La noche al revés’ es la adaptación de Fátima Sayyad de ‘La nuit a l’envers’, la obra de Xavier Durringer (París, 1967; director de pelis como ‘¡No me vengas con historias!’ o ‘De Nicolás a Sarkozy’) que se representa todos los Martes de Abril a las 20.00 en el Café Teatro Arenal.
Dirigida por Chema Coloma, que a interpreta a la vez a Javier. Y con la propia Fátima Sayyad como Lola. Ambos, Javier y Lola, serán los protagonistas y únicos personajes del libreto.
Siempre lo hemos comentado entre los spainerds. Que el día que concertemos los servicios de una prostituta seguro que lo haremos para hablar con ella. Imagino a Blutowski o mí mismo:
– Eh, señorita, no, esto (pausa, cabeza entre los hombros, mirada al suelo) yo sólo quiero hablar.
En realidad este es el argumento de ‘La noche al revés’
Lo primero que encontramos sobre el escenario es la austeridad del decorado. Mesa camilla, cama, silla y biombo. Acorde al contexto, cuyo argumento transcurre en la deprimente habitación de Lola, una prostituta de la Calle Montera.
Javier es un solitario. Podríamos decir un loco que sueña con vivir en su particular paraíso, sueño encerrado en la lámina que cubre el chocolate de su marca favorita. Y que, después de acordar con Lola el encuentro y subir a su habitación, su objetivo no es el del coito. Chema Coloma comienza aceptablemente en la construcción de Javier y nos engancha rápidamente a su personalidad segregada. Pero, posteriormente, Javier se hace plano en el tratamiento. Sucesivamente cae en la autocompasión. Se engaña a sí mismo. Y la empatía primera decae y el espectador se siente algo apabullado.
Fátima Sayyad va de menos a más. Gana terreno cuando deja de impostar las risas y los silencios, cuando trata con naturalidad y medida al personaje, sin el exceso. Quizá es lo que tiene fabricar el personaje de una prostituta, que normalmente lo más sencillo es tirar del amaneramiento. Porque Lola gana en soltura, espontaneidad y profundidad cuando se quita el maquillaje.
‘La noche al revés’ parece que trata de analizar una distopía. La de una sociedad más o menos actual (ruido, máquinas, soledad, marginalidad), pero se queda a medio camino entre la novela rosa y el culebrón veraniego de la temporada. Las zonas oscuras del relato carecen de la dramática suficiente. El avance del texto es irregular, dando demasiada importancia a la presentación de los personajes, quizá innecesaria a la realidad de la trama que posteriormente se desarrolla con facilidad. Hasta la mitad de la obra donde de nuevo decae el ritmo al adentrarse en el manido recurso del amor verdadero. Por tanto no consigue ser cómica en los tramos en que se trata de desdramatizar el asunto, ni ahondar en la desventura, ni ser eficaz en la miseria o la desdicha como para atrapar.
Al salir del Café Teatro Arenal, aún dudaba si Javier era un loco o solo un advenedizo. Pero reflexioné. Si alguien cree que Javier y Lola son unos locos, ¿son igual de locos que dos jóvenes que se encuentran una noche en una discoteca y se van a follar a casa de uno de ellos sin conocerse de nada?

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