez. O, a través de ella, se pueden decir cosas de forma sencilla, con un lenguaje cercano, y a la vez convertir a la palabra en un medio de comunicación transgresivo.

  Y así me topé con la mierda de Raúl Peligro. Y con el magisterio de lo cotidiano y lo underground que contiene Lo mejorcito del período preclásico de Raúl Peligro 2005-2012, en la onda del primigenio Joe Crepúsculo, pero sin su ostentosa aparatosidad y rimbombancia.

  Y es que la mierda de Raúl Peligro es una crítica social tan irónicamente gorda contra el puro negocio neocon y el despótico maniqueísmo del individuo en el que nos hemos sumergido la contemporaneidad, que ni los propios mentados se darán cuenta de ella.

  Con su facilidad para el ripio, hablamos de rap y techno, y su melancolía, Raúl Peligro sabe contar el desperdicio, en sus palabras y expresiones, las del propio desperdicio, haciéndonos creer que la siguiente frase que va a salir de su labios es innecesaria, pero que rima. Pero que no. Porque ahí dentro hay algo más que una asonancia gratuita: ‘tengo 30 pares de zapatillas, las que más me pongo están debajo de mi silla’ de Treinta pares, o ese genial ‘empiezo fuerte para que me odiéis, me aburrió mucho Ciudadano Kane’ de El taxista artista.

  Raúl Peligro, maestro del collage y de la palabra, deja lo mejor para el final. Las tres últimas canciones son la máxima expresión de este ecléctico conglomerado. Y comienza con La turista japonesa, descripción en tercera persona del absurdo. El taxista artista, crítica del servilismo y el adocenamiento obsceno. Y termina con Convencer, melódicamente inspirada y directa.

  Un único pero. No poder leer esas magníficas letras en su bandcamp.

Somos Puzzles y Dragones

Tradición Pop

  Tengo en mi haber DK08. Este primer EP en 7” de Puzzles y Dragones.

  Lo que realmente sostengo entre mis manos es probablemente uno de los mejores discos de 2013. Y no se trata de un LP al uso, sino de un EP en 7” que primero fue una edición digital en bandcamp.

  Somos Puzzles y Dragones, grabado en los estudios Azul Alcachofa y en los estudios DGR Sónica a lo largo de 2013 y producido por Raúl Querido, recupera el pop sencillo, bello, triste y honesto, en un grado de sinceridad por encima al de sus coetáneos.

  Cuatro canciones, apenas quince minutos, de letras fáciles de asimilar y deglutir, por tanto de empatizar, y melodías pop suntuosas.

  Un sopapo amargo de insolencia púber que me recuerda a la fragilidad e inocencia de aquellos primeros Tos, cuando aún Enrique sólo era el bajista de un embrión elevado a la cima por el carisma de su malogrado batería y cantante José Enrique Cano, Canito; de la misma manera que nos recuperan la frescura de aquellos primeros The Smiths o los The Cure de los 80’.

  Puzzles y Dragones son herederos de la mejor tradición pop.

  La edición digital de bandcamp incluye Documentos TV.

El Lobo de Wall Street

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Grupo salvaje

  A juzgar por el desarrollo de El Lobo de Wall Street, Jordan Belfort, nacido en el Bronx de Nueva York en el seno de una familia humilde, mató unas cuantas de sus propias neuronas durante la etapa que detalla la última obra de Martin Scorsese, con el guión de Terence Winter basado en The Wolf of Wall Street, libro de anécdotas y memorias del propio Jordan Belfort.

  El Lobo de Wall Street relata en imágenes la peculiar escalada a la cima social de un avispado broker, surgido de la clase media-baja, ambicioso, ególatra, adicto a cualquier tipo de estupefaciente y al sexo, y su posterior descenso a los infiernos.

  Aunque, visto lo visto, el prota sólo pasó del cielo a un generoso y achuchable limbo.

  Belfort se hizo millonario, entre otros fraudes fiscales, a través de transacciones financieras de dudosas acciones de a centavo. Es decir, vendiendo a la clase media-baja de USA participaciones en empresas pequeñas y cutres sin un atisbo real de prosperar. Es decir, vendiendo el sueño americano. Vendiendo el sueño del bienestar y la riqueza (la riqueza rápida) a los más desfavorecidos, los desesperados.

  El Lobo de Wall Street comienza con un Matthew McConuaghy en estado de gracia en a penas tres minutos de metraje (sería un fenomenal Judi Dench si estuviera nominado a los Oscar). Hace unos 21061129_20131126165415131_jpg-r_640_600-b_1_D6D6D6-f_jpg-q_x-xxyxxmeses, el genuino legatario de Marlon Brandon, se subió a la cresta de la ola con Mud, resucitando en una peli pequeña y repleta de pachuli que contaba el proceso de cambio de la pubertad a la adolescencia de Ellis y Neckbone, algo así como El Camino, dos chicos humildes del profundo Mississippi, y afeada finalmente por una historia de amor a mi parecer ridícula. McConuaghy interpreta en El Lobo de Wall Street a Mark Hanna, mentor del joven Jordan Belfort y miniyo del Belfort futuro, en un papel fundamental, repleto de ironía y carisma, que nos rebela cómo será el avance de la trama.

el-lobo-de-wall-street-censura-1La peli luego se desarrolla ágil, veloz, trepidante, sarcástica, en una orgía de despotismo y crueldad, pero a la vez en unas circunstancias (quítale el dinero) tan cercanas que incluso dan miedo, entre masturbaciones públicas propias de los videos amateur-college-university, cocaina, quaaluds, alcohol, prostitutas, enanos-dardos, cualquier exceso en el que invertir un puñado de innecesarios dólares, el desprecio por las instituciones o sobornos al FBI. Los deseos más púberes.

  ¿Es que no habéis estado pedo y encocados hasta las cejas y, más allá de querer ir a Coslada a empalmar la fiesta, os habéis creído partícipes de lo que se mueve, los dueños de todo esto? Pues así es, o era, eso no lo sabemos, el hoy conferenciante y maestro del saber-vender Jordan Belfort.

  Scorsese tiene la habilidad de retratar a un personaje despreciable, en actitudes en las que denigra al prójimo o directamente en situaciones deprimentes, y que ese individuo, en el que el-lobo-de-wall-street-ARTreluce lo peor de cada uno de nosotros mismos, nos resulte atractivo, orignal y distinto. Un tipo al que te gustaría parecerte o, al menos, compartir una noche de quaaluds, rayas, alcohol y putas.

Además, Scorsese presenta a Belfort como un cacique popular. Un Pablo Escobar que se sube al estrado y coge el micrófono para unir a la masa deprimida en una sola voz y convencerles que con él es posible la riqueza para todos. Cuestión que nos plantea otra cuestión. ¿Es mejor El inútil de Mariano que enriquece al stablishment y acólitos, mientras hunde al resto de la sociedad? ¿O lo es el populista jefe de la tribu que beneficia a los suyos, en general la gente marginada?

  Y es que El Lobo de Wall Street nos propone, más allá de la belleza visual y estilísitca (es inconfundible que es una peli de Scorsese), una idea sobre la que reflexionar. ¿Con todo el poder (dinero), qué seríamos capaces de hacer? ¿Hasta dónde llegaríamos? ¿Sacaríamos lo peor de nosotros mismos? ¿Seríamos las mismas personas que somos hoy?

  El Lobo de Wall Street encumbra a Leonardo Di Caprio en el papel del propio Jordan Belfort y confirma a Jonah Hill (su masturbación es para enmarcar), ese genial Seth de Supersalidos, como un mastodonte de la interpretación haciendo de Donnie Azoff, el Sancho del Quijote Belfort.

  Puedo de decir, para terminar, que es trepidante, sarcástica. Un reflejo del nostros más oscuro. Como un Resacón en Las Vegas a lo bestia, es decir, un Very Bad Things sin comedia, a pesar de ser comedia. O como un Casino sin muertos. O como El escándalo de Larry Flynt, del menospreciado Milos Forman, sin el amparo de la lucha por las libertades sociales en USA como parapeto.

 

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El Pardo

Compromiso estético*

  Recién llegado desde La Resistencia (Discos y Conciertos). Desprecinto El Pardo, primer disco de El Pardo, que reúne en cierto modo sus dos maquetas anteriores, El Progreso (Mayo 2013) y Avance (Septiembre 2013).

  Grabado en directo y producido por Ramón Moreira en los Estudios DGR Sónica, El Pardo nos presenta siete temas que podemos calificar punk con matices y que resulta algo más que un simple puñetazo como referí hace unos meses en la reseña de El Progreso.

  No es una cuestión nimia ni insignificante la que plantean y transmiten El Pardo en sus letras con un sonido contundente y genuino, incluso salvaje, verosímil que diría Aristóteles. Se trata muy al contrario de una meditación juiciosa y profunda a cerca de una realidad social, la que nos acontece, y en la que nos invitan a tomar partido, aunque sea desde el razonamiento.

  Una idea aflora del conjunto, una reflexión muy importante, además que todo es una puta mierda. Y esa reflexión se puede incluir en: ‘cada cuatro años os votamos’ de Las clases ociosas. Y deviene un axioma fundamental: ‘A votar ¿aprenderemos?’, que dicen en El inútil de Mariano. De esa manera, no sólo relatan una verdad social o emiten un juicio a cerca de ella, sino que implican al receptor interpelándole, haciéndole partícipe. Igual que Sartre nos interpelaba: ‘cuando tomas una decisión, la tomas también para toda la humanidad’.

  No muy alejados del filósofo francés ni de la primavera del 68 andan en ¡Son los 90!, donde además de romper con los esquemas propios del punk con nueve minutos y medio de ruido y distorsión, nos entregan ese nihilista* leit motiv que ya se ha convertido en universal: ‘yo no soy de izquierdas, tampoco de derechas, yo sólo soy indie, fan de Los Planetas’.

  Cierra el disco La charla final. Una larga reflexión en forma de spoken word donde El Pardo, en la perfecta dicción de Raúl Querido (y me refiero a perfecta de nuevo como diría Aristóteles, en el sentido de la verosimilitud) describe lo que somos desde lo que hemos sido, y vuelve a requerir la atención del oyente en el mensaje, inquiriéndole y cuestionándole, para finalizar con un meridiano: ‘¡La clase obrera quiere morir… por eso te hemos votado a ti!’.

  La mediocridad en la que nos hemos sumido, o en la que nos han hundido, es denigrante. Así que veces el individuo necesita más una voz que le avise y alarme, que un grupo de coristas o palmeros. Esa voz es la de El Pardo.

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*Para quien no lo sepa. Estética: 1 f. Teoría de las condiciones de la belleza.  Calología.  Idealismo, realismo.  El arte por el arte.  (Según el diccionario de María Moliner.) También se puede Consultar El Mito de la caverna de Platón en su Libro VII de La República.

**Para quien no lo sepa. Nihilismo: 1 m. Creencia según la cual la actual organización de la sociedad es tan mala que hay que destruirla totalmente. Anarquismo. 2 Doctrina filosófica que niega cualquier creencia. 3 Actitud de rechazo de un individuo hacia los valores políticos, morales y culturales de la sociedad en que vive. (Según el diccionario de María Moliner.)

Un punto una derrota

Recibía el Atlético de Madrid a un Sevilla en alza, séptimo en una competición mediocre, tercer rival colchonero después de aquellos broncos enfrentamientos coperos, en el Estadio Vicente Calderón durante la vigésima jornada del campeonato nacional de Liga. Y lo hacía a las nueve de la noche del Domingo 19 de Enero, una hora ideal en invierno para agarrarse una pulmonía y llegar pronto a casa para despertar temprano a la mañana siguiente, conociendo el resultado de su competidor, el F.C. Barcelona, que había cosechado un empate a uno fuera del Camp Nou frente al Levante.

Lo diré de otra manera. Intuyendo que esa noche quizá no podría hacer nada que no fuera igualar el resultado de su oponente en el campeonato.

Y así saltó al terreno de juego el Atlético de Madrid, prácticamente desmantelado en Enero según las informaciones, con la novedad en el once inicial de Raúl García que sustituyó en el mediocampo al Jefe Tiago.

A pesar de la baja de Tiago, el equipo comenzó como acostumbra, con tensión, seriedad y electricidad en unos veinte primeros minutos que metieron al Sevilla debajo de su portería hasta que Villa, en el 18, aprovechó la mala salida de Beto en un saque de esquina al segundo palo (algo de lo que abusó el Atlético durante el enfrentamiento) para marcar el 1-0.

A partir de ahí, sin una explicación lógica que aún a estas horas me revele un axioma indubitable, el equipo rojiblanco, prominente durante esa fase, se aculó y cedió terreno a un Sevilla bisoño y falto de ideas y carisma que, através de su soterrada guerra de guerrillas, habitual ya en ellos independientemente del entrenador o los jugadores de turno, se hizo con el control de la escena, que no de la pelota ni de la ocasiones. Una única oportunidad de gol para los sevillanos en la primera parte.

Y en el segundo envite, más de lo mismo. Al parecer el descanso no sirvió de mucho y el desarrollo infructuoso de mediocampismo impreciso fue al argumento de un guión preestablecido.

Sin el Jefe Tiago, el conjunto se resintió en inteligencia y dedicó sus esfuerzos en patadones altos hacia Diego Costa, impreciso en el control de la pelota y sin ayudas, como arma para contrarestar la guerra de guerrillas sevillana. Pero ese arma que tan buenos resultados ha dado hasta ahora, se ha convertido en intenciones previsibles que los rivales conocen y saben atajar.

En cualquier caso, con las incursiones al centro del campo de Arda Turan, que tuvo que retrasar la posición para intentar llevar la voz cantante de un centro del campo gris, el Atlético gozó de ocasiones, efímeras, en los pies de Diego Costa o Raúl García para poner el 2-0 en el marcador. Sin embargo, mediada la segunda parte, frente a un balón colgado en el área de Courtois llegó la pifia de Juanfran, tipo predestinado a meter la pata cuando el equipo al que defiende menos lo necesita. El lateral agarró de la camiseta a Bacca en un balón inocuo y el colegiado Hernández-Hernández decretó penalti. Sin excusa. Error que aprovechó Rakitic para empatar el resultado del tanteo, pese a que Courtois le adivinó la intención.

Entonces todo fue un quiero y no puedo rojiblanco. Un penalti a Raúl García. Un puñetazo del Portero de noche Fazio a Diego Costa. La justa y estúpida también expulsión de Alberto Moreno. Y los cambios tardíos e inanes de Cebolla por Villa y Sosa, que resultó inadvertido, por un deslucido Koke.

Si algo bueno tuvo el partido frente al Sevilla fue el reencuentro con Filipe Luis. Certero en defensa y llegando a la línea de cal contraria e incluso rematando a portería. El brasileño comienza a recordar a aquel extremo izquierda que jugaba de lateral en el Deportivo de La Coruña. Pero imagino que, como el resto de la plantilla, se marchará en Junio.

Un punto y de vuelta a casa por el Paseo de los Melancólicos con la sensación de haber empatado contra un equipo de juveniles.

Sonrisa amarga

No siempre lo previsible, luego se hace evidente. Esto es algo que suele convertirse en un axioma cuando dos equipos, en la máxima de sus competiciones, pelean entre ellos por ser el dominante. A buen seguro, la previa del partido que enfrentó el sábado a los primeros de la clase de la Liga española fue lo mejor de la tarde. A partir de las cinco, los aledaños del Estadio Vicente Calderón se vistieron de fiesta llenándose de amigos de la familia rojiblanca. Entre ellos, un aroma que embriagaba el ambiente. Y ese no era el del alcohol cerveceril o destilado de los combinados, sino el efluvio de la posibilidad única de preponderar en la disputa doméstica tras tantos años de sufrimiento y melancolía.

Pero quizá eso aún era demasiado premio para un club hasta ahora acostumbrado a la depresión.

El partido arrancó con sorpresa, sin Messi ni Neymar, y con un encorajinado arreón de la grada rojiblanca y una propuesta histérica y furiosa de los pupilos del Cholo Simeone que duró casi veinte minutos. El Atlético de Madrid, con el jefe Tiago y un magistral Arda Turan, se hizo dueño del balón y rápidamente lo hacía transitar desde el centro del campo hasta las inmediaciones de Valdés donde esperaba Diego Costa con menos fortuna de cara a portería que en otras ocasiones. Estos veinte primeros minutos fueron claves en el desarrollo del partido porque sentaron las bases de lo que iba a ser el argumento de la lid y metieron el miedo en el cuerpo a los jugadores del F.C. Barcelona, sobrepasados por el ambiente y el rival. Tan alcanzados los jugadores barcelonistas que tuvieron que recurrir a las artimañas ya habituales en ellos (la simulación de faltas o lesiones) y a la complicidad del árbitro Mateu Lahoz para recuperar el balón con el fin de practicar su juego, ese que aburre hasta a las ovejas donde el único que pone algo de brillantez es el sensacional Cesc Fábregas, y gozar de la primera oportunidad de gol bien pasada la media hora del encuentro en un remate de cabeza desviado de Pedro.

Ya en la segunda parte, con Messi en el campo por lesión de Iniesta, el Calderón propinó al equipo un nuevo arreón de rabia y delirio y llevó en volandas a unos jugadores motivados, activos y centrados que hasta el minuto setenta se hicieron con el protagonismo. Pero otra vez el Barcelona sacó a relucir su actitud ramplona e indecente, encabezada por el perro de presa Xavi Hernández, fuera de forma, detrás de Mateu Lahoz para protestarle o advertirle en cada roce o disputa de sus compañeros con un rival. Así que el Barcelona se hizo con la posesión para jugar en horizontal, sin verticalidad, convirtiendo en obsceno y soporífero, con estrellas a medio gas, el bello juego que Pep Guardiola instauró en el club. Aun así, el mejor jugador del mundo, Messi, tuvo un mano a mano generoso para hacer el 0-1 que Courtois, quizá el mejor portero de Europa a día de hoy, desbarató. Desde ese momento, el juego siguió muriendo en un Atlético muy junto en sus líneas, contundente en defensa y rápido en la transición defensa-ataque para tener alguna media ocasión, hasta que Tiago dejó su lugar al Cebolla Rodríguez, pero que no bastaron para cambiar el resultado inicial de 0-0.

Arda Turan y Tiago fueron los mejores del partido. Si el primero es la magia, el toque y el que da sentido al ataque desde el centro del campo del equipo colchonero; el segundo es la seguridad defensiva y la clarividencia para sacer el balón desde atrás con inteligencia y coherencia. Lo malo de esto es que el primero tiene muchas novias y el segundo 32 años y sin reemplazo en un banquillo falto de centrocampistas contundentes y creativos.

La conclusión más negativa es que Villa, el imperial delantero de la Selección española en la última década, ha confirmado que, a pesar de pelear, no tiene la capacidad futbolística para jugar en un equipo con las cotas que ahora se le suponen al Atleti.

Los atléticos emprendimos el camino de vuelta a casa por el Paseo de los Melancólicos con una sonrisa amarga. Recuperamos las buenas sensaciones y las virtudes del conjunto que en las últimas fechas frente a Levante, Valencia y Málaga pusimos en entredicho y que, al fin y al cabo, es lo que destaca en el bloque de Simeone, más allá de las casualidades individuales. Pudimos ver a Diego Costa desapercibido en el gol, pero realizando un profundo y riguroso trabajo para el equipo tanto en el ataque como en la contención y las ayudas defensivas. Pero el juego colectivo y solidario del Atlético de Madrid no fue suficiente para conseguir la victoria.

Quedamos colíderes al final de la primera vuelta. Así que seguimos siendo ganadores de nada.