Ante el elogio determinación

Hace algún tiempo que no enfilamos pesarosos el Paseo de los Melancólicos de regreso a casa. La tristeza y las caras largas han tornado en alegría, en algunos casos, y en la tranquilidad de los tres puntos pese al sufrimiento, en otros, desde la llegada al banquillo del Atlético de Madrid del Cholo Simeone.

Tanto es así que muchos medios de comunicación españoles dan al equipo colchonero la vitola de favorito en tantas competiciones como participa. No sólo eso. Además se fijan y relatan en la primera plana de sus secciones deportivas los métodos de entreno que meticulosamente prepara el cuerpo técnico para el plantel. Al parecer, los más ricos clubes del fútbol europeo se rifan a nuestros mejores jugadores en subastas ficticias e imponderables. E incluso en las últimas semanas alguno ha dejado el comentario para la posteridad, como el que aduce que si la votación que otorga el Balón de Oro al mejor jugador de fútbol del año se hubiese dilatado un poco más en el tiempo, Diego Costa habría llegado entre los primeros de la clase.

Así que los atléticos cerramos 2013 henchidos de euforia y también de ¿favoritismo?

No nos confundamos. No nos dejemos engañar por la maquinaria oportunista que los aquejados por el miedo de las expectativas rotas hasta el momento, no en vano han gastado fortunas y horas de sopor en las pantallas como cada año, han puesto en marcha. Esto es como las grandes superficies del consumo. Todos hablamos bien de las excelencias de las tiendas de barrio, pero todos compramos nuestros productos en el centro comercial de turno. El favorito para hacer un buen negocio siempre es el grande, no el pequeño.

Para ser sincero, diré que en las dos últimas victorias del Atlético no me ha gustado el equipo. O ciertos detalles del equipo. Frente a Valencia y Levante el grupo ha aquejado de ideas y rigor en el centro del campo dando rodeos en la medular y sin contundencia para finalizar las jugadas. A pesar del buen estado de forma y de las, ya claves, constantes incorporaciones de los laterales a las zonas de peligro del área rival, la defensa ha sembrado de dudas la férrea disciplina a la que nos estábamos acostumbrando. Además, he podido ver a un Diego Costa, nuestra flagrante e inesperada estrella, aparte de fuerte y goleador, sí, difuso, fallando situaciones o penaltis, cuestiones que me hacen plantear si su maravillosa progresión quizá sea flor de un día. Tanto la defensa del Valencia, en decadencia, como la del Levante atisbaron claramente que el brasileño es un jugador de potencia y velocidad, con poca técnica, tosco, casi obsceno en su deambular por el campo, y alcanzaron los balones por alto que antes solía bajar para las rápidas transiciones de la segunda línea de ataque rojiblanca o sus eléctricas incursiones en las diagonales, convirtiendo el juego del Atletico en algo previsible.

Los elementos y el conjunto están engrasados y la táctica del Cholo funciona para un grupo que hace casi dos años estaba desahuciado con y por el tibio Gregorio Manzano.

Somos aspirantes a todo. Pero podemos ser ganadores de nadas. Porque, además, en las lides en que esta temporada nos movemos hace décadas que no tenemos experiencia.

Ante el elogio, determinación.