Estancousqui

Mumford & Sons hoy en Vistalegre

El folk es, seguramente, mi género favorito. Sé que esto no se puede decir, porque lo que realmente nos gustan son las canciones, quizá los discos, independientemente del género. El folk es, por tanto, un género cuyas canciones despiertan en mi las sensaciones más agradables y diferentes, las más tristes, melancólicas y quizá hasta depravadas. Y ciertamente me sorprende la expectación que generan en torno a ellos grupos como Mumford & Sons.

Hoy actuarán por aquí. En el Palacio de Vistalagre. Y al parecer es uno de esos eventos que ‘uno-no-se-puede-perder‘. A mí me supuso la incertidumbre. Tal fue la indecisión que esta finalmente me llevó a quedarme sin entrada. Y es que se agotaron pronto. No en vano es uno de los grupos de moda entre los greñudos ‘camisasdecuadros‘ (el que suscribe también lo ha sido hasta hace cinco minutos) y las ‘indiepijas gafapastasdepega’. Como lo fueron Fleet Foxes hace dos años, cuando aterrizaron en La Riviera despertando entre la concurrencia cierto tufillo intelectualoide. No me transmitieron nada (crítica Fleet Foxes). Me dejaron frío.

Evidentemente, no entro en comparaciones porque no se trata de una cuestión técnica ni intelectual, sino epidérmica, por eso me interesan más grupos como Other Lives, Beirut, Siskiyou o Bright Moments. Así que me quedo con la frescura de ‘The sight‘, el primer disco de los británicos. Quizá esto sólo sea una cuestión de nadar a contracorriente, como hace el salmón, que diría aquel. O porque hace ya tiempo que me dejan indiferente los truquitos para lo épico (los que se notan, me refiero).

Os dejamos con su nuevo video, ‘Whispers in the dark‘ de su disco ‘Babel‘. Disfrutad del concierto.

Estancousqui

IZAL en Joy Eslava

El plan surgió en el último momento. Yo ya los había visto hacía unos meses en la Sala El Sol, en Madrid. Pero La Loca no. Así que, con el regusto del buen sabor de boca que me dejaron, la ilusión de que La Loca los conociese en vivo y con la euforia desatada por algunas cerves de más, el jueves a las tres de la mañana me hice con dos de las últimas cuarenta y seis entradas que quedaban para agotar el aforo.
‘Loca’ – le escribí por whatsapp a las tres y media de la mañana – ‘superindie, camiseta y converse’.
Evidentemente, ella no lo leyó hasta la mañana siguiente.
Y es que IZAL volvieron a Madrid y La Loca y yo nos fuimos para allá, claro, yo con mi camiseta (‘todos a la mierda sobre todo tú’), La Loca superindie. Y lo hicieron por la puerta grande. En una Joy Eslava hasta la bandera. Y es que, además, lo hicieron despertando una gran expectación en los días previos al evento, porque en el último año, desde que publicasen su primer disco ‘Magia y efectos especiales‘, han conseguido una repercusión importante tanto en salas, público o redes sociales, lo que le ha llevado a figurar en revistas como Rolling Stone, de ámbito más popular, sí, pero que constata un hecho: que estos chicos son especiales y merecen atención.
A diferencia de su concierto en la Sala El Sol (Madrid, 08 de Octubre de 2012), donde los temas más vitoreados compusieron la primera parte del recital, causando gran impresión entre los allí congregados, esta vez fueron desgranando paulatinamente ‘Magia y efectos especiales‘, dejando para el final sus mejores armas.
Intro a los timbales para dar paso a ‘Prueba y error’, primera y coreada canción, para seguir, y seguir sorprendiendo, con ‘Jenna Fisher’, uno de los tema que compondrá su segundo disco. Ya adelantaban la semana pasada en su página de facebook (https://www.facebook.com/izalmusica o https://www.facebook.com/izalmusic) que tenían a buen recaudo catorce o quince temas para su nuevo largo.
Luego, ‘Conclusión en do para ukelele’, ‘Extraño regalo‘, ‘Tóxica’ (segundo adelanto de su nuevo disco), ‘Qué bien’… Y el público en el bolsillo. Tanto como para que Mikel Izal, voz personalísima y clarividente, se emocionase y diese las gracias hasta la extenuación.
Y como manda la tradición, retiro espiritual de unos segundos y vuelta para los bises. Bises que pusieron on fire al respetable. ‘A nuestros rincones’, ‘Magia y efectos especiales’ (tremenda), para terminar en todo lo alto con ‘La mujer verde’.
A pesar de los 39 grados de fiebre del día anterior con los que intentó justificarse Mikel, IZAL fueron vibrantes, épicos. Muy aplaudidos. Muy queridos. Empapando el ambiente de buena onda, de magníficas canciones y de la profesionalidad de unos tipos que llevan más de media vida dedicados a esto.

Estancousqui

Las Orillas

Abre el disco una canción tremenda. Una instantánea en la que muchos de nosotros podemos sentirnos fotografiados. Y es que ‘La Palma’, más que una canción sencilla que adelanta la atmósfera plúmbea que crea McEnroe en ‘Las Orillas’, es un perfecto plano secuencia que nos sumerge en el interior del corazón de Malasaña a esas horas en que los individuos de dudosa procedencia, da igual quienes quisiéramos ser, tambaleándonos y con los rostros borrados, desintegramos nuestras vidas en un beso.

Un canto generacional.

Para ello hacen faltan grandes dosis de alcohol. Sin duda. Y con esto no me refiero a la furtiva borrachera postadolescente. Pero además requiere esa madurez o ese callo que conlleva supeditar tu vida a la experiencia. Y lo mejor es que aquí, los de Getxo hacen su experiencia Universal.

Las Orillas no es un disco fácil. No es cálido. No contiene melodías épicas ni crescendos folkposturities. No flirtean. Van directos a los tumultos emocionales (Vistahermosa, Arquitecto) y los transmiten de forma clara, casi explícita (Agosto del 94) en una atmósfera opresiva (sónica, vocal, lírica). La opresión, sí, la amorosa, que siempre nos lleva a la derrota. Y, a la vez, a saborear el dolor de esa derrota. Sin olvidar la metáfora, la poética (La cara Noroeste, Astillero, Mundaka).

Las Orillas es un tipo que sujeta el último cigarrillo de la noche entre los dedos. Que mira al infinito después de toda una madrugada. En una mañana de resaca. Con una voz temblona que a veces parece que no termina las palabras. En una habitación de azul oscuro y humo pesado, sin más luz que la de un pequeño ventanuco por donde apenas se intuyen los saturados efluvios de la Luna y los grises estertores del alba.

La paleta básica del atormentado pintor de melancolías.

Sí, de nuevo oscuridad. Y de nuevo poesía.

Cerrado por un desolador Bonus Track.
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